Del cristianismo no surgió la ciencia

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La excusa más trillada que suele utilizarse para hacer apología a las religiones, en particular al cristianismo, es aquella en la que se esgrime que esta fe impulsó la era de la razón; es decir, que el conocimiento científico nunca habría tenido lugar sin las contribuciones relacionadas a la “doctrina” de Jesucristo. Este argumento sería convincente de no ser porque en sí mismo oculta un descarado sofisma en el que se pretende que el pensamiento racional y el ilusorio no se hallan del todo separados, y que el segundo tiene un predominio sobre el primero. La realidad, empero, señala que el fideísmo, una vez más, está en un craso error en el cual no se tiene la menor idea de lo que es la epistemología y mucho menos de lo que es la ciencia. Sigue leyendo

¿Por qué critico las religiones?

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Sin importar si son o no son institucionalizadas, las religiones son las cosas que menos estimo en la Tierra. Motivos me sobran para decirlo, y muchas veces me ha preguntado por ellos, pero son pocas las oportunidades que he tenido para agrupar mis respuestas en un solo bloque. Ergo, a fin de lidiar con este controversial tema, he de explicar muy brevemente, desde mi propia perspectiva, lo que pienso de estos sistemas de creencias que sistematizan la superstición de los dioses para que millones de personas les rindan culto día y noche, por los siglos de los siglos, amén, con tal de no ser devorados por las fuerzas del mal. Haré esto tomando en cuenta el papel que tiene la fe en la actualidad.

El dogmatismo de las religiones siempre ha estado presente, desde las más primitivas hasta las más modernas. Esta característica, que también se manifiesta en los gobiernos autoritarios, impide a sus practicantes cuestionar cualquier aspecto de su sistema de fe, corregirlo o reformarlo, so pena de sufrir las consecuencias o castigos por parte de las autoridades religiosas; en el mejor de los casos se recibe una reprimenda verbal para volver al corral, pero en el peor se ha llegado a la violencia física. Si las religiones fueran de mentalidad abierta, modificarían sus creencias en pro de sí mismas y de la humanidad; pero no, eso difícilmente sucede, porque para ellas es más sencillo tildar a sus detractores de impíos herejes que dar su brazo a torcer. Así, las religiones son un sistema robespierreano de pensamiento en el que afirmar lo contrario equivale a ser un contrarrevolucionario que se niega a nadar con la corriente. Sigue leyendo

Microdisertaciones (II)

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Ser un seudocientífico es más fácil que pelar mandarina, pues no hay que estudiar; todo está dicho y todo está hecho en una serie de postulados inmutables que fueron proclamados por algún sabiondo que en alguna época remota o reciente creyó haber descubierto la quintaesencia del universo cuando en realidad no había descubierto ni el agua tibia. Con frecuencia, los postulados de este ente de la sinrazón se reducen a un manojo de aforismos precocinados que al ser enunciados guardan cierta similitud con las respuestas pregrabadas de una contestadora telefónica (sí, de esas que uno escucha cuando se llama al número de atención al cliente). No hay manera de abordarlos sin que éste dé sus patadas de ahogado con la cantinela de las conspiraciones, la tramoya del establishment científico y el “negacionismo” de los escépticos acerca de su “verdad”.

A un magufo le viene bien el llantén de la ciencia “inquisidora” que lo persigue o pasa de largo cuando le toca oír sus alocadas aserciones, puesto que tiene un complejo de Galileo, de Newton o de Einstein digno de un análisis psiquiátrico. Y no es para menos, porque a un don nadie que se adjudica un estatus de superioridad intelectual mediante el empleo de esta burda comparación se le debería dar un jalón de orejas para dejarle claro que jamás va a compartir el podio de los sabios salvo que su aporte valga la pena; es decir, el seudocientífico, quien se cree un escéptico “auténtico” y no un poser, no estará a la par de ese Galileo, de ese Newton y de ese Einstein si no nos ofrece algo que le dé un vuelco fenomenal a nuestro entendimiento. Sigue leyendo

Las cadenas religiosas del Internet

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Indudablemente, la expansión de la fe no tiene utilidad si no se logran mantener a los creyentes anclados a sus preceptos, ya sea por medios pacíficos o violentos, por lo cual se hace necesaria la aplicación de diversos métodos que puedan persuadir a los fieles a quedarse en sus posiciones o disuadirlos de abandonar su religión actual para cambiarla por otra. En pleno siglo XXI, en el que la globalización es un fenómeno mundial, las cosas han cambiado muchísimo en la manera de acercar los mensajes de las congregaciones, aunque no sus intenciones e ideas de trasfondo que se transmiten con mayor sutileza sin rozar el umbral de la pasividad.

El impulso vertiginoso del Internet ha permitido el flujo veloz de la información, pero una fracción de la misma, al no tener fundamento, puede generar ignorancia e histeria al ritmo de su difusión. De todos los medios digitales, el correo electrónico ha sido uno de los que han tenido más éxito en distribuir bulos, pues viaja más rápido a medida que se envía a una lista de contactos; esto es lo que se conoce como una cadena de email. Pequeña y peligrosa, la cadena de email, con sus versiones inyectadas con esteroides de las redes sociales, le ha dado rienda suelta a la prédica del fanatismo religioso con la pasmosa frecuencia suficiente como para impulsarse en la consolidación de los objetivos de su proselitismo. Sigue leyendo