Planeta desencantado. Capítulo 14 – ¿De dónde vino el fraude?

planeta-desencantadoObservamos a lo largo y ancho de los anteriores trece capítulos que las afirmaciones de J.J. Benítez no se sostienen ni con un alfiler. La mayor parte de lo que dice es mentira y no escatima recursos para hacerse el listo: transcribe citas a lo bestia, generaliza datos, usa falacias pasadas de moda, apela a la ignorancia, inventa pruebas, aboga por la intervención divina, falsifica traducciones e incluso calumnia a los científicos de verdad. Eso sin contar con la cantidad enorme de errores estúpidos que hacen del ufólogo español un auténtico cretino, cuyo título de periodista le queda grande.

Tanta patraña tenía que venir de algún lado. No es normal que tremenda basura magufa esté apilada en cada episodio de Planeta encantado, cuyas ideas no están respaldadas por evidencia seria y mucho menos por autores respetados en las diversas materias que toca. Eso me motivó para añadir un segmento más a esta investigación, en la que asumí el compromiso de rastrear quiénes y qué clase de publicaciones son las fuentes responsables de estos embustes difundidos por Benítez.

Daremos, por consiguiente, un paseo sucinto por algunas “autoridades” y publicaciones mencionadas en el pseudodocumental, las cuales dan pie a las demenciales teorías de Benítez. Iré siguiendo el orden de los filmes como los he venido analizando hasta ahora. Si saben de algo que no esté en esta lista, avísenme.

Dr. Javier Cabrera Darquea (1924-2001)

Médico cirujano de profesión, pero arqueólogo y filósofo por afición, sin estudios formales. Cabrera Darquea comenzó su pasión por las Piedras de Ica cuando le regalaron una que usó como pisapapeles; de ahí en adelante las coleccionó frenéticamente y creó una “biblioteca lítica”, a la que acompañó con la fundación de un museo. Su libro más conocido se llama El mensaje de las piedras grabadas de Ica, en el que dice barbaridades como la que leerán a continuación:

La humanidad gliptolítica llegó a la Tierra hace cientos de millones de años para crear genéticamente a los ancestros de la especie humana, y la abandonó antes del impacto de un gran cometa, hace 65 millones de años. El lugar de despegue de las naves de los gliptolíticos habría sido las pampas de Nazca, y el lugar de destino, las Pléyades. Esta humanidad superior dejo [sic] su legado intelectual en piedras grabadas, soporte elegido por su capacidad de resistencia al paso del tiempo.

Eso es justamente lo que refuté en el capítulo 1 de esta investigación, y por esa razón es que nadie le creía a Cabrera Darquea. Además, se supo que las Piedras de Ica, o por lo menos las que estaban en posesión del médico peruano, eran fabricadas por artesanos como Basilio Uchuya, un huaquero que fue sorprendido in fraganti haciendo con un taladro el “trabajo”, que era vendido a los incautos a precio de gallina gorda.

Con la farsa descubierta y habiéndose quedado sin argumentos para defender su tesis de la “humanidad gliptolítica”, Cabrera Darquea perdió la mayoría de sus partidarios y murió en el descrédito profesional, con el subsiguiente olvido de sus Piedras de Ica. Hoy en día, sus propuestas arqueológicas no son tomadas en cuenta porque no tienen valor científico y, sobre todo, porque derivaron de un fraude.

Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616)

Este historiador y escritor de la América Española, durante la época de la Colonia, no necesita presentación. Él es inocente en todo este embrollo. El Inca Garcilaso fue el primero en escribir su asombro con la precisión de los bloques de piedra que construyeron las ciudades de los indígenas peruanos.

Dicha observación del Inca Garcilaso ha sido mal utilizada por Benítez para dar pie a sus tesis fantasiosas de los moáis que vuelan y de los edificios incas que se hicieron por arte de magia. Al respecto no hay fuentes serias que den validez a esas aseveraciones, por lo que el ufólogo español, sin duda alguna, está inventando información.

Robert K. G. Temple (1945)

Escritor estadounidense. No tiene estudios en arqueología, antropología y etnología, así que incursiona en esos campos por su cuenta. Escribió un disparatado libro titulado The Sirius Mystery: New Scientific Evidence of Alien Contact 5,000 Years Ago, en el que sostiene sin pestañear que los dogones tuvieron contacto con los aliens, y que por eso saben mucho de astronomía. Esa publicación no goza de la menor credibilidad entre los expertos, quienes lo han desmentido enérgicamente. Uno de ellos fue Carl Sagan.

Ojo, un detallito. Benítez nunca menciona a Temple en Los señores del agua, pero eso no quiere decir que no lo haya leído o que no sepa quién es él. De hecho, Temple basa sus infundadas teorías en interpretaciones descabelladas de los defectuosos trabajos de Marcel Griaule y Germaine Dieterlen, personajes desmenuzados en el capítulo 3 de este examen escéptico.

Libro de Urantia

Un libro “sagrado” inventado en el siglo XX, cuyo fin es predicar la doctrina urantista, que no es otra cosa sino una secta religiosa. Sus creencias son un desmadre de alucinaciones con extraterrestres y viajes interplanetarios mezclados con la biografía de Jesucristo, la cual es torcida a conveniencia de sus creyentes del mismo modo en que lo hacen los cristianos de todas las congregaciones de la Tierra, aunque parece que el Mesías de los urantistas consume metanfetaminas.

La Biblia

Vamos, acá sabemos qué diablos es la Biblia. Benítez la cita sin parar y mezcla pasajes de la misma con otros del Libro de Urantia, aunque se da el lujo de inventarse hechos que no están referenciados allí ni en la historiografía seria. El mejor ejemplo de ello está la escena en que el ufólogo español sentó a Jesucristo en el Coliseo romano ¡antes de que éste fuera construido! ¡Jajajajajajajajajajajajaja!

Kebra Nagast

Ídem a los anteriores, pero con un matiz: es la Biblia rastafari, cuya composición tuvo lugar en el siglo XIV, en plena Edad Media. Tras mencionarla montones de veces, Benítez se cansa de especulaciones bobas y decide decantarse por dar validez a aquello que mejor le conviene: la tradición judeocristiana de siempre y el urantismo, doctrinas religiosas en las que él tiene afincada su fe. Vaya argumento “racional”.

Juan Manzano y Manzano (1911-2004)

Historiador español que enfocó sus estudios en América y defendió la tesis del prenauta, discutida ya en el capítulo 5 de esta investigación. Por su currículo y distinciones, se ve que Manzano fue un catedrático muy respetado. Según la Wikipedia en español (de la que no me fío mucho, porque está vandalizada por magufos), Manzano sostiene en su libro Colón y su secreto que el “predescubrimiento” y la misión del Almirante fueron designios de Dios. Esta afirmación, además de ser fuertemente sesgada, es falsa, y encuentra su explicación en que Manzano tenía militancia política conservadora, nacionalcatólica y franquista; en otras palabras, porque él fue un fascista de extrema derecha (ver Diccionario Akal de Historiadores españoles contemporáneos, p. 381).

Henri Lhote (1903-1991)

Oportunamente señalado en los capítulos 8, 9, 10 y 11 de esta indagación. Al principio, este explorador y etnógrafo francés tuvo interés real en rescatar el pasado de los primeros habitantes del Tassili argelino, pero después flipó con los ovnis y se puso con el cuento de los aliens ancestrales. Investigadores serios de la prehistoria africana han denunciado sus fraudes, por lo que su credibilidad académica está por el suelo.

Antonio Arnáiz-Villena

Inmunólogo español con más de 300 publicaciones en diversas revistas de su rama profesional. Puede que sea muy competente en su campo, que es la inmunología, pero en lo que concierne a sus teorías genéticas y lingüísticas, sus ideas no son para nada aceptadas, pues están entre la fringe science y la pseudociencia. Para colmo, los estudios recientes han desmentido sus estrambóticas proposiciones.

Erik von Däniken (1935)

El periodista español nunca le hace mención, pero no es ningún secreto que cualquier ufólogo que se “respeta” le rinde culto a ese charlatán suizo; toda pseudociencia tiene su santo patrono, y Däniken es el ídolo de los magufos cazaovnis. A ese farsante le debemos la mayoría de las falacias y mentiras más conocidas de la misteriología OVNI, que va desde las Líneas de Nazca hasta las pirámides de Egipto. Däniken ha sido refutado desde hace años ―en sí, eso fue mucho tiempo antes de que existiera Planeta encantado― y sus absurdas ideas están oxidadas, pues sus presuntos enigmas han sido resueltos por montones de especialistas con bastantes evidencias.

Manuel José Delgado

Un aficionado al esoterismo y la ufología, aparte de bloguero y productor audiovisual. No es egiptólogo ni historiador, y sus interpretaciones sobre el huevo de avestruz referido en el capítulo 11 no son tomadas en serio por los especialistas: lo que dice Delgado es una insostenible especulación. En su sitio web personal, Delgado nos dice que escribió “más de 80 artículos publicados en Enigmas, Año Cero y Más Alla [sic]”; y en sus diversas entradas tiene una titulada así: “¿Era la gran pirámide un reactor termonuclear?” Bullshit.

Robert M. Schoch (1949)

Profesor estadounidense con titulaciones en antropología, geología y geofísica. Estos estudios, empero, no le han impedido promover la no tan exitosa teoría de la erosión para datar la Esfinge de Giza, a la que suma otro cúmulo de propuestas de aliens ancestrales y fringe science, las cuales tienen como colofón el interés de Schoch por la parapsicología. Por ese motivo, Schoch cree en la veracidad de la psicoquinesis y la telepatía. Todo un monumento a la “zyenzya”.

Robert Bauval (1948)

Escritor belga. No tiene estudios directamente relacionados con arqueología ni áreas parecidas del saber. Tiene una obsesión con la mítica Atlántida. Es partidario de la teoría que establece un vínculo mágico entre la constelación de Orión y las pirámides de Giza. Su nombre suele aparecer en páginas de misterios “insolubles”, o que tienen connotaciones astrológicas.

Bases de ovnis en la Tierra (1979)

Novela escrita por Douglas O’Brien, que es el pseudónimo de Javier Esteban, escritor español que personificó en su libro a un ex-agente de la CIA, el cual tuvo conocimiento de estas ruinas extraterrestres antes del alunizaje del Apolo 11. Advierte el Escepticcionario (ver capítulo 12, en relación a Mirlo Rojo) que Benítez, quien tomó ese relato ficticio de O’Brien como un hecho real, venía abrazando una idea de esa naturaleza en 1975, cuando se hizo eco de las chifladuras de Carlos Paz Wells, un “contactado” que fundó el Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias (IPRI).

Ivar Zapp

Me informo por un comentario de Ifigenia Quintanilla que Zapp fue un pionero de la pseudociencia asociada al “estudio” de las esferas de piedra en Costa Rica. Era respetado en los años 80’ y se le dio cobijo mediático por sus singulares interpretaciones de esas bolas. En la red se dice que Zapp es antropólogo y que ha hecho de “atlantólogo”. Últimamente su nombre ha aparecido en los ambientes astrológicos y esotéricos.

Caballo de Troya

Algunos libros de la colección, concretamente. Como habrá pensado el lector, es Benítez citándose a sí mismo. Sin embargo, lo malo no es que el ufólogo español haya redactado sus novelas de pseudociencia ficción (por mí, que escriba la trama que le dé la gana, eso queda a su criterio pseudoliterario), sino que calcó parte de su contenido para hacernos creer que esa fantasía es una incuestionable realidad. Es decir, es como si Dan Brown nos vendiera cada una de sus conspiraciones relatadas en El código Da Vinci como si fueran hechos históricos demostrados.

En este orden de ideas, vale decir que el recurso a sus propias novelas no es la única estrategia que tiene Benítez para construir la estructura argumental de Planeta encantado. Hay otras tres que pueden verse en su pseudodocumental, las cuales alargan innecesariamente cada filme hasta el extremo de volverlo insoportable. Éstas son:

  • Animaciones y dramatizaciones. Típicas del mundo televisivo, pero en este contexto se pasaron de maraca. La más vergonzosa de ellas es la que está en Mirlo Rojo, cuando aparece el falso video “inédito” del Apolo 11 que fue “censurado” por la NASA.
  • Recuento del viaje. Narración tediosa sobre cómo Benítez y sus compinches se fueron al lugar de los hechos para “hymbestigar”. Por ello, el ufólogo gasta más saliva diciéndonos cómo hizo para meterse en zonas recónditas del globo terráqueo que en ir al grano con sus argumentos a favor del “misterio”.
  • Pausas. Demasiado largas a mi parecer. En las transcripciones de cada filme de Planeta encantado, habrá notado el lector la cantidad brutal de veces que Benítez se toma un respiro para mostrar paisajes, escenas culturales, entrevistas y música, lo cual resta demasiado tiempo al que podría utilizar para explicar bien aquello que quiere exponer al público.

Si el ufólogo español no las hubiera empleado como lo ha hecho hasta el momento, lo más seguro es que el metraje de Planeta encantado duraría unos 15 minutos; en el mejor de los casos, puede que 20. Ahí cualquiera se daría cuenta de los montones de detalles superfluos en sus pseudodocumentales, pues no tiene nada bueno que decir. Es la táctica de los que manejan la verborrea; hablan sin cesar, pa’ lante, atacando a cualquiera que intente refutar sus afirmaciones y sus publicaciones de pacotilla. A hombres como él les tiene sin cuidado las investigaciones científicas serias, porque para ellos nada de lo que digan cuenta. Sólo su palabra de charlatán es lo que vale.

Para que se den cuenta del talante anticientífico que tiene Benítez, dejé para el final algunas cosas que apunto enseguida, las cuales extraje principalmente de su página web oficial.

Empecemos con el desprecio que siente el ufólogo español por los científicos. En la sección titulada Frases de los científicos, Benítez pone una cita ―¿de dónde la sacó?― de Carl Sagan, que dice: “No hay fotos de ovnis, ni grabaciones, ni siquiera un tornillito”. A ello responde el misteriólogo: “Sagan fue un brillante astrónomo, que jamás investigó el fenómeno OVNI”. ¿Y acaso se necesita ser mariólogo para desmentir las apariciones de las vírgenes del cristianismo? Qué burrada de contestación, de pana.

Ahí mismo, añade una ―supuesta― frase de Eric Roel y Jorge Gabriel Pérez, de la Sociedad Astronómica de México: “Los platillos volantes siempre se aparecen a pescadores, borrachos o campesinos”. Responde estúpidamente Benítez mediante una falacia de falsa autoridad, con intención clara de provocar a quien lo lea: “Conozco a pescadores, borrachos y campesinos más capacitados e íntegros que muchos astrónomos”. Y con esa cita se añade una plétora de muchas más que fueron comentadas por el periodista del misterio en idéntico tono altanero, que da certeza a sus ovnis en base a argumentos rebuscados, como que antes se decía que la Tierra era plana y que los aviones no podían volar, pero que ahora estamos convencidos de lo contrario.

No obstante, es bien sabido que la pseudociencia de ayer no es la ciencia del mañana. Que una afirmación haya sido tomada por falsa en el pasado no significa que pueda ser cierta en el presente… ni que lo será en el futuro. De hecho, eso es falacia ad futurum; es como decir “bueno, mi idea ridícula no tiene fundamento hoy, pero lo tendrá en unos años, ya verán”.

Relacionado con lo anterior, está la conducta de este magufo con los expertos. Siempre generaliza, toma la parte por el todo, y peor aún, rebaja su nivel a adjetivos peyorativos, con el objetivo de descalificar sin más a quienes no piensan como él. En una entrevista realizada para la revista Enigmas (nº 194, enero del 2012, ver en el post J.J. Benítez. El hombre que pinta con letras sueños y enigmas de la vida, que está disponible en el sitio web oficial del ufólogo), Francisco Contreras Gil le pregunta a Benítez: “¿Qué te sugiere el movimiento científico que está habiendo a nivel internacional, advirtiendo de los peligros de un contacto con otras civilizaciones extraterrestres? ¿Una forma de intentar prepararnos para algo quizás?”

Benítez contesta a Contreras Gil de esta manera:

No, yo no lo creo. Pienso que son unos eminente físicos, y unos perfectos analfabetos en el tema OVNI, como lo fue Carl Sagan. Hablan sin saber; tienen cuatro datos y tres libros, si los tienen… Tanto estos como la Oficina de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca, y otras, están diciendo cosas sin ningún sentido; mienten… En el caso de Stephen Hawking no miente, es un analfabeto, sencillamente. No sabe lo que hay, no tiene ni idea. La Casa Blanca sí lo sabe, el Pentágono sí lo sabe, los militares lo saben perfectamente, desde hace mucho tiempo además… Y por la reacción de algunos sectores de la población pidiendo firmas para que se liberen ciertas informaciones, dicen las tonterías que dicen.

La respuesta de Benítez no puede ser más descerebrada. El entrevistador recurre a un muñeco de paja para atribuir a los científicos una advertencia que probablemente no dijeron, o al menos no de ese modo (hola, Informe Brookings). En base a eso, Benítez no desglosa argumentos ni aporta evidencias, sino que se limita a tildar a Sagan y Hawking de “analfabetos en el tema OVNI” (lo que es una falacia ad hominem) y recurre a la conspiranoia para asegurar que los yanquis encubren una serie de avistamientos aceptados por millones de personas sin siquiera cuestionar las supuestas pruebas presentadas a favor.

Terminemos con sus afirmaciones irracionales más descabelladas y peligrosas, las cuales también están publicadas en la web oficial de Benítez: su negacionismo del cambio climático y su conspiranoia del SIDA. Vamos por partes.

En una entrevista para Europa Press titulada J.J. Benítez logra un récord personal: 50 libros llenos de misterio y ovnis, a Benítez le preguntaron: “¿Nos están mintiendo mucho con el calentamiento global?” El ufólogo español responde:

Nos están mintiendo en casi todo. Yo a la gente les digo que no crean nada de lo que vean u oigan, que lo filtren. Los cambio [sic] climáticos son por una causa natural, no porque estemos emitiendo C02 [sic], lo cual no quiere decir que esas emisiones no sean malas, pero no seamos tan soberbios para decir que los humanos lo estamos provocando.

De igual forma, Benítez declara en su sección Juanjo te responde (febrero del 2007):

Algunos científicos de verdad consideran que la Tierra está sujeta a cambios naturales graduales. En mil años, más o menos, se registrará- dicen- un cambio hacia la proliferación de lluvias (lo contrario a la desertización). El CO2 no tiene nada que ver con esto. Somos dañinos, pero no tanto. No creo que ahora debamos movernos, salvo mentalmente.

Más adelante, el ufólogo español insiste en lo mismo:

La historia del calentamiento global está siendo utilizada para atemorizar a la gente y para otros intereses, poco o nada confesables. Los romanos talaron más árboles que nadie. Los incendios forestales en Europa, en la Edad Media, necesitaban de la lluvia para su extinción. En el periodo Carbonífero (hace 400 millones de años), la temperatura del planeta subió 14 grados C. y aquí estamos. No crea nada de lo que le cuentan. La tierra se rige por sus propios ciclos (lo cual no quiere decir que las emisiones de CO2 no deban ser corregidas). Hace 8000-10.000 años se inició la desertización del Sahara. ¿Quién contamina entonces?

No, no, no, y mil veces no, señor Benítez. La comparación es falaz (y falsa, porque el Carbonífero inició hace 360 millones de años). Esos “ciclos” destrozaron civilizaciones enteras, las disgregó, las obligó a emigrar a regiones más bondadosas del planeta donde pudieran cazar, recolectar, sembrar y, sobre todo, vivir. Usted mismo lo dijo en sus episodios del Sahara; los pueblos del Tassili huyeron de la catástrofe, no se quedaron sino los pocos que pudieron aclimatarse a las trágicas consecuencias del desastre. Sin embargo, otras culturas, como la rapanui, quedaron atrapadas en su isla, mientras que los nazca desaparecieron.

Claro, en aquellos tiempos, el crecimiento demográfico no era tan abrumador, por lo que si algo feo pasaba uno tenía más posibilidades de escapar. Pero en estos tiempos modernos, no podremos mudarnos del planeta hasta nuevo aviso. Por esa razón la conservación de la Tierra y el control de los gases de efecto invernadero ―CO2 inclusive― no es un cuento alarmista creado por científicos desquiciados ni por la prensa amarillista; es una necesidad de primer orden que debe ser atendida con urgencia antes de que termine el siglo XXI. De lo que se haga en este transcurso de tiempo dependerá no sólo el bienestar de la humanidad del futuro, sino el ecosistema y las millones de especies que la habitan. El conservacionismo es trascendental para mantener a flote la disponibilidad de los recursos energéticos, del agua potable y de los productos con los que nos alimentamos.

Si dejamos que la Tierra siga con sus “ciclos”, lo más probable es que el problema ambiental se resuelva dentro de miles o millones de años. Para cuando eso pase, muchas generaciones habrán pagado el precio de nuestra ignorancia e inacción; seguramente sobrevivirán y sabrán adaptarse a esta triste transformación, pero tendrán una vida más difícil de la que vivieron sus padres y abuelos. Por esa razón, que los romanos hayan talado “más árboles que nadie” no es patente de corso para expeler gases tóxicos a campo abierto sin hacer nada al respecto, sólo porque pensamos que la naturaleza se encargará de limpiar por su cuenta cuanta porquería le lancemos.

Dicho en otras palabras: el que niega el cambio climático mediante frases como “la Tierra se limpia sola”, no es distinto al inculto que bota la basura a la calle pensando en que el conserje la recogerá y la tirará a la papelera.

Vale, procedamos con lo que resta. Ya me ocuparé de esa tontería magufa cuando tenga la oportunidad de hacerlo. El que la apoye, debería sentirse orgulloso de simpatizar con el ecocida de Donald Trump.

¿Qué hay de Benítez y su conspiranoia pseudomédica del SIDA? No mucho, pero hace mucho ruido. En un artículo de su web titulado ¿Rusos o norteamericanos?, el ufólogo español citó a un puñado de charlatanes para “demostrar” las desacreditadas teorías sobre el origen de esa enfermedad de transmisión sexual, las cuales dicen que ésta fue creada en laboratorios gringos y que “en un plazo de diez a veinte generaciones” las poblaciones de África, India y China quedarían “vacías” por ese mal. Al final de esa entrada, Benítez remató con esta frase desvergonzadamente falsa: “Al crear el sida se creó también la vacuna”.

Y en una entrevista para un periódico latinoamericano, se reportó el mismo tipo de barrabasadas dichas por el ufólogo español, a las que añadió declaraciones antisemitas:

En ese sentido, dijo que es “muy probable”, aunque “no lo pueda demostrar nadie”, que exista un grupo de personas poderosas que deciden sobre todo en el planeta, como las guerras, “que se organizan con 20 años de antelación”.

Puso como ejemplo las epidemias de la gripe aviar, del ébola ahora, de las vacas locas y el sida, que “siempre han tenido un origen militar de guerra biológica”.

“Apuesto lo que quiera a que algún día, dentro de 50 años, claro, o 100, se demostrará que el ébola lo lanzaron los militares norteamericanos sobre África, igual que el sida y (la intoxicación alimentaria por) el aceite de colza en Madrid (España), entre otros” (…)

“(…) me río de las conmemoraciones que están haciendo del holocausto (judío) porque ellos están repitiendo el holocausto, y no me importa decirlo porque tengo la edad suficiente como para poder pensar en voz alta” (…)

Je, je, je. Benítez sabe que perderá la apuesta. Como no tiene ninguna prueba de lo que dice, se vale de un ad futurum que le sirve de excusa.

Resumamos y acabemos con esto de una puñetera vez. Aparte del propio Benítez, las fuentes de Planeta encantado están plagadas de pseudociencia, anticiencia, misticismo, esoterismo y religión. Las que no tienen esa mancha, es decir las poquísimas que son de autores respetados, han sido tergiversadas para que signifiquen lo que más se adapta a los intereses del ufólogo español, quien con toda clase de trucos manipula la información para que sus espectadores crean una versión absolutamente distorsionada del pasado, al que contamina con sus inexistentes alienígenas.

Otras, por su parte, afirman falsedades que llevan años desmentidas y aclaradas por la ciencia. En ningún momento Benítez ha reconocido que mintió o que se equivocó en lo que dijo. Ea, pues, el nivel de soberbia y arrogancia del ufólogo español, que prefiere vender sus mentiras a propósito que agachar la cabeza, aceptar los hechos tal como son y darse cuenta de sus errores. No lo hará porque prefiere financiar su ego de novelista y periodista del misterio Best seller al compromiso con la verdad. Si se han preguntado de dónde vino el fraude de Planeta encantado, cómo se hizo cada uno de sus episodios, y qué clase de persona es su creador, ya saben la respuesta.

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Capítulo 1 – ¿Cuál huella?

Capítulo 2 – La isla bonita

Capítulo 3 – Hache dos o

Capítulo 4 – Yisus Craist

Capítulo 5 – Secreto de uno, de ninguno

Capítulo 6 – Dios es tracalero

Capítulo 7 – Una “cajita feliz”

Capítulo 8 – Palito-Cerito-Palito

Capítulo 9 – Sahara vivo

Capítulo 10 – Sahara muerto

Capítulo 11 – Locademia de arqueología

Capítulo 12 – Mirlo fantasma

Capítulo 13 – Las metras alienígenas

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