Hugo Chávez, Jesucristo y el socialismo cretino del siglo XXI

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Una de las mezclas más absurdas que he visto no corresponde a ningún DJ de poca monta, sino a una torcida ideología política que hizo Hugo Chávez, a su manera, entre el mal llamado socialismo del siglo XXI y las ideas de Jesucristo, como si ambas ideas fueran compatibles entre sí o como si fueran conceptos hermanos. La parte más irracional de los falaces argumentos de Chávez está centrada en el hecho de que como Jesucristo se comportaba supuestamente del mismo modo en el que lo hicieron los próceres de la independencia latinoamericana, entonces Cristo es por ello revolucionario, socialista, bolivariano y, por ende, chavista. He aquí, pues, una teología criolla que une con suturas forenses los miembros de mesías fallecidos, un Frankenstein hecho a medida del finado sabaneteño.

El mesianismo de Chávez usa un silogismo deducible con facilidad en el que la premisa A sostiene que Jesucristo tuvo un sinnúmero de virtudes, mientras que la premisa B dice que esas virtudes también las tiene el socialismo del siglo XXI; partiendo de las susodichas premisas, Chávez habría dado como conclusión que si Jesucristo era bueno, generoso, misericordioso, protector de los desvalidos, tolerante, solidario y un etcétera de cualidades positivas, y si su socialismo las predica, entonces esa coincidencia se debe a que el hijo de Dios en la Tierra era bolivariano, revolucionario, socialista y, sobre todo, “rojo rojito”, es decir, que él era chavista. Los problemas de esta falacia son sumamente graves, comenzando por la falsa asociación de dos cosas que van separadas, la cual Chávez ha hecho deliberadamente con otros personajes históricos como el cacique Guaicaipuro y Simón Rodríguez, pintados en un mural mamerto en Caracas.

Los anacronismos de Chávez se pueden desmentir sin mucho esfuerzo por tres razones elementales. En primer lugar, si Jesucristo, Guaicaipuro y Simón Rodríguez no eran socialistas fue porque ninguno de ellos propusieron ideologías políticas, así que mucho menos iban a malgastar saliva creando monstruosidades doctrinales que fusionan conceptos a lo loco. Según la tradición bíblica, Jesucristo tuvo la intención de liberar a su pueblo de sus opresores por medios espirituales (o eso pretendía, je je je… ¿verdad que sí, Vaticano?), predicando “la buena nueva”, Rodríguez mantuvo sus ideas de usar la educación como una herramienta para la emancipación de América y Guaicaipuro, por su parte, sólo se concentró en defender sus aborígenes dominios de los conquistadores españoles, aunque su poder político no lo descarta como un invasor de alguna etnia vecina a la suya (damas y caballeros: los indígenas se aniquilaban y se sometían. No todos los indios eran pacíficos).

Añadamos a esto algo obvio: ni Jesucristo, ni Simón Rodríguez, ni Guaicaipuro pudieron haber sido influenciados por la filosofía marxista, ni haber previsto la existencia del socialismo, porque nacieron y desenvolvieron el grueso de sus pensamientos antes de Marx, no después. Para que se profese una ideología determinada, es preciso situarse cronológicamente en el preciso momento en que ésta surge, está en pleno desarrollo ―hola, Walter Martínez― o en su decadencia, no antes; también debe tomarse en cuenta la ubicación geográfica, puesto que nadie en su sano juicio diría que las matemáticas de los mayas se deben a Euclides o Pitágoras. Zafarse de estos malentendidos históricos es sencillo con un poco de la lógica que Chávez, el Mr. Danger de Venezuela, no tenía, porque a su cabeza, aprisionada por su dogma bolivarista, cristiano, militarista y castrocomunista, le faltaba un tornillo para entender que la economía precolombina tenía de socialista lo mismo que Lenin tenía de indigenista.

Observando de cerca el detalle importante que en segundo lugar ocupa la explicación de este fraude, es decir, el de las afinidades ideológicas, captaremos enseguida que las personas nos parecemos y nos diferenciamos en muchos aspectos, desde los genéticos hasta los psicológicos. Esta norma se aplica en cualquier época, por lo que los grupos humanos tienen patrones comunes de comportamiento y, por tanto, de cultura. Yo, por ejemplo, soy partidario de oponerme a la religión institucionalizada, como lo era también Voltaire, pero eso no me hace volteriano; cuando mucho concuerdo con el pensador francés en un punto específico de su Tratado sobre la tolerancia. Ídem para Jesucristo: tal vez él quiso repartir las riquezas a los pobres, pero eso no lo convierte en chavista ni en socialista. Si a ello le incluimos que Chávez, como el resto de los grandes líderes “rojos rojitos” de todos los tiempos, vivió rodeado de riquezas, la idea de un Jesucristo evangelizando con el Manifiesto comunista cae por su propio peso.

En tercer lugar, el anacronismo del Jesucristo socialista ignora adrede que el héroe de los cristianos tuvo su aparición en un momento en que las etiquetas de su idiosincracia eran muy distintas a las actuales, aunque hay algunos que para ingeniárselas argumentan que él no fue socialista en el sentido moderno de la palabra, sino un hombre visionario al que se le puede identificar como el precursor de lo que es ser socialista. Quienes dicen afirmaciones semejantes son los que omiten su contexto histórico para acoplarlo a los preceptos políticos de Chávez según su conveniencia, lo que también he visto en los partidos de la oposición. El debate bizantino entre los dos colores políticos estalla en estas circunstancias, por lo cual sólo Jesucristo podría ponerle fin al venir al mundo terrenal para decirnos por quién se decanta. Si tuvo el poder para resucitar a Lázaro, ¿por qué no lo tiene para esclarecer esta inquietud tan trascendental? Porque no puede. Porque su “energía” sobrenatural es una mentira.

Desarticulada esta falacia, vuelvo al punto de interés sobre el tema. Muchos querrán saber por qué Chávez la usa para predicar su socialismo a la gente. Pueden haber muchas hipótesis, pero la más probable es, a mi parecer, que Chávez utiliza el Jesucristo socialista, bolivariano, revolucionario y chavista porque resulta más convincente que si intentara hacer lo mismo con el Che Guevara. Muchos venezolanos no conocen al Che salvo por franelas timbradas con su cara de mequetrefe guerrillero, pero sí a Jesucristo, a plenitud; con él sí están familiarizados los ciudadanos cristianos, con él sí han tenido contacto cercano por la educación religiosa que les ha sido inculcada desde muy niños en un ambiente donde los padres crían a sus hijos, con frecuencia, en colegios que, guarecidos a menudo por ensotanados, poseen los símbolos eclesiásticos. En otras palabras, el teísta venezolano corriente desconfía de los mesías con boina, más aún si son extranjeros, pero no de aquel con túnica pastoral.

Como resultado de combinar el discurso socialista con el discurso cristiano, Chávez atrajo con demagogia religiosa a la masa, al populacho venezolano que, desesperado por salir de los desastres de la Cuarta República, acabó pensando que la Quinta República era una manifestación del cielo, que vendría una era mejor. La labia de Chávez es lo suficientemente astuta como para aupar a los creyentes al denunciar la tergiversación de Jesucristo cuya doctrina ha sido, para él, tergiversada por la iglesia católica, y que él vendrá a decirnos cuál es el mensaje “verdadero” del hijo de Dios. Cuando daba sus interminables cadenas y sus maratónicos programas de Aló Presidente, Chávez solía remitirse a la Biblia como su autoridad de fe y por supuesto a veces arremetía contra el ateísmo mediante testimonios de conversión al evangelio.

Al igual que los salvadores que en realidad nunca nos salvaron de nada, los políticos parlanchines como Chávez atrapan al pueblo con promesas que jamás cumplirán o sólo las cumplirán  a medias, principalmente porque meten a Jesucristo en el meollo del asunto, para ver si cuela ese cuento de camino en el que él es una especie de “elegido” celestial que nos librará de nuestros pecados capitalistas y así, por fin, hará que obtengamos la redención en el paraíso socialista. Chávez, quien nunca fue partidario del laicismo, todavía es tomado como un mesías que, como los mesías de las religiones, hacen más daño del que dicen reparar y, además de tener un pensamiento de doble rasero, es secundado por millones de fanáticos que en vez de cuestionarlo aceptan sin chistar sus palabras, como si fueran inspiradas por Jesús, la Virgen de Coromoto o Dios, aplaudiendo como focas idiotizadas por una utopía devaluada a raíz de su ineptitud para hacer su trabajo en el complejo aparato del Estado.

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4 comentarios en “Hugo Chávez, Jesucristo y el socialismo cretino del siglo XXI

  1. No entendí muy bien lo de mala ortografía pero bueno,que yo sepa siempre procuro escribir correctamente.De todas maneras,simplemente eso,cada uno tiene su visión sobre todo lo que ha acontecido y lo ve a su manera…¡Tampoco se va a acabar el mundo porque dos personas tengan ideas opuestas,digo yo! Mientras siempre se haga con respeto y tolerancia…todo vale.

    Por supuesto no coincido en prácticamente nada,pero la realidad es que me centraba en la figura de Chávez,porque para mí Maduro es un incompetente sin personalidad que solo trata de imitar a Hugo.Pero bueno está bien,en mi país hay varios partidos políticos y fácilmente también puedo conversar tantos con los del bando del Partido Popular,Partido Socialista etcétera,así que no hay problema.Un placer.Saludos!

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    • Vale, cuestiones ortográficas aparte, que no deberían ir al cuento (creo que aquí me pasé de la raya)… la cosa no es la diferencia de opiniones, que eso siempre lo va a haber.

      La cosa es que se ponga la ignorancia al mismo nivel que el conocimiento.

      Y que esa ignorancia mande al quinto pino a un país enterito porque a alguien le dio la gana de implementar un sistema político que no ha funcionado en lo absoluto (y que ha causado estragos) desde la Revolución Rusa.

      Y que se ignoren sus perniciosos efectos sólo porque convenga “relativizar” estas ideas, como si tuvieran el mismo peso fáctico de cara a las pruebas obtenidas en la experiencia. En la teoría, el Socialismo del Siglo XXI es arrechísimo, pero en la práctica es un completo desastre.

      Con D mayúscula.

      No se valen excusas. Acusar al “hymperyo” yanqui de lo que sucede acá es como mínimo equivalente a utilizar la superchería para “comprender” fenómenos naturales que tienen una explicación racional.

      Y eso es lo que hace Maduro cada vez que habla de la “guerra bacteriológica” y, más irrisorio aún, de la “guerra económica”. Si él no sabe de economía, mucho menos va a saber lo que es una guerra.

      Saludos, un placer.

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  2. Quizás lo que veo aquí es mucha palabra bonita y remilgada pero a la hora de la verdad no se va al meollo de la cuestión:y es que hay que mirar más allá de lo que uno percibe en la tele o lo que se investiga en páginas afines o contrarias a un concepto,ideología etc.Hay que tener muy en cuenta las infames artimañas que Hugo Chávez sufrió por parte del gobierno Estadounidense solo por ser electo numerosas veces por el pueblo y,por ende,le imposibilitó llevar a cabo su gestión política con normalidad(Bloqueos,embargos,espionajes,insurgencias).Y no las sufrió porque no era una persona tan “guay” como los Estadounidenses,sino porque osó levantarse contra las élites y no ceder a sus chantajes petrolíferos…Después dirán que Leopoldo López es un preso político cuando realmente fue un golpista que en el 2002(obviamente ayudado por toda la maquinaria de la Inteligencia Estadounidense) participó arduamente para derrocar a una persona elegida por el pueblo…! Y en Venezuela no sé,pero en Europa realzar algunas virtudes y realidades de Chávez poco menos te pueden costar la reputación por lo que la campaña de desprestigio auspiciada por los medios de comunicación Occidentales hacia Chávez ha sido un éxito!

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    • Saludos, labrujulablogblog. Agradezco su comentario, no sus mamertadas con mala ortografía.

      Ante todo, le hago saber que el gobierno de Chávez puede calificarse de cualquier cosa, menos de democrático. Su sucesor Maduro no es menos tirano que él. Al respecto, léase toda la sección de Venezuela Bananera en Marcha, en este mismo blog. La cuarta entrega tiene un microanálisis especial que refuta la tontería esa de que este país es “libre” por sus elecciones.

      Añado también que yo, como millones de venezolanos, padecemos las consecuencias de la pésima gestión gubernamental dejada por el chavismo y quienes han decidido darle continuación. Padezco la escasez, los apagones, la altísima inflación y las restricciones cambiarias como el resto de mis paisanos. Nosotros no votamos por esta vaina. Nosotros nos cansamos de las pifias del comunismo en este país y de soportar que las medidas tomadas por el poder ejecutivo les presten más atención a las directrices del castrismo cubano que a las necesidades nacionales.

      Por eso el chavismo recibió su merecido trancazo en diciembre del año pasado, pese a las trácalas impuestas por el CNE para obtener ventaja electoral con el sistema de las circunscripciones y los circuitos en los municipios de cada Estado. Eso no fue fruto de ninguna campaña de desprestigio de Norteamérica ni nada por el estilo. Eso fue fruto de la rabia que siente el ciudadano promedio por ver, por ejemplo, cómo el “Noticiero de la Patria” usa las cadenas nacionales para suplantar forzadamente el derecho a estar informados de manera imparcial, objetiva y veraz. Ahí sólo hay propaganda política.

      En cuanto a Leopoldo: él sí es un preso político. ¿No supo que uno de los magistrados implicados en el caso habló y huyó del país confesando que todo ese juicio no fue sino una manipulación del mismísimo Tribunal Supremo de Justicia? ¿No leyó el esperpento del informe jurídico que usaba razonamientos falaces para enlazar falsamente un twit con decenas de homicidios durante las guarimbas? Porque si lo que dijo Leopoldo en las redes sociales es delito, entonces que encarcelen a todos los usuarios de Twitter que llamaron a movimientos de protesta en la calle. A todos. No lo harán porque saben que son tan inocentes como Leopoldo.

      El chavismo es una mentira y usted lo sabe. No se haga ilusiones con este modelo de comunismo porque no ha servido para nada.

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