Pensamientos rápidos sobre la charlatanería seudomédica

A grandes rasgos soy partidario de la medicina científica porque se basa en la evidencia, lo cual mejora sus conocimientos y aumenta la calidad de vida de los pacientes. Por otro lado, no soy amigo de la seudomedicina alternativa porque no está centrada en la evidencia, sino más bien en creencias, hechos o teorías que no se han demostrado o se han demostrado como falsas, aunque si a algún método médico alternativo se le probara su eficacia por encima del placebo entonces pasaría a formar parte de la familia de la medicina científica, por lo cual ya no tendría su título de “alternativa”; en caso contrario, seguirá ubicándose en el banquillo de los perdedores. Sin embargo, he de hacer algunas observaciones adicionales al respecto que considero de suma relevancia.

Es necesario entender que lo tradicional y lo científico son dos cosas distintas. Aunque parezcan sinónimos, ni lo primero ni lo segundo son iguales, pues en un sentido amplio la tradición obedece a ideas folclóricamente enraizadas en la cultura a lo largo del tiempo que son aceptadas por la sociedad y se transmiten de generación en generación como hechos irrefutables compuestos de simbolismos, costumbres, rituales, un toque de fe y sobre todo de supersticiones. Bajo esta definición, la medicina tradicional no es la del galeno con estetoscopio que ve a una infección como la invasión de un microorganismo, sino la del chamán que ve en ésta una manifestación paranormal de los espíritus malignos. Sigue leyendo

Sobre la denegación y la rudeza del debate

“Sé que debería respetar tu opinión aunque esto me es difícil porque eres un maldito idiota”.

“Sé que debería respetar tu opinión aunque esto me es difícil porque eres un maldito idiota”.

Hay una tríada de cosas que pueden pasar en un intercambio de ideas. Uno, se llega a un encuentro sano de opiniones, donde quien no tiene la razón admite sus errores; dos, se aprenden cosas nuevas cuando los interlocutores disuelven sus diferencias en pro de llegar a conclusiones objetivas; y tres, el escenario se convierte en una pelea de gallos en la cual no se pretende probar nada, sino ganar la discusión. El primer par de circunstancias es el más deseado por mucha gente educada por ser espacio para las conversaciones productivas, mientras que la última de ellas es la más ansiada por picapleitos que de a nada se ponen a buscar lo que no se les ha perdido mediante trifulcas verbales que no conducen a ningún lado.

Viendo este panorama, me he interrogado con frecuencia si es necesario participar todo el tiempo en debates, y aún más: si hace falta ser siempre buena gente y amable en un debate donde la contraparte miente con insistencia, está claramente equivocada, no tiene argumentos de valor o sencillamente carece de evidencias. Me contentaría con decir una simple negación a estos planteamientos dubitativos, pero como estoy habituado a sustentar mis argumentos con explicaciones de mayor envergadura, precisaré de varios parágrafos para esclarecer cuál es exactamente mi postura, por qué la tengo, en quiénes me inspiro y cuáles son sus excepciones. Sigue leyendo

Los diez mitos más comunes sobre la evolución (y cómo sabemos que realmente ocurrió)

evolution myths

El artículo fue publicado originalmente en Skeptic.com. La traducción es de mi autoría.

1. Si los humanos vinieron de los monos, ¿por qué los monos no están evolucionando en humanos?

Los humanos, simios y monos son sólo “primos” evolutivos distantes. No venimos de los monos sino de un ancestro común que no fue ni mono ni humano que vivió millones de años en el pasado.

De hecho, durante los últimos siete millones de años muchas especies similares a la humana han evolucionado; algunos ejemplares incluyen al Homo habilis, al Homo erectus, y al Homo neanderthalensis. Todos ellos se extinguieron en momentos diferentes, dejándonos justamente a nosotros compartir el planeta con un puñado de otros primates. Sigue leyendo