Aplicando el escepticismo a los fraudes interneteros

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Una realidad incontestable en el mundo internetero es, precisamente, el hecho de ser con frecuencia invadidos por fraudes de todo tipo. ¿Son molestos, verdad? Sí, y si usted los ha mirado con detenimiento habrá notado que cada uno de ellos que llegan a su bandeja de entrada ―o a su muro, o a la portada de las redes sociales a la que esté metido― suele ser una mentira o una verdad a medias. En cualquiera de los dos casos veremos que su detalle más peculiar es que se viralizan con una rapidez tremenda, especialmente aquellos donde hay información de corte alarmista. Claro está, no necesariamente podemos ver falsas alarmas. En ocasiones es posible ver algunas teorías extrañas sobre asuntos de historia, religión, política, ciencia o tecnología, todas ellas orientadas a decir la “verdad” sobre alguna cosa o a señalar “la auténtica cara de Fulano”.

También es posible ver que, independientemente de si son o no son cadenas de email, se incluye la temática social, específicamente cuando se trata de personajes famosos u organizaciones demonizadas como la archiconocida Microsoft; por tanto, no es de extrañar que aquí sea nulo el aprecio por los hechos. Pero los hoaxes no son creados de la nada. En efecto, se originan de teorías conspirativas, mitos de toda índole, leyendas urbanas, malentendidos sobre temas que pueden dar lugar a controversias y supersticiones aún vigentes en nuestra cultura cotidiana. Inicialmente, muchos de estos contenidos de carácter seudocientífico estaban en libros, revistas o folletos. Después del auge del Internet, la distribución en cadena de estos embustes se hizo en formatos más prácticos que repopularizaron afirmaciones absurdas ya refutadas con sólo reeditar las historias originales en un documento de texto en compañía de imágenes “pescadas” en cualquier base de datos. Sigue leyendo

Pensamientos rápidos sobre la charlatanería seudomédica

A grandes rasgos soy partidario de la medicina científica porque se basa en la evidencia, lo cual mejora sus conocimientos y aumenta la calidad de vida de los pacientes. Por otro lado, no soy amigo de la seudomedicina alternativa porque no está centrada en la evidencia, sino más bien en creencias, hechos o teorías que no se han demostrado o se han demostrado como falsas, aunque si a algún método médico alternativo se le probara su eficacia por encima del placebo entonces pasaría a formar parte de la familia de la medicina científica, por lo cual ya no tendría su título de “alternativa”; en caso contrario, seguirá ubicándose en el banquillo de los perdedores. Sin embargo, he de hacer algunas observaciones adicionales al respecto que considero de suma relevancia.

Es necesario entender que lo tradicional y lo científico son dos cosas distintas. Aunque parezcan sinónimos, ni lo primero ni lo segundo son iguales, pues en un sentido amplio la tradición obedece a ideas folclóricamente enraizadas en la cultura a lo largo del tiempo que son aceptadas por la sociedad y se transmiten de generación en generación como hechos irrefutables compuestos de simbolismos, costumbres, rituales, un toque de fe y sobre todo de supersticiones. Bajo esta definición, la medicina tradicional no es la del galeno con estetoscopio que ve a una infección como la invasión de un microorganismo, sino la del chamán que ve en ésta una manifestación paranormal de los espíritus malignos. Sigue leyendo