Del cristianismo no surgió la ciencia

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La excusa más trillada que suele utilizarse para hacer apología a las religiones, en particular al cristianismo, es aquella en la que se esgrime que esta fe impulsó la era de la razón; es decir, que el conocimiento científico nunca habría tenido lugar sin las contribuciones relacionadas a la “doctrina” de Jesucristo. Este argumento sería convincente de no ser porque en sí mismo oculta un descarado sofisma en el que se pretende que el pensamiento racional y el ilusorio no se hallan del todo separados, y que el segundo tiene un predominio sobre el primero. La realidad, empero, señala que el fideísmo, una vez más, está en un craso error en el cual no se tiene la menor idea de lo que es la epistemología y mucho menos de lo que es la ciencia.

Observemos un caso peculiar de estas argucias que fueron publicadas en las Cartas del Lector del semanario Quinto Día. El artículo tiene por autor a un tal Carlos Andrés Rojas, quien en apenas un párrafo de longitud resume su postura, la cual es a menudo la de ciertos cristianos sabiondos que creen comérsela sólo porque tienen a Cristo como amigo imaginario. A decir verdad, las tonterías que Rojas soltó en no más de quinientas palabras no se deben a que él es creyente, sino a que él emplea su filiación religiosa para demostrar hechos y puntos de vista de manera fraudulenta mediante ardides retóricos que voy a desmenuzar parte por parte. Dado que sus afirmaciones son varias, es preciso contestarlas y contrastarlas por separado, tanto con precisión como con suma contundencia.

“Tendemos a pensar que creer en Dios es una religión y que por tanto el no creer no es religión. Pero la verdad es que es más exacto decir que el punto de vista que uno tenga de Dios­ -sea cual sea- es una creencia religiosa” (Thomas Jefferson).

Voy a dar por falsa o apócrifa la cita de Jefferson a menos que haya prueba documental incontestable de lo contrario. No he hallado la fuente original de la misma en español y menos en inglés, por lo que no sé de dónde sale esta frase, ni cuándo, ni dónde ni en qué discurso, carta o libro dijo eso el político norteamericano, si es que él lo dijo. Cónchale, ¿hasta cuándo vamos a seguir tolerando el uso de la minería de citas como muleta argumentativa cada vez que no hay nada bueno que decir?

Ahora bien, supongamos que la cita es auténtica, aunque eso no la haría menos objetable. Su significado es algo vago, pero sobre todo es simplista, porque ve creencias religiosas por doquier, lo cual es una equivocación, una falacia por generalización. Además, resulta extraño que Rojas, en su intento de enaltecer el cristianismo, haya presentado una presunta frase de Jefferson sin darse cuenta que el estadista estadounidense no era un siervo de Jesús, al menos en el sentido estricto del término.

Jefferson sentía simpatía por el Mesías y por la Biblia, aunque él era deísta, alérgico a las religiones institucionalizadas ―el cristianismo entre ellas, vale decir― y partidario acérrimo de la separación entre la iglesia y el Estado. Encontrarse con personas portadoras de cosmovisiones como estas a finales del siglo XVIII era algo común en los Estados Unidos, pues lo que más influyó en esa época fue la Ilustración (verbigracia autores como Voltaire, quien fue enemigo jurado del catolicismo romano) y, más aún, la masonería.

En fin, que citar a Jefferson como adalid del cristianismo es una mala idea.

De hecho el ateísmo ha formalizado su postura ordenando ministros y formulando manifiestos a través del humanismo secular.

Puede ser que lo de los “manifiestos” sea creíble, aunque esos serían de por sí comunicados o estatutos de asociaciones de ateos y agnósticos que dan una idea sucinta de lo que es el ateísmo y el agnosticismo. Como no todos los no creyentes están inscritos en esas organizaciones ni se sienten representados por ellas, es imposible decir tajantemente que el hecho de no estar en una congregación religiosa implica al mismo tiempo que se está inmerso dentro de otra, aunque tenga un nombre y unos ideales diferentes. Por tanto, lo de los “ministros” también me parece una exageración malintencionada de Rojas.

Que hayan figuras resaltantes en el ateísmo no significa que éstas cumplan el rol de presidentes o de embajadores absolutos de los ateos, puesto que muchísimos de ellos no los reconocen como tales. Aunque es verdad que varios de ellos son muy populares, que en ocasiones se les tiene inmerecidamente por eruditos y que poseen una especie de séquito que secunda sus opiniones, es falso que el concepto de no creer en Dios y del humanismo secular dependen, para poder existir, de una jerarquía centralizada comandada por una especie de sumo pontífice de la apostasía.

Entre sus contradicciones se aprecia un criterio científico muy escueto. Ciertamente, través de la ciencia humana no ha sido posible determinar si hay o no Dios, pero las evidencias apuntan a su existencia.

Oh, qué pena: Rojas tiene pruebas, pero no dice cuáles son ni se molesta en explicarlas. Sólo dice que las hay y que éstas son indicios claros de un ser superior que nos gobierna. Y por casualidad de la vida ese dictador del cielo y de la Tierra no podía ser otro más que el Dios judeocristiano, porque lo que es Shiva, Odín, Tezcatlipoca y Zeus, que se los coma el tigre, ya que de ellos no hay evidencia alguna; total, son dioses paganos que tuvieron la desgracia de no haber sido revelados a través de la Biblia.

El profesor Albert Einstein decía “El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia abre”.

La cita tiene altísimas posibilidades de ser falsa. Hasta donde he podido investigar, Einstein nunca dijo eso. En inglés, las variantes de esta frase son: The man meets God behind every door that science can open, Man finds God behind each door that science opens y Man finds God behind each door that science manages to open. Esta última versión la hallé en un libro de Andrea Saldaña, en el que no se dice nada sobre la presunta autoría del científico germano-americano; mas bien dice que esta es una expresión idiomática.

Se discute, de hecho, cuál fue la postura definitiva de Einstein en relación a Dios. Al igual que Jefferson, sabemos que Einstein no estaba inclinado por ninguna religión institucionalizada, pero a diferencia de Jefferson no nos queda claro qué pensaba este hombre de ciencia acerca del Creador. Einstein expresó ideas propias de un ateo, aunque éstas se acercan más al agnosticismo e incluso al panteísmo que al característico teísmo del cristianismo. De haber tenido una postura fuertemente teísta, Einstein lo habría puesto de manifiesto sin rodeos.

Es por esa razón por la cual no creo que esa cita sea de Einstein, puesto que tiene doble sentido (se propone que el hombre no puede dejar de ver a Dios en cada descubrimiento de la ciencia, pero asimismo se sugiere que Dios es el responsable de los hallazgos de la razón). Para tratarse de un caballero que hablaba claro y raspao sin perder la elegancia propia de los científicos de su tiempo, la frase de Einstein luce mas bien como una vulgar falsificación que busca escudar sus falacias con un argumento de autoridad.

A pesar de interesantes trabajos como el de Charles Darwin, por ejemplo, referente a la evolución, otros tantos, como los de Homer Duncan catalogan como una fábula carente de asidero científico esta teoría y afirma “No existe ninguna evidencia que muestre la evolución del hombre paso a paso desde formas de vida inferiores. No hay nada que muestre que el hombre tuviera alguna relación con los monos” y, asimismo, en lo concerniente a otras especies.

Creacionismo detected. Esta ridiculez pseudocientífica asociada a la religión ha sido refutada aquí y aquí. No hay nada más que decir.

El ateísmo basa sus teorías prácticamente en catedráticos de las ciencias sociales y pocos científicos de las llamadas “ciencias duras”, pero es avasallante el número de  investigadores creyentes y prodigiosos, que hubo y hay en todas las áreas: Física, medicina, biología, industria, química, matemáticas, ingeniería, física nuclear, y cuyos trabajos han sido trascendentales para la humanidad.

Muñeco de paja y ad populum. Sobran las ciencias duras en los ideales del ateísmo (a menudo la biología es la consentida de muchos no creyentes), aunque no es eso lo que de verdad interesa en esta discusión. Lo que importa aquí es que ni el cristianismo ni ninguna otra religión tiene más peso sólo porque tenga un bojote de científicos con crucifijos o amuletos supersticiosos afines guindados en el cuello. Sus obras se han tomado en cuenta porque han asumido la carga de la prueba, no por creer o no creer en Dios.

Y da lo mismo que sean cientos de miles o millones los cristianos que laboran con la ciencia. Esa cuestión demográfica es irrelevante, no viene al caso. También hay cuantiosos creyentes en el credo de Jesús que están en el ejército, en la policía, en agencias de espionaje, en bandas delictivas y en sindicatos de la droga, pero no veo a nadie diciendo que el cristianismo es la madre de las artes militares, del orden público, de los cuerpos de inteligencia, del crimen y del narcotráfico, ¿o sí, Sr. Rojas?

Cristianos devotos como Charles Babbage, James Simpson, Joseph Henry, David Brewster, William Ramsey, Louis Pasteur, Samuel Morse, Blaise Pascal, Isaac Newton, Gregor Mendel y una interminable lista de lumbreras del conocimiento.

Ad verecundiam. Véase la refutación anterior.

Pero la propaganda atea dice que el teísmo es fe sin ciencia.

¡De bolas que lo es, así que propaganda un comino! ¡No ha habido ningún conocimiento derivado de las doctrinas religiosas y de ningún pasaje de ningún libro sagrado! La fe es la proliferación de afirmaciones extraordinarias sin evidencias extraordinarias. Es la aceptación de ese paquete chileno de Dios sin decir por qué, pues si él lo dice (o la Biblia, o Cristo, o el chiflado ensotanado que dice ser su vicario), es cierto y sanseacabó. Es la interpretación forzada (mejor dicho, es la tergiversación intencional) de la ciencia a fin de hacerla encajar en sus creencias anticuadas.

Si se considerasen esquemas serios de investigación, como los del padre del método moderno, Sir Francis Bacon (cristiano ejemplar), llamado por el conspicuo Dr. Francis Schaeffer “el mayor profeta de la revolución científica” otro gallo cantaría.

Véanse las refutaciones anteriores en torno al ad verecundiam de Rojas. Esto es un sofisma, se olvida también a Descartes, a los estructuralistas…

Al cristianismo se le adeuda, además, la fundación de varias de las universidades más prestigiosas del mundo.

Otro engaño más. Esta es la enésima ocasión que veo este argumento tan cargado de prepotencia religiosa, el cual denota una absoluta falta de conocimiento en historia universal. ¿Sabrá Rojas que la educación superior se impartía desde la Grecia Clásica y que en el siglo XI también hubo casas de estudios avanzados en el mundo islámico? ¿Sabrá él acaso que el primer instituto medieval destinado a estos fines de instrucción fue la actual Universidad de Qarawiyyin, inaugurada en Marruecos en el año 859? No lo creo.

Tal vez Rojas tampoco tiene idea acerca de la madraza ―o madrasah― habida en los países musulmanes, la cual fue uno de los antecedentes más directos de las primeras universidades europeas. De hecho, es poco probable que él se atreva a admitir una verdad muy incómoda para su fe: la educación superior en el Medioevo occidental fue hecha para adoctrinar y para explicar las cosas en función de las exigencias del cristianismo. No hubo en esos lugares libertad de expresión ni de pensamiento.

Quien iba a Bolonia, Oxford o La Sorbona podía aprender teología, filosofía, derecho e incluso medicina, pero sus estudiantes y egresados no podían salirse de los lineamientos ideológicos impuestos por la escolástica; estos parámetros iban desde lo meramente bíblico hasta el apego incondicional a los conceptos platónicos o peripatéticos que se consideraban inmutables e irrefutables. Es de suponer que las madrazas de los árabes hicieron lo mismo en relación a las doctrinas del islam.

La escolástica fue la que creó las universidades y asimismo fue la institución que menos aportó al desarrollo del conocimiento. El cristianismo, en la Europa de aquel entonces, no significó un avance real en el campo educativo ni en el científico porque su fe se utilizó para justificar restricciones y prohibiciones de aquello que no debía ser enseñado, aprendido, escrito, leído, publicado y discutido, según el dictamen de ciertos clérigos poderosos. Además, entrar a esas casas de estudio era un privilegio, no un derecho.

No sorprende, pues, que la fe cristiana haya tenido su carga de culpa en el atraso de la humanidad, ya que puso condiciones al pénsum de estudios universitarios. De hecho, el cristianismo, por esos años turbios, rechazó corrientes filosóficas, teológicas y científicas que no cuadraban con sus ideas, incluso si éstas eran sostenidas por miembros de su propia iglesia. En particular, durante el siglo XIII el catolicismo vetó el averroísmo, parte de la obra de Aristóteles y hasta las posturas de Santo Tomás de Aquino.

En palabras más magras: el cristianismo se valió del sistema educativo que había creado para lavar cerebros, enseñar sólo aquello que le convenía y condenar a los herejes.

Menudo “logro” el que tuvo esta religión. Ya ni les cuento lo que hizo el islam, que tuvo eminentes figuras intelectuales, entre las cuales hubo poetas, matemáticos, astrónomos y médicos. ¿Deberíamos, en base a este razonamiento, decir que el verdadero progenitor de la ciencia fue la doctrina de Mahoma, mas no la de Jesucristo? No, pues al rebobinar el casete del pasado hallaremos contribuciones de sabios ajenos al monoteísmo que procedían de Grecia, Roma, Egipto, Mesopotamia, China e India. Sin embargo, nadie en su sano juicio diría que la ciencia le debe algo al paganismo porque éste es un credo “impopular” que le reza a un panteón de dioses “incorrectos” o “falsos”.

Al respecto el Dr. Alfred Whitehead, de Princeton, señaló cierta y categóricamente “el cristianismo es el padre de la ciencia”. No es de extrañar, pues la ciencia es un don divino. Aunque en muchas ocasiones su uso se desvíe del propósito de Dios.

Esto es rotundamente falso. Lo que diga Whitehead me da igual, en caso que la cita sea correcta (no la investigué porque Rojas tiene dos strikes por las frases célebres. El tercer strike fue por lo de Darwin, por lo que él tá’ ponchao). La ciencia no cae del cielo ni es inspirada por ningún ser superior de ninguna religión habida ni por haber en este planeta. De ser así, el método científico sería superfluo y hasta innecesario, pues no haría falta experimento ni observación alguna, ni siquiera tendríamos que atravesar el proceso de ensayo y error, sino que diosito nos daría el conocimiento por oración, revelación, ayuno, penitencia y arrepentimiento de la misma manera en que lo hacía con los patriarcas hebreos cuando se avecinaba algún cataclismo provocado por él mismo en medio de sus caprichosos arranques de cólera.

Por eso no me trago eso de las intenciones de Dios con los hombres, menos aún cuando se trata de la forma en que se utiliza el conocimiento científico; porque se juzga que hay empleos de éste que van contra los designios del Señor mientras se dice a su vez que sus senderos son inescrutables. Rojas no resuelve este contrasentido y ningún predicador lo ha hecho. De ahí mi seguridad al afirmar que no hay correlato entre Dios y la ciencia, puesto que la ciencia emergió precisamente para darle una explicación racional a lo que a menudo era abordado con los soliloquios del misterio. Esto sucedió cuando los griegos, pese a sus arraigadas tradiciones politeístas, decidieron describir cuanto los rodeaba sin la interferencia de sus supersticiones ni de su mitología. Para ello enfatizaron mucho la distinción entre doxa, la “opinión”, y episteme, los “hechos”.

Y ese es el por qué el cristianismo no es el padre de la ciencia.

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4 comentarios en “Del cristianismo no surgió la ciencia

  1. Aplausos de mi parte, una buena refutación a un monólogo popular entre todos los cristianos. Me gustaría saber si se la enviaste a Carlos y si te contestó, si no sería una buena idea hacerlo, sólo como experimento social.

    Por cierto, me encantó la forma en las que usas las expresiones populares.
    Saludos.

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    • Hola Airon, gracias por comentar. A lo mejor lo ideal es que ese experimento “social” del que hablas sea el de estampar este artículo a todo aquel cristiano o religioso en general que se valga de estas falacias. Podría servir meter este post en foros o espacios religiosos de las redes sociales, lo cual serviría para responder tu duda.

      En relación a lo anterior, no se lo envié a Carlos porque me parecía una falta de respeto importunar su email sólo para informarle de sus patrañas. Lo digo porque muchas veces recibí mails de los urantistas a raíz de un post que publiqué aquí al respecto, y para mí sería caer bajo si aplico una Ley de Talión digital. No voy a darle el gusto de que use mis correos enviados a él como una excusa para decir que los ateos vivimos acosando a los creyentes. Si él lee lo que digo aquí, que sepa que yo hago esto con más respeto del que se merecen farsantes como él.

      Cuando mucho podría intentarse la publicación de esta entrada en Quinto Día, aunque creo que se sale de los parámetros establecidos por ese periódico en esa columna, pues se pide una longitud máxima por el artículo.

      Agradezco sus elogios por mi uso de los coloquialismos. Me salen de un modo muy natural.

      Saludos.

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