Falacia de la pista falsa


red_herringSupongamos que debatir es como ir de una ciudad a otra. Tenemos, pues, un punto de partida y un punto de llegada. Lo que importa no es si nos vamos por tierra, agua o aire, sino que nuestro desplazamiento geográfico debe tener marcada una ruta a seguir, la cual es precisamente la más corta hacia nuestro destino. Si tomamos otra o nos topamos con un desvío, podríamos tardar más; si tomamos la vía equivocada, podríamos perdernos o arribar en otra urbe. Todo depende de si nos guiamos por el Norte de la brújula… o lo perdemos.

Perder el Norte significa perder la orientación del debate. Si un intercambio de ideas no mantiene el hilo de argumentación ateniéndose al tema tratado, entonces es un desperdicio de tiempo, un diálogo inútil y un esfuerzo infecundo en proveer razonamientos que no van a ninguna parte. Además, es un indicio claro de que allí hay una pista falsa.

No obstante, ¿qué es una pista falsa? Extendiendo los conceptos dados por The Nizkor Project, Fallacy Files, Logical & Critical Thinking y Ricardo García Damborenea, la pista falsa es una falacia en la cual se utiliza una pieza diversiva de información lo suficientemente llamativa como para desviar el tema principal de la conversación y moverlo en otra dirección, encubriéndose así una flaqueza argumentativa que nunca es admitida, sino evadida. Este camelo suele crearse mediante la incorporación de un cliché retórico y a través del ensamblaje con otra falacia; para explicar cómo sucede esto se usan aquí ejemplos ficticios basados en experiencias reales.

a.- Incorporación de un cliché retórico: se emplean enunciados cotidianos que en realidad son datos y/o argumentos engañosos. Un modo de lograr esto es presentando una opinión que exige ser aceptada o respetada, pese a que el tema central impide licencias ideológicas que lo interpretan con libertinaje.

Puede que Marx esté equivocado en sus disertaciones sobre la lucha de clases, pero para mí el socialismo no va de eso; a mi juicio, el socialismo no tiene que tener un precepto filosófico tan complejo como ese. Eso es lo que yo creo.

Como pudimos ver aquí, esta persona no supo lidiar con la refutación y decidió partir de ella para hablar sobre su propio punto de vista en detrimento de lo que de verdad se está discutiendo: la “lucha de clases” de Marx. De hecho, lo que intenta es redirigir el debate distanciándolo de sus términos clave; de allí su reconocimiento parcial del error marxista y su interés en que los interlocutores conozcan y hablen de su opinión al respecto.

Pero eso no es todo. Si hay otro modo de usar una pista falsa partiendo de clichés, es con ardides “eruditos” que remiten a ideas del posmodernismo, del utopismo, del relativismo o del “conocimiento alternativo” para intentar la demostración de argumentos que pueden ser correctos en base a conceptos irrelevantes.

Entiendo que hasta el momento no se han hallado evidencias satisfactorias del chupacabras. Pero recuerda que no hay una verdad absoluta; ésta se construye de acuerdo a quien la percibe. Recuerda también que actualmente se venera a un Copérnico otrora ridiculizado. Recuerda que la “ciencia oficial” termina afirmando cosas que consideraba falsas; que lo “oficial” no es sinónimo de certeza. Sé que si el chupacabras no es identificado como un cripto-animal hoy, entonces podría serlo mañana. ¡Los biólogos más escépticos serían el hazmerreír del mundo entero!

Piltrafas como esta son bastante ridículas. Como en el caso anterior, esta persona tampoco pudo encarar los argumentos en su contra, por lo cual su bote salvavidas es un armatoste de especulaciones y parangones absurdos para pretender que el chupacabras puede estar vivo. Por eso redirige el debate a unas vaguedades epistemológicas totalmente desvinculadas del “cripto-animal”; porque sabe de antemano que no tiene ni tendrá jamás pruebas de su existencia.

Un modo adicional de emplear un cliché como pista falsa es trayendo a colación un chivo expiatorio o una circunstancia similar comparables al tema discutido; algo que se pueda culpar, vituperar o criticar con facilidad, una oveja negra sumamente impopular. Muy habitual en política o en religión, donde se esquivan las responsabilidades.

Mengano: el crimen es un problema serio en Venezuela. En Caracas pululan los ladrones motorizados, en las zonas rurales los secuestradores, los guerrilleros amedrentan a los productores agropecuarios, los tupamaros son un azote en Mérida, los garimpeiros hacen de las suyas en Guayana y para colmo, la corrupción galopante se roba el dinero de nuestros impuestos. ¡Sólo faltan los piratas en nuestras costas amenazando a los pescadores! Las medidas implementadas por el gobierno no funcionaron, y hace falta discurrir en nuevos planes, aparte de que tiene que haber más mano dura y menos impunidad.

Fulano: sé muy bien sobre lo grave que es todo esto. Sin embargo, en los Estados Unidos es peor; jóvenes matones en las universidades, terroristas infiltrados, soldados crápulas, policías abusadores, asesinos en serie, racistas del KKK, bancos estafadores, xenofobia, capitalismo salvaje y un execrable imperialismo. ¿Puede haber más barbarie en un país que se jacta de proteger los derechos humanos?

Lo que hizo Fulano fue esto: maximizar a fondo los problemas de su oveja negra, los Estados Unidos, para minimizar los de Venezuela, sin mencionar ni por asomo el planteamiento final de Mengano ni considerar la necesidad de encontrar soluciones. Fulano, al carecer de argumentos, pasa por alto una situación que admite a regañadientes.

b.- Ensamblaje con otra falacia: la pista falsa puede juntarse con otras falacias que puedan servirle de soporte. Si Perengano quiere, digamos, “torcer” la posición de Zutano, para esto es idóneo el muñeco de paja.

Zutano: el país está en un momento crítico, con una democracia débil y una sociedad dividida. La administración gubernamental es pésima y la economía en declive. Todo indica que sólo una solución radical, contundente, revolucionaria y firme nos sacaría de nuestros apuros, empezando con revocar bajo presión a las autoridades, entre ellas la presidencial.

Perengano: en este país corrió mucha sangre porque se masacró mucha gente a causa de las represiones dictatoriales. Mira no más como en el siglo pasado, hace setenta años, un grupo de disidentes fue acribillado, mientras que otro fue encarcelado y torturado. Sus líderes fueron al exilio; el movimiento rebelde se disolvió. Estás proponiendo para nuestra época una revolución que no sería sino un régimen de terror vestido de insurrección popular.

En ningún momento Zutano se refirió a una solución violenta de la crisis de la nación, y sin embargo Perengano sugirió discretamente que él era un petit Robespierre tergiversando sus propuestas al hablar de un evento que nadie está discutiendo: una insurrección fallida en el pasado. La asociación de Perengano entre su pista falsa y la opinión deformada de Zutano es indudablemente tosca, pero aun así cumple su cometido: descarriar el debate obligando a Zutano a desmentir tales acusaciones infundadas.

Intercambiemos los roles. Zutano quiere evocar las emociones, por lo cual le bastará un sofisma patético.

Perengano: según leí en Scientific American, no se proscribirá la experimentación con animales porque los nuevos métodos para efectuar exámenes químicos no han superado satisfactoriamente los escrutinios requeridos. En suma, los escritos sobre sus supuestas investigaciones realizadas no han pasado siquiera la revisión por pares. Hay estudios fraudulentos.

Zutano: ¡esos científicos son unos desalmados “especistas”, unos sicópatas insensibles sin alma ni corazón! ¿No entienden acaso que la madre naturaleza les dio la vida a esos animales para que vivieran en paz y libertad? ¿No comprenden que estos hermosos seres tienen sentimientos como los de un bebé; sentimientos de dolor y angustia por estar prisioneros en la cárcel de la ciencia?

Ni una palabra de Zutano vierte una sola refutación sostenida por la evidencia. Su retahíla sentimentalista no aborda ni una pizca del artículo de Scientific American leído por Perengano; es sólo una falaz objeción atolondrada que busca entrar en una exhortación ética, esquivando el debate desde la perspectiva científica. Si Perengano baja la guardia, discutirá con Zutano sobre si los animales son o no son “agentes morales”.

La falacia ad hominem también puede ser la muleta dialéctica de una pista falsa. Imaginemos esta charla:

Fulano: la modernización de la etnia yanomami ha contado con la financiación de una compañía transnacional española fabricante de viviendas. Hasta la fecha, más de cuatrocientas familias reemplazaron el shabono por unas casas de lujo. Sus nuevos hogares combinan la frescura rural con las comodidades urbanas. Cero insalubridad, cero plagas, cero cosechas perdidas, cero analfabetismo, cero aislamiento…

Mengano: …y cero preservación de las tradiciones indígenas. ¿Qué puede incumbirle eso a una compañía extranjera? Nada. Sólo pueden haber allí invasores neocolonialistas y genocidas culturales interesados en privatizar los recursos naturales de Guayana.

La contestación de Mengano no prestó mucha atención a los beneficios recibidos por la comunidad yanomami tras su modernización; mas bien los demonizó con un ataque burdo a una transnacional. Su pista falsa es el pobre pretexto de que una empresa foránea supuestamente se quiere adueñar de las riquezas guayanesas; si Fulano la contradice, cambiará de tema.

Por último, una pista falsa puede simular sapiencia con una minería de citas.

Fulano: está archidemostrado que el HAARP es un dispositivo maligno que inocula cáncer y efectúa manipulación mental en los medios de comunicación al servicio encubierto de los gringos y la Unión Europea. ¡Si no lo quieres creer, allá tú!

Mengano: ¿puedes darme alguna evidencia irrebatible de esa afirmación?

Fulano: no es cuestión de evidencias, sino de abrir los ojos. “No hay más que ignorancia, la cual no se parece al estado del ciego, porque el estado del ciego equivaldría a no tener absolutamente la facultad de concebir”, decía Aristóteles en el décimo capítulo del noveno libro de su Metafísica.

Si Mengano respondiera diciendo que la ceguera no equivale a la ignorancia, Fulano iniciaría inmediatamente un debate semántico que olvide completamente su incapacidad de probar que el HAARP es una especie de “superarma”.

Recapitulando las disertaciones precedentes, se puede decir que la pista falsa se asemeja al ignorantio elenchi en que elude la carga de la prueba. No obstante, hay una diferencia observable entre ambas falacias: la pista falsa usa una carnada dialéctica para escapar sutil y silenciosamente del debate, mientras que esto no es así en la del ignorantio elenchi. Además, toda pista falsa es un señuelo cuyo objetivo no es neutralizar el debate, sino desenfocarlo. Esta argucia requiere de una premisa de la cual se desprende un dato tan intrascendente como atractivo que si se persigue altera la vía de la discusión. Cabe destacar que la desviación del tema puede hacerse ad infinitum.

Así, los ejemplos explicados arriba nos ilustran cómo se empieza hablando de la equivocación de Marx en su “lucha de clases”, la existencia del chupacabras, la delincuencia en Venezuela, las soluciones radicales a la crisis de la nación “X”, las barreras científicas de los experimentos con animales, la modernización de los yanomami y la presunta “superarma” del HAARP, para luego hablar de la opinión particular de alguien sobre el verdadero socialismo, la epistemología, la delincuencia en los Estados Unidos, la mentalidad dizque asesina de Zutano, la dizque agencia moral de los animales, las miras “maquiavélicas” de una constructora española y la frase de Aristóteles.

De hecho, la pista falsa es a menudo acompañada por un cliché o por otra falacia, aunque esta regla no es necesariamente universal, pues pueden darse no pocas excepciones a este paradigma, si bien una pista falsa siempre descarrila el debate, sin importar si surge de forma accidental o intencional.

La pista falsa tiene una etimología curiosa. En 1599, el escritor Thomas Nashe escribió un panfleto humorístico donde nombró los prodigios caninos, médicos y culinarios del arenque rojo (red herring, en inglés).

[…] para atraer a los sabuesos a un olor, no hay nada mejor que la piel de un arenque rojo; el escamado, o la cubierta de éste, secada y pulverizada, es ipse ille contra el cálculo; y, de todo el cuerpo del mismo, las damas más refinadas más allá de los mares dan sabor a sus manjares. (Nashe, 1599, p. 40. La traducción es mía. Se ha adaptado la puntuación según Oldys y Malham, 1809, p. 331).

Siglos después de Nashe, el periodista William Cobbett hizo mención del arenque rojo el 14 de febrero de 1807. Sin embargo, no fue para señalar una estrategia de caza, sino para reprochar la credulidad de la prensa inglesa mediante una analogía. Posteriormente, a Cobbett se le descontextualizó el término, adoptando un nuevo significado que fue adoptado en el entorno anglófono y que todavía sigue en vigencia.

Cuando era joven, solíamos, a fin de ahuyentar las aves rapaces del rastro de una liebre que marcamos como de nuestra propiedad privada, ir a cazarla temprano en la mañana, y arrastrar un arenque rojo, atado a una cuerda, cuatro o cinco millas por setos y zanjas, a través de campos y matorrales, hasta que llegamos a un punto, en el cual estamos bien seguros de que los cazadores no retornarían a la mancha que hemos arrojado; y, aunque yo no sería, de ninguna manera, entendido, los editores y propietarios de la prensa de Londres son en comparación con los animales la mitad de sagaces y fieles que los sabuesos, no puedo ayudar a pensar, que, en el caso al cual nos referimos, ellos debieron haber sido embaucados, primeramente, por algún político embustero. (Cobbett, 1807, p. 232. La traducción es mía)

Ahora bien, un trío de consejos. Uno, que no vale la pena obsesionarse con las pistas falsas viéndolas por doquier, si bien las hay a diestra y siniestra. Dos, que es preciso ponerse las pilas para detectar con prontitud una pista falsa antes de que ésta haga estragos; el modo más sencillo de descubrirla en caso de sospechas es revisar el argumento y comprobar si está directamente relacionado con el tema discutido, aunque con frecuencia el camelo se delata solo si está enganchado a un cliché o a otra falacia. Y tres, que el modo más fácil de combatir la pista falsa es negándose a seguirla, pues dejarse seducir por este sofisma es hacer que el debate se meta en camisa de once varas.

Un debate honesto no debe tener motivos para salirse de su cauce sin justificación, por lo cual no debería tener pistas falsas. De usted depende si éste muerde el anzuelo o nada en el océano cristalino de la razón.

Bibliografía:

-Aristóteles. Metafísica (Edición electrónica publicada en línea. Patricio de Azcárate, trad.). Madrid, España. URL: [clic aquí]

-Cobbett, William (1807, 14 de febrero). Continental War. Cobbett’s Political Register, 11(7), pp. 231-234. URL: [clic aquí]

-Oldys, William y Malham, John (editores, 1809). The Harleian Miscellany: or, A Collection of Scarce, Curious, and Entertaining Pamphlets and Tracts, As Well in Manuscript as in Print, Found in the Late Earl of Oxford’s Library, Interspersed with Historical, Political, and Critical Notes, vol. II (reimpresión). Londres, Reino Unido. Impresión a petición de Robert Dutton. URL: [clic aquí]

-Nashe, Thomas (1599). Nashe’s Lenten Stuff (edición electrónica en formato PDF). Londres, Reino Unido. Impresión a petición de N.L. y C.B. URL: [clic aquí]

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2 comentarios en “Falacia de la pista falsa

    • Hola, Manuel, gracias por comentar. Muchas discusiones bizantinas surgen precisamente de estas pistas falsas. En la versión anterior de este blog, en Blogger, un amigo mencionó sobre cómo un magufo había saltado el tema de la conversación al menos tres veces seguidas con tan sólo usar la epistemología y la filosofía de la ciencia. Tremenda barbaridad.

      Saludos.

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