Ciencias y pseudociencias

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Imagen tomada de La pulga snob.

De una manera concisa, pero no por ello menos clara, hay que explicar las características que distinguen las ciencias de las pseudociencias, las cuales se han descrito con más detalle, por ejemplo, en la Wikipedia angloparlante y en El mundo y sus demonios, libro de Carl Sagan del que hice una reseña. Así, no me detendré a repetir lo que ya se ha dicho ni a examinar ninguna pseudociencia en particular porque tengo una sección exclusiva en este blog para hacer eso, por lo que he de hablar sobre cuatro puntos clave que siempre considero al momento de criticar y refutar los aspectos más llamativos que identifican el falso conocimiento del verdadero.

El primer punto junta la metodología y el rigor. Las ciencias usan el método científico para analizar su objeto de estudio. El objetivo de éste es garantizar la fiabilidad y veracidad en lo estudiado, además de obtener los resultados que correspondan a las teorías vigentes. Si se postulan nuevas teorías, éstas se revisan con cuidado para comprobar si están en lo correcto; de lo contrario, se descartan. Las ciencias vigilan que no haya manipulación de los resultados, que no se saquen conclusiones forzadas de hechos no comprendidos en su totalidad, que no haya dogmatismo o que se generalicen realidades científicas de diferentes naturalezas. El rigor y la objetividad en la aplicación de los métodos es fundamental para poder analizar las realidades enfrentadas como son, y no como queremos que sean. Sigue leyendo

Microdisertaciones (II)

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Ser un seudocientífico es más fácil que pelar mandarina, pues no hay que estudiar; todo está dicho y todo está hecho en una serie de postulados inmutables que fueron proclamados por algún sabiondo que en alguna época remota o reciente creyó haber descubierto la quintaesencia del universo cuando en realidad no había descubierto ni el agua tibia. Con frecuencia, los postulados de este ente de la sinrazón se reducen a un manojo de aforismos precocinados que al ser enunciados guardan cierta similitud con las respuestas pregrabadas de una contestadora telefónica (sí, de esas que uno escucha cuando se llama al número de atención al cliente). No hay manera de abordarlos sin que éste dé sus patadas de ahogado con la cantinela de las conspiraciones, la tramoya del establishment científico y el “negacionismo” de los escépticos acerca de su “verdad”.

A un magufo le viene bien el llantén de la ciencia “inquisidora” que lo persigue o pasa de largo cuando le toca oír sus alocadas aserciones, puesto que tiene un complejo de Galileo, de Newton o de Einstein digno de un análisis psiquiátrico. Y no es para menos, porque a un don nadie que se adjudica un estatus de superioridad intelectual mediante el empleo de esta burda comparación se le debería dar un jalón de orejas para dejarle claro que jamás va a compartir el podio de los sabios salvo que su aporte valga la pena; es decir, el seudocientífico, quien se cree un escéptico “auténtico” y no un poser, no estará a la par de ese Galileo, de ese Newton y de ese Einstein si no nos ofrece algo que le dé un vuelco fenomenal a nuestro entendimiento. Sigue leyendo

Tucson, la DMAFB y el incidente OVNI del B-36

convair-b-36-peacemakerDentro de los casos estudiados en el Proyecto Libro Azul, este avistamiento ufológico puede ser descrito, indiscutiblemente, como algo sumamente enredado. Nos enfrentamos, pues, a uno de muchísimos acontecimientos de OVNIs donde el veredicto científico es aproximado, ya que la evidencia disponible es limitada tanto en calidad como en cantidad. Veamos, sin embargo, si pueden traerse nuevas luces en medio de estos misterios que son como los rompecabezas que no pudieron armarse por falta de piezas.

Trasladémonos a los Estados Unidos, específicamente a la Davis–Monthan Air Force Base (Base de la Fuerza Aérea Davis-Monthan, i.e. DMAFB por sus siglas en inglés), situado en Tucson, en el estado de Arizona. De acuerdo a la ficha de registro, el avistamiento ocurrió el 1º de mayo de 1952 y se anotó al día siguiente en el reporte de información de la inteligencia aérea, en cuyo resumen se escribió por error (seguramente de transcripción) el año de 1953. La información pertinente a ambos informes oficiales fue la siguiente: Sigue leyendo

El desconcertante Proyecto Libro Azul

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De todas las supuestas evidencias ofrecidas por la ufología para tratar de demostrar el ocultamiento de los Objetos Voladores No Identificados, una de ellas está asociada a un programa de investigación realizado en los Estados Unidos que fue denominado como Proyecto Libro Azul (PLA, de ahora en adelante). El PLA tuvo dos objetivos centrales: analizar científicamente los OVNIs y determinar si los mismos representaban algún peligro para la seguridad nacional de ese país. Aunque en 1947 ya se tenían los primeros reportes, no fue sino hasta 1952 cuando el PLA arrancó formalmente sus indagaciones, las cuales históricamente se llevaron a cabo durante poco más de dos décadas.

El final del PLA fue anunciado el 17 de diciembre de 1969, y para enero de 1970 sus actividades habían cesado por completo, sin posibilidades de reiniciarse; la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF, por sus siglas en inglés), que estuvo a cargo de las investigaciones, las desestimó por motivos económicos ya que su presupuesto estuvo más enfocado al desarrollo de armamento y a cubrir los elevadísimos gastos bélicos de la Guerra Fría que a la averiguación de un fenómeno del que a duras penas había información disponible. Desde ese entonces, la USAF se desentendió por completo del tema OVNI y probablemente lo seguirá haciendo. Sigue leyendo

Cazando farsantes con Cristian Perfumo

cazadordefarsantes_coverMi experiencia con la literatura policial es, lo admito, aún pobre, pero no porque no sea mi género predilecto sino porque he estado habituado a textos más clásicos provenientes de autores renombrados; a saber, exempli gratia, La muerte y la brújula de Jorge Luis Borges, A ciascuno il suo de Leonardo Sciascia y algunos cuentos detectivescos de la ciencia ficción de Isaac Asimov, por mencionarles algunas obras que he leído. He tenido, sin embargo, el placer de toparme con algo más moderno que renueva mi biblioteca y que me ha hecho devorar sus páginas con fruición: la novela Cazador de farsantes, del argentino Cristian Perfumo.

Sin menester de entrar con spoilers, Cazador de farsantes describe las peripecias de Ricardo Varela, un hombre que además de ser profesor universitario se dedica, mediante el camuflaje de su identidad, a desenmascarar charlatanes que depredan a sus clientes con espiritismo, brujería, astrología, nigromancia y cualquier truco adicional propio de supuestos videntes o “expertos” en lo paranormal, hasta que el Cacique de San Julián se le presenta como un hueso duro de roer. Con la ayuda de Ariana Lorenzo, Ricardo se irá dando cuenta que el crimen del Cacique va más allá de la estafa sobrenatural y que en sus fechorías hay más personas involucradas de lo que pensaba, por lo que nuestro protagonista se atreverá a enfrentársele a pesar de los grandes riesgos que esto implica. Sigue leyendo