Planeta desencantado. Capítulo 9 – Sahara vivo

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Bienvenidos, nuevamente, a otra jornada de pensamiento escéptico aplicado a los pseudodocumentales. Vengo con todos los hierros. En esta ocasión, tenemos que lidiar con el noveno episodio de Planeta encantado, que se llama Sahara Azul, en el que se desarrolla la segunda parte de los aliens ancestrales en el Tassili. En la primera de ellas, Benítez disertó sobre un no-misterio de su anillo de plata, sus vínculos con un incidente OVNI en España y la pintura rupestre del Sahara según los datos recogidos por Henri Lhote. Pero desde aquel preciso instante demostré la falsedad de aquellas conexiones entre lo terrestre y lo extraterrestre.

Dejo con ustedes la transcripción de este filme para que vean a plenitud las barbaridades del ufólogo español. Como ya desmentí el núcleo argumental de esta farsa en el capítulo anterior ―que no era otra cosa sino el anillo de plata y el fraude de Lhote―, aquí iré a un ritmo más veloz, pues a mi juicio la mejor forma de combatir sus argucias ufológicas es atacando primero, mediante la exposición de hechos relevantes que tratan el tema en cuestión.

(1:35) Los tuareg examinaron la piedra esférica con especial curiosidad. Prudentemente me abstuve de relatarles la increíble historia de la nave y los seres que al parecer podrían haberla grabado. Estudiaron igualmente el desarrollo de los grabados y todos unánimemente coincidieron. Aquello era bereber antiguo. Es decir, signos correspondientes a la escritura que los especialistas han denominado “líbico bereber”. Una escritura que, como tendríamos oportunidad de comprobar, aparece por todo el Sahara, grabada o pintada en rocas y en estelas de piedra. (2:07)

(2:47) Una escritura que tiene su derivación en la lengua amazigh, actualmente hablada por unos 20 millones de personas en Marruecos, Argelia, Túnez, Níger, Mali, Burkina Faso, Mauritania, Libia y en el Oasis de Siwa en Egipto. (2:57)

Argumento nada convincente, puesto que como vimos con anterioridad, hay “palos” y “ceros” en distintos alfabetos, silabarios y sistemas de numeración en el mundo. Si se hubiera mostrado la piedra a un grupo de españoles, habrían creído que las inscripciones estaban en alfabeto latino.

No obstante, vamos con lo del bereber, y permítanme el uso de algunos tecnicismos. He aquí tienen aspectos clave de este idioma (para mayor información, pueden consultar webs especializadas, como Omniglot y la Promotora Española de Lingüística. Enlaces adicionales aquí, aquí, aquí y aquí):

  • Familia lingüística: afroasiática.
  • Antigüedad estimada: el proto-bereber se acerca aproximadamente a los 3.000 años de antigüedad, aunque hace unos 10.000 años ya circulaban lenguas afroasiáticas. El bereber antiguo es más reciente y su escritura data del siglo II a.C. (puede que un poco antes), si bien no se fijó hasta después del siglo III d.C. Por obvias razones, la existencia de esa lengua nació a través de la oralidad, mucho antes de que surgiera su alfabeto. Esto prueba un continuo proceso evolutivo desde su génesis en la Prehistoria, con dialectos que responden a la dispersa distribución geográfica de sus hablantes en el Sahara.
  • Influencia lingüística fuera de África: Islas Canarias, Malta y Sicilia.
  • Sistema de escritura: abjad, alfabético, generalmente consonántico (no se escriben vocales). Esto se observa mucho en el bereber antiguo, el líbico y el tifinagh. Las letras varían de acuerdo al sentido de lectura (ver abajo), del abecedario al que pertenezcan e incluso de las ligaduras.
  • Sentido de lectura: variable. En el bereber antiguo, las palabras solían escribirse en columnas verticales leídas de abajo hacia arriba, con textos que podían comenzar desde la izquierda o desde la derecha. En el tifinagh se lee de derecha a izquierda, en sentido horizontal.

Vista esta información, se puede probar que los argumentos de Benítez sobre el bereber se caen de platanazo desde un principio. En las tomas de este filme donde aparecen textos en dicho idioma, se observa que los “palos” y los “ceros” NUNCA se escriben solos, al estilo de IOI ni de IOIOIOIOIOIOIOIOIO, sino que SIEMPRE están dentro de alguna palabra, junto a otras letras.

La manipulación de Benítez es tal, que utiliza una toma cercana para exhibir su ⵏⵔⵏ del bereber y sostener que eso ya da pie a la validez del IOI en su anillo de plata. Si hubiera tenido algo de dignidad, habría mostrado alguna transcripción del pasaje completo de esa inscripción, a fin de ver que ambas letras no tienen nada de enigmáticas.

Debo reconocer que no sé casi nada de bereber, salvo las chapuzas que me alcanzaron para descifrar los falsos entresijos de IOIOIOIOIOIOIOIOIO. Sin embargo, el hecho de tener estudios de idiomas y de lingüística ―tengo titulación universitaria al respecto― implica que de algún modo puedo explicar lo que digo, sin necesidad de hablar esa lengua. Así que me di a la tarea de reconstruir parcialmente la línea inferior donde salen esos “palos” y esos “ceros”, a ver qué palabras se revelan. El resultado, más o menos, es éste (la transcripción fonética está entre barras inclinadas):

ⵏⵔⵏⵗⵝⵢⵔⵡⵓⵙ nrnghtyrwws /nrnɣθ̱jrwws/

Si algún lector tiene conocimientos sólidos de bereber y quiere poner un granito de arena para determinar cuántas (y cuáles) palabras son, adelante: recibo su aporte con gusto a fin de hacer las correcciones pertinentes, porque no soy sabelotodo. Sólo quisiera decir que, por analogía con el español, uno podría suponer que el texto diría algo así como “cuidado con los opioides”; un magufo que no sepa el idioma de Cervantes aislaría el IOI de opioides sin percatarse que ioi es un triptongo, no un mensaje codificado con números binarios.

Aplíquese el mismo razonamiento con esa lengua afroasiática y llegaremos a idéntica conclusión.

(3:04) Los tuareg, ese pueblo único, orgulloso y hospitalario, forman parte de las etnias que han sabido conservar la escritura y la lengua bereber. Pero la decepción no se hizo esperar. Una cosa es hablar el bereber y otra muy distinta traducirlo. En otras palabras: algunos de los grabados del lucerillo correspondían al bereber antiguo y los tuareg no supieron descifrarlo. (3:36)

Los tuareg no descifraron nada porque IOI no es una palabra. En sí, las letras ⵏ y ⵔ están no solamente en el bereber antiguo, sino también en el alfabeto líbico y en el tifinagh.

(4:00) Aquel fracaso, lejos de rendirme, multiplicó mi entusiasmo. Proseguí las investigaciones profundizando poco a poco en el nuevo misterio. Y las indagaciones en torno a los enigmáticos signos bereber me conducirían mágicamente, casi sin proponérmelo, a otra fascinante y para mí desconocida realidad. ¿De dónde procedía aquella escritura? ¿Arrancaba en el primer milenio a.C. como aseguran arqueólogos y lingüistas? ¿Por qué se perdió su significado original? Lo primero que descubrí es que aquella escritura, aparentemente tan simple, encerraba una enorme fuerza conceptual. Las letras geométricas, de orientación variable en el sentido de la lectura, con ausencia casi total de separación de las palabras, y como en el caso de los alfabetos semíticos, sin vocales, contenían una capacidad de expresión tan intensa como original. (4:35)

Ver enlaces anteriores sobre la cronología del bereber, la cual dependerá de la variante lingüística que se esté estudiando. El proto-bereber, el bereber antiguo, el líbico y el tifinagh no surgieron de golpe; cada uno brotó en etapas distintas de la historia que no deben meterse en el mismo saco.

La fulana pérdida del “significado original” es una vulgar manipulación de este ufólogo. TODAS las lenguas evolucionan y a través del tiempo sobran las palabras con cambios semánticos, y más que eso; mudan en su pronunciación y en su escritura, cuando la tiene. Algunos idiomas mutan más; otros, menos. Cada una es un mundo aparte, por lo que sus transformaciones se deben a muchísimos factores.

(4:43) El bereber, además, puede leerse en cualquier sentido; de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, de abajo a arriba y viceversa, o en espiral. Y las dudas siguieron atormentándome. ¿Quién había ideado una escritura tan perfecta? Y un inevitable pensamiento me acompañó desde entonces. (5:03)

Según lo que hemos leído, no consta que el bereber se lee en espiral, mucho menos el bereber antiguo. De hecho, este idioma debe entenderse como una rama de lenguas que desde hace más de dos milenios ha estado sujeto a montones de cambios.

En suma, los sistemas de escritura no fueron diseñados para tener “perfección” (que no existe en ninguna forma de comunicación de nuestra especie), sino para representar lo mejor posible aquellos sonidos y conceptos presentes en los idiomas hablados por los seres humanos. Por este motivo es que todas las lenguas tienen irregularidades gramaticales; ni el bereber se salva de esta regla.

Ahí se cae de bruces cualquier tesis del lenguaje que implique a los extraterrestres.

(5:04) ¿Por qué la nave de Los Villares lucía aquellos símbolos? ¿Símbolos bereber en una civilización del espacio? ¿Por qué la piedra lanzada por los seres presentaba unos grabados idénticos a los que adornan las rocas del Sahara? ¿Por qué, en fin, se repetían en el anillo de plata los palos y ceros tan habituales en la escritura bereber? (5:27)

Ver refutaciones en el capítulo anterior. Estas preguntas están desencajadas de la realidad.

(6:35) No quise precipitarme. Al conversar con arqueólogos, historiadores y expertos en escritura bereber, comprendí que había cometido un error. No todos los especialistas están de acuerdo a la hora de establecer la procedencia y fecha de aparición del bereber antiguo. Unos lo hacen llegar del Este, situando el nacimiento hacia el primer milenio a.C. Otros, en cambio, como Blanchet, Gsell y José Onrubia, sitúan el proto-bereber en el propio Sahara, y entre el octavo y sexto milenios antes de nuestra era. Esta última teoría concede a la escritura bereber una extraordinaria antigüedad, entre 10.000 y 8.000 años, es decir, muy anterior a los textos escritos en Mesopotamia y en el valle del Nilo. (7:28)

(7:51) ¿Qué significaba esto? Muy simple. Si la escritura bereber tiene 10.000 años, y si nació en el corazón del Sahara, los científicos deberán cambiar la fecha de la historia. La escritura más antigua del mundo no se hallaría entonces en el oriente, sino en África. (8:05)

¡Alto! ¡No tan rápido, magufo! Es cierto que no hay un criterio unánime en el origen del bereber y que el proto-bereber es antiquísimo. Pero con lo demás hay que tener cautela. Hablar de esta última lengua es como hablar del proto-indoeuropeo: se trata de un idioma reconstruido del que no tenemos registros escritos, cuyas características se han teorizado “en reversa”, es decir, partiendo de evidencias que toman en cuenta las migraciones de los antiguos habitantes africanos del Sahara.

Hasta que no haya una inscripción en proto-bereber, los escritos de mayor edad seguirán siendo, de momento, los egipcios y los babilonios. De todas formas, la importancia de un idioma hablado en épocas remotas radica no tanto en su antigüedad ―que sí tiene la familia afroasiática, vale decir― sino en el peso histórico que tuvo su cultura sobre las demás.

(8:46) Y otro detalle que me desconcertó: por más que indagué, nadie supo darme razón de los antecedentes lingüísticos del bereber. Como es lógico y natural, la mayor parte de las lenguas escritas experimentan siempre un proceso natural de evolución; de unos primeros y casi infantiles símbolos se va pasando a signos más concretos y simplificados que derivan en las letras que hoy conocemos. En este sentido, existen numerosos modelos histórica y antropológicamente contrastados. No ocurre así con el bereber antiguo. (9:26)

(9:27) Aunque algunos tratan de hacerlo derivar de la escritura púnica, la verdad es que el problema está muy lejos de ser esclarecido. Científicos como Cans, Chabot, Springer, Onrubia, Aghali, Basset, Galand y otros, han sacado a la luz más de 1.200 inscripciones, todas ellas procedentes del Sahara. En ninguna, sin embargo, se observa el menor vestigio de esa evolución natural. Y obviamente me pregunté: ¿apareció el bereber de repente? ¿De quién fue la idea? ¿Cómo es posible crear una escritura tan simple y certera, sin un proceso previo de maduración? Y lo más importante: ¿cómo explicar que una escritura tan elaborada terminara perdiendo su genuina significación? (10:28)

Esas afirmaciones son engañosas. Se parecen a la falacia creacionista en la que sus partidarios dicen algo de esta naturaleza: “como no hay fósiles intermedios, entonces la especie animal fue creada por diseño inteligente”. Y como no parece haberlos para el bereber, entonces este idioma arrancó de golpe y porrazo, “sin un proceso previo de maduración”.

Vaya estupidez que puede refutarse con bastante facilidad, pues lo que aplica para la paleobiología también aplica para la lingüística. Que aparentemente el bereber no haya experimentado una “maduración” en su escritura no justifica la tesis de un idioma surgido por “diseño inteligente” (mejor dicho, “diseño extraterrestre”).

De hecho, decir “el” bereber como un idioma monolítico es incorrecto. Como observamos en los enlaces de arriba, ese idioma sufrió varias transformaciones:

  • Un proto-bereber oral, sin escritura, que fue contemporáneo a los textos egipcios y babilonios.
  • Un bereber antiguo, con escritura, cuyo cenit fue entre los siglos III y II a.C. El alfabeto se desarrolló para dar representación física a lo que hasta entonces era un idioma exclusivamente fonético. Todavía hay polémica en su origen y formación, pero se sabe que en la Antigüedad ya había variantes para el tifinagh; occidental, oriental, líbico antiguo y líbico bereber.
  • Un bereber “moderno” que permite la romanización, como ocurre con el tamazigh. Otras formas de este idioma, sin embargo, han permanecido con su estructura “clásica”, aunque el significado de su vocabulario debió mutar radicalmente.

Cabe destacar que en el bereber hubo varios estándares ortográficos, y más que eso: que las evidencias más antiguas de esta escritura se hallan en áreas con pinturas rupestres, tumbas y sepulcros. Se puede inferir de ello que su uso fue predominantemente ceremonial y que por ese motivo debieron conocerla personas distinguidas, presumiblemente asociadas al sacerdocio. Por ende, esto conllevaría a suponer que pudo haber tenido una finalidad religiosa, funeraria y/o conmemorativa, con unos signos bien definidos que no se prestan a cambios repentinos.

Lamentablemente, no se puede tener certeza de hasta qué punto se puede corroborar esta afirmación, aunque esto podría explicar por qué a los tuareg de hoy les parece una lengua extraña, a pesar de estar en el mismo tronco lingüístico. Con la posterior llegada del islam a sus tierras, lo más probable es que haya desaparecido aquella presunta clase social que monopolizaba el conocimiento de ese alfabeto, posiblemente destinado a la liturgia.

A esto deben añadirse las influencias culturales de imperios poderosos que relegaron el bereber a un segundo plano. La mejor prueba la tenemos los tuaregs de la actualidad, que también se comunican en árabe, si bien han revivido parte del legado ancestral con el neo-tifinagh.

(10:29) Los tuareg y los bereberes de la Cabilia argelina, entre otros, llegan como mucho a leer algunos de los signos que integran el bereber. Pero no saben traducir la totalidad de las inscripciones. Es como deletrear una frase en alemán; conocemos el significado de cada letra, pero si no sabemos alemán, difícilmente acertaremos con la traducción. (10:51)

La analogía con el alemán es rocambolesca. Propongo una mejor. Lo acontecido con el bereber actual podría ser un reflejo de lo sucedido con el inglés de hoy, que para nada se parece al inglés antiguo. Los historiadores saben muy bien que ese inglés de antaño desapareció por la influencia de lenguas como el francés y el latín, lo cual conllevó a que perdiera sus raíces germánicas. Si William Shakespeare y John Wycliffe trataran de entablar una conversación, no se entenderían.

En el hipotético caso de que sea falsa mi afirmación sobre el alfabeto del bereber antiguo, podría pensarse en la posibilidad de un idioma afroasiático que cambió hasta el punto de quedar ininteligible para las nuevas generaciones hablantes del bereber “moderno”.

(10:53) Conforme fui adentrándome en el desierto y conociendo en profundidad las características de la antigua escritura bereber, más seguro estuve de la extraordinaria antigüedad de aquellos misteriosos signos. Hoy existen técnicas científicas que pueden datar, con razonable exactitud, la fecha de ejecución de pinturas y grabados. El estudio de la pátina de estos últimos, los grabados, es uno de los caminos. Cuando el artista ataca una pared o una roca, al martillear o perforar, elimina la capa de óxido que cubre la piedra dejando un surco blanco, idéntico al color original del soporte. En consecuencia, un grabado de tonalidad clara será siempre más reciente que uno con los surcos oscuros. (11:46)

(11:47) A este primer sistema de datación indirecta, los científicos han ido incorporando otras técnicas cada vez más complejas y seguras. (11:56)

(12:24) Lamentablemente esas avanzadas técnicas científicas de datación no se han centrado en el estudio de la escritura bereber grabada en las rocas. (12:33)

(12:40) Los arqueólogos se han inclinado primero por el análisis de los grabados propiamente dichos, es decir, de los animales y de los hombres allí representados. Y digo lamentablemente porque, según pude verificar, muchos de los símbolos bereber asociados a estos grabados presentaban una pátina tan oscura como el resto de la obra. Es decir, como afirman algunos investigadores, la escritura bereber podría remontarse a unos 8.000 o 10.000 años. (13:14)

No. Eso es un argumento engañoso. Considerando el vandalismo del que han sido víctimas los yacimientos arqueológicos argelinos, es evidente que los expertos no siempre se fíen de la escritura bereber para demostrar nada acerca de las pinturas rupestres en el Tassili.

Además, el dato de Benítez es contradictorio, anacrónico y absurdo; ¿de dónde saca que el bereber antiguo, es decir el escrito, tiene entre 8 y 10 mil años, cuando en esos tiempos lo que había era un incipiente ramaje afroasiático del que luego saldría el proto-bereber, de carácter totalmente oral? Qué tontería. Eso es como decir que los kanjis japoneses se inventaron en el Período Jomon.

(13:20) Y la gran pregunta cobró nuevas fuerzas. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué el significado de esta espléndida escritura terminó perdiéndose? La respuesta estaba allí mismo, entre las ardientes arenas, los cauces secos de los ríos, y las atormentadas moles de piedra. (13:43)

Ver refutaciones y argumentos anteriores. Todo ese párrafo es un desperdicio de saliva.

(13:44) En alguna ocasión tuve conocimiento de esta historia, pero sinceramente no le presté atención, hasta que el destino, siempre atento, me empujó de nuevo hacia ella. Este inmenso desierto, de más de 10 millones de kilómetros cuadrados, no siempre fue un lugar hostil y despiadado. Acompáñeme, y le mostraré algo difícil de imaginar. (14:11)

Una vez más, atacaré por adelantado. En guerra avisada

Vale, ¿qué tenemos y tendremos en los minutos que siguen de filme? Perogrulladas mezcladas con hechos falsos, manipulados y tergiversados por Benítez. Este ufólogo cree que se la está comiendo al divulgar algo que se sabe desde hace tiempo: que el Sahara no siempre fue un erial. En plena era de la información hay artículos que han hablado del tema, con descubrimientos importantes: Sci News, Smithsonian, Live Science y Phys.org, por poner algunos ejemplos de artículos interesantes.

Si buscan libros, hay dos buenísimos, ambos de la Oxford University Press: Vanished Ocean: How Tethys Reshaped the World (2010), de Dorrik Stow, y The Sahara: A Cultural History (2011), de Eamonn Gearon.

De la bibliografía mencionada ―especialmente Stow y Gearon―, se puede decir que el Sahara estuvo cubierto por el Océano de Tetis, que según los estudios científicos se fue secando hace como 2 o 3 millones de años, aunque los análisis más recientes sugieren que eso ocurrió desde hace 7 millones de años, los cuales fueron seguidos por intermitentes etapas de sequías brutales que ,paulatinamente, masacraron a la mayor parte de la vida en el Norte de África. Por selección natural, sólo los más aptos sobrevivieron; los que dependían del agua para sobrevivir, perecieron.

La evidencia para demostrar esto ha sido difícil de encontrar, pero existe: fósiles y restos arqueológicos de asentamientos humanos, con herramientas típicas del Paleolítico. Muchos. Hubo desde criaturas minimales hasta gigantescos dinosaurios, que obviamente se fueron antes que los primeros homínidos. Incluso hay en Egipto un cementerio de cetáceos, que se llama el Valle de las Ballenas. ¿Sabían, por cierto, que en la Prehistoria africana había megafauna y tantos animales, que las sociedades de esa época no paraban de buscar presas? No debería sorprendernos, por tanto, que en el Tassili haya tanta pintura rupestre alusiva a la cacería, a la abundancia de alimento, a pueblos prósperos que comían hasta reventar.

Pero sucede y pasa que la muerte anda borracha. Y cuando creía la gente que estaba gozando un puyero, vino el colapso, la catástrofe, el coñazo climático. Hacia el 2300 y 2000 antes de la Era Común (AEC), África del Norte estaba más pelada que rodilla de chivo, aunque entre los años 10.000 y 4.000 AEC se desarrolló, en contraste, un “Sahara verde” que había dado frutos entre los años 40.000 y 170.000 AEC. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué ese dramático descenso del paraíso al infierno?

En breves términos, se acabaron las lluvias debido a cambios metereológicos en la Tierra que hicieron del Sahara el desierto que es hoy. Con el Sahara se fueron al garete las culturas que habían florecido en sus parajes, se extinguieron numerosas especies y los seres humanos comenzaron a emigrar en masa a cualquier lugar donde hubiera agua y, por supuesto, animales, ya ni hablar de tierras fértiles. Los más astutos crearon asentamientos en los ríos, rehicieron sus vidas y fundaron nuevos pueblos.

Los habitantes del Tassili habían vivido todo aquello. En esos avatares tuvieron tiempo de pintar sus cuevas, cuyo arte rupestre se encuentra dividido en cinco períodos:

  1. Un Período del Cazador (12.000-7000 AEC), distinguido por retratar la cacería de bóvidos salvajes, como el Bubalus antiquus.
  2. Un Período Arcaico, Pre-Pastoral (ca. 10.000/8000-5000 AEC), también llamado Período de los Cabezas Redondas, en el que se pintaron muchas figuras antropomorfas de cráneos redondeados. El último nombre se lo deben a Lhote, quien como se dijo en el capítulo anterior, era un farsante, que de paso dio pie a las alocadas teorías de Erich von Däniken.
  3. Un Período Pastoral (ca. 7500/5000-4000/2500 AEC), caracterizado por las abundantes muestras de la domesticación de animales en el Tassili, como la del ganado bovino.
  4. Un Período del Caballo y del Carruaje (3000-800 AEC), donde aparecieron los vehículos con ruedas, tirados por corceles.
  5. Y un Período del Camello (2000/400 AEC-¿presente?), donde hay dromedarios.

De los períodos señalados, sólo los primeros tres corresponden directamente con la auténtica prehistoria del Tassili; los demás comprenden momentos de la historia en que muy probablemente no hubo la menor intervención de los nativos en la zona, sino de pueblos que estuvieron de paso. Esto es porque para el Período Pastoral las pinturas rupestres ya habían entrado en decadencia, puesto que sus habitantes originarios habían iniciado la emigración del lugar para nunca más volver. ¿Motivo? La irreversible desertización del Sahara.

Con esta información, basada en ciencia de verdad y no en mamarrachadas magufas, creo firmemente que tenemos herramientas más que contundentes para reconocer en un parpadeo cuáles pinturas del Tassili son genuinas, cuáles son “interpolaciones” posteriores y, más aún, cuáles son fraudes descarados.

(14:48) Supongo que es lógico. El hombre del siglo XXI ha conocido el Sahara tal y como es. Una región desolada donde las precipitaciones anuales apenas rondan los 100 milímetros. Un inmenso horno en el que la vida pelea dramáticamente por sobrevivir. Una interminable y cansina sucesión de arenales y gigantes rocosos apenas coloreados por las fugaces sombras de hombres y animales. Miles de kilómetros desde el Atlántico al Mar Rojo, incomprensiblemente condenados a la esterilidad y la muerte. Cincuenta y hasta sesenta grados de temperatura durante el día, y un frío helador bajo el más hermoso firmamento del planeta. Un coloso rojo, negro o amarillo, casi agonizante. Un desierto extremo donde el agua es contemplada y mimada como una mujer. Pero no siempre fue así. Retrocedamos en la historia y abramos otra puerta en esta mágica aventura. (16:01)

No retrocedamos tanto ni caigamos en los desmadres cronológicos del ufólogo español. Pongamos seriedad al asunto, ¿OK? Se trata, después de todo, de africanos luchando contra las especies y el clima de su tiempo, no de Trucutú triturando la cabeza del Triceratops con su martillo.

(16:04) Todo empezó hace 12.000 o 13.000 años, cuando los hielos de la última glaciación empezaron a retirarse. Según los expertos, en el último millón de años, durante el Cuaternario, nuestro planeta experimentó importantes cambios en su eje. De los 23º, inclinación habitual respecto al plano de su órbita, la Tierra osciló hasta los 22 y 25 grados en ciclos de 41.000 años, provocando sensibles variaciones climáticas. En ese millón de años, mientras el hombre aparecía y despertaba, nuestro mundo registró cuatro grandes y demoledoras glaciaciones. La última cubrió buena parte de América del Norte y Europa, llegando a las puertas de Londres, París y Moscú. La península escandinava quedó cubierta por una capa de hielo de 2.400 metros de espesor. (17:33)

(17:34) Y hacia el 13000 antes de nuestra era la glaciación retrocedió concediendo un respiro al mundo. Los hielos se fundieron y los océanos elevaron sus niveles en 120 metros. Niveles que conservan en la actualidad. (17:51)

(17:58) El frente polar se reactivó enviando humedad desde el Noreste hacia el Mediterráneo, y otro tanto sucedió con los benéficos monzones, que soplaron cargados de lluvia desde el Golfo de Guinea. Y el Sahara despertó a la vida. Las aguas freáticas ascendieron. Los lagos entre dunas se multiplicaron a millares. Los ríos rugieron de nuevo. Del macizo montañoso del Ahaggar, al Sur de Argelia, brotaron decenas de cauces antaño consumidos. Y el agua fue bañando el gran desierto transformándolo. Uno de los caudalosos ríos, el Igargar, tan ancho como el actual Amazonas, nacía impetuoso en el Sur recorriendo casi 2.000 kilómetros hasta formar un lago de 400 kilómetros al Sur de Túnez. Otros ríos como el Saura, nacido en el Atlas, se unían al Tamanrasset desembocando fértil y generoso en el Atlántico. El Tilemsi, se ocupaba de bendecir el Níger, y el Tafassasset transformaba el Sur del Sahara, sumando sus torrenciales corrientes a un lago Chad, ochenta veces superior al que hoy conocemos. (19:21)

(19:24) Y la vida surgió imparable y lujuriosa. Arenales, montañas y wadis se despojaron del negro, del rojo y del amarillo, de la sed y del silencio, vistiendo el verde de la jungla, de la sabana, y el azul de los interminables lagos. Fue una explosión vital. Lo que los científicos llaman el “Gran Húmedo”, uno de los períodos más fértiles del viejo y cansado desierto. El Sahara se convirtió así en algo que hoy cuesta trabajo imaginar. Un auténtico paraíso. Y el lugar donde todavía nos encontrábamos, recibió el nombre exacto: Tassili, meseta entre ríos. (20:15)

(20:18) La nave Columbia y los satélites artificiales han proporcionado imágenes rotundas. Esos wadis o cauces secos que muestran las fotografías, tomadas a 180 kilómetros de la Tierra, lo dicen todo. También las imágenes infrarrojas y las captadas por radar demuestran que bajo las ardientes arenas existió en la Antigüedad toda una red de lagos conectados, algunos de hasta 7.000 kilómetros cuadrados. (20:50)

(20:57) Aquí mismo, en la reseca meseta de Tamrit, pudimos contemplar los heroicos restos de lo que sin duda fue uno de los bosques más impenetrables del planeta. Los cipreses de Tassili, gigantescos ejemplares de hasta 6 metros de circunferencia, hoy agonizantes, pero todavía altivos, recordándonos el antiguo esplendor de la zona. El propio Lhote, en sus incursiones hasta el Teneré, una de las regiones más sofocantes del Sahara, llegó a descubrir notables acumulaciones de huesos y espinas de pescados que podrían llenar varios carros, y que constituyeron parte importante de la dieta de los antiguos pobladores. (21:38)

(21:39) Y qué decir de los grandes morteros de piedra, de una sola pieza, descubiertos en todo el Sahara, prueba evidente de que el cereal cubría grandes extensiones. El mismísimo Herodoto, historiador y geógrafo griego, escribía en el siglo V a.C. refiriéndose al Sahara: “esta comarca y el resto de Libia, en dirección a poniente, están más pobladas de fieras y más cubiertas de bosques que la de los nómadas”. (22:20)

(22:22) Las fieras. He ahí otra de las pruebas de cuanto afirmo. Una fauna salvaje dominó también el Sahara cuando la naturaleza lo transformó en el más bello jardín. Son precisamente los grabados en piedra, los que atestiguan la realidad de estas bestias en pleno Neolítico. (22:42)

Quitando a Lhote del camino, la información provista en estos minutos del filme me parece cierta, casi sin irregularidades. No hay una señal de vida alienígena allí. El que quiera contribuir aportando información para precisar algún error o mentira de Benítez, que me lo haga saber. No me molestaré demasiado en comprobar cada cosa que dice porque no va al grano con el tema, que es la pintura rupestre del Tassili. A mi juicio, él está mareando al espectador con muchos datos sueltos para hacerlo creer que sus afirmaciones de extraterrestres ancestrales tienen fundamento científico.

(24:26) Nuestras informaciones no estaban equivocadas. Al alcanzar los Mathendous quedamos sobrecogidos. Aquí, en una cadena de peñascos y rocas de 15 kilómetros, nos esperaban miles de grabados. Miles de grabados datados en 10.000 años, quizás más. Grabados de todos los tamaños, algunos minuciosa y bellamente pulidos en su interior. Grabados que, efectivamente, demostraban que el gran jardín había sido poblado por toda suerte de animales salvajes. Las jirafas fueron trabajadas con gran detalle. Contamos hasta ocho especies diferentes. Un animal cuya dieta básica la integran hojas y espinas de acacia. (25:13)

(25:42) Y otra prueba más de la realidad de ese paraíso: el rinoceronte, un animal muy exigente con el agua. Rinocerontes con cuernos de metro y medio de longitud, y cabezas de 80 centímetros, características propias del temido rinoceronte blanco africano. Así lo vieron los hombres del Neolítico y así lo grabaron. (26:18)

(26:28) Y entre este esclarecedor bestiario del Sahara, otra pieza clave que nos transporta al gran jardín sahariano: el elefante. Encontramos grabados de todos los tamaños. En el Djerat, Henri Lhote describió un ejemplar de 4,70 metros de longitud, un tamaño relativamente habitual entre los machos de 30 y 40 años. Y otro rasgo que pone de manifiesto la capacidad de observación de los habitantes del jardín y su gran preocupación por la fidelidad: en algunos grabados los elefantes aparecen con la cola doblada en ángulo recto, una actitud adoptada por las hembras antes del apareamiento. (27:13)

(27:21) Grandes paquidermos que consumen alrededor de 100 litros de agua al día, y que obviamente tampoco habrían sobrevivido de no haber existido ese exuberante paraíso. (27:32)

(27:37) Un Sahara verde y acuático, tan difícil de imaginar, en el que los saurios de multiplicaban a millares. El gran cocodrilo de los Mathendous así lo confirma. El ejemplar, un adulto de 2,50 metros seguido por una cría, fue grabado hace miles de años. La oscuridad de la pátina no ofrece dudas. (28:00)

(28:29) La fidelidad en el trazado una vez más es contundente. (28:33)

(28:48) Nueva sorpresa. ¿Hipopótamos en el desierto? Quizá la pista más notable de lo que afirmo. El hipopótamo no puede vivir sin el agua. Es su medio natural. Pues bien, los especialistas en grabados y pinturas han localizado en el Sahara un centenar de representaciones de este coloso, todas ellas en Djerat, Tassili y Messak, es decir, en el gran horno sahariano. (29:18)

(29:25) En este macizo de Messak donde nos encontramos han sido contabilizados 60 grabados, y todos con una pátina oscura, señal inequívoca de una gran antigüedad. (29:38)

Si son de 10 mil años de antigüedad, estaríamos hablando del Período del Cazador. No obstante, las mejores pruebas de las especies animales que habitaron el Sahara están en el registro fósil, que es acompañado por la evidencia arqueológica disponible. Y olvidémonos nuevamente de Lhote, por favor, basta ya de citar farsantes.

Los grabados y pinturas no siempre son pruebas fiables por las razones oportunamente expuestas, es decir, por el vandalismo y las falsificaciones que han arruinado el arte rupestre del Tassili. En este sentido, es preciso decir que no todos los animales representados corresponden a especies vivas en la actualidad, porque muchas están extintas.

El argumento de la “pátina” ignora que el color oscuro puede deberse a pigmentos de tonalidades rojizas, ocres o parduzcas, con retoques en negro. En los grabados sobre piedra, me parece, a simple vista, que la erosión los hace lucir más antiguos de lo que realmente son.

(29:55) Pero no todos son animales conocidos. El hombre del Neolítico, sin querer, nos ha proporcionado con sus grabados la prueba de la existencia de ejemplares hoy desaparecidos. Este es el caso del uro y del búfalo antiguo. El primero, magníficamente esculpido en la roca, fue el supuesto ancestro de los bóvidos domesticados en Oriente Medio, Europa y África del Norte. El Bos primigenius era un animal imponente que alcanzaba 1,70 metros en la cruz. En las paredes del Sahara se presenta sistemáticamente de perfil, salvo la cornamenta. Una cornamenta igualmente gigantesca y en forma de tenaza. Algo que coincide con las modernas excavaciones arqueológicas y los testimonios escritos sobre el último uro registrado en Polonia en 1625. (30:53)

(30:55) En cuanto al búfalo antiguo, los grabados descubiertos en el Atlas, Tassili y Messak resultan igualmente providenciales. Este formidable ancestro del búfalo actual recorrió África durante un millón de años, y compartió hábitat con el hombre de la Edad de Piedra. (31:16)

(31:25) Sus grandes dimensiones con cornamentas de más de tres metros de envergadura debieron impresionar a los habitantes del jardín sahariano. (31:32)

En líneas generales, eso es correcto. Seguimos en el Período del Cazador.

(32:10) Leones, leopardos, panteras y toda suerte de felinos se unen en el desierto líbico a la fauna que habitó aquel paraíso del Neolítico. Felinos al ataque. Avestruces esbeltas. Perros al servicio del hombre. Decenas de antílopes, algunos casi extinguidos como el órice, la gacela de Waller y el antílope búbalo. Muflones de cuernos anillados y largas crines en cuello y pecho, hoy desterrados a las solitarias cumbres y mesetas del Tassili. Y por fin, decenas y decenas de vacas; otro animal que nos conduce indefectiblemente a la abundancia de pastos, a un clima benigno y a la presencia de ríos y lagos. (33:28)

A mi juicio, eso es correcto, salvo la tergiversación de etiquetar a todos esos especímenes en la misma categoría, como si hubieran sido pintadas en una sola etapa. Los animales domesticados y las vacas pastando corresponden al Período Pastoral.

(33:35) Y entre estas pinturas, algo desconcertante. ¿Una ballena en el Tassili? ¿Un cetáceo a 2.000 kilómetros del mar? (33:43)

Seguramente hubo cetáceos en el Tassili del “Sahara verde”, aunque la pintura no da grandes detalles sobre éstos. Habrá que acudir a la evidencia fósil, a ver qué dice.

(35:21) El Sahara, en fin, nos grita desde los cuatro puntos cardinales que su pasado fue rico y esplendoroso. Hasta el áspid de Cleopatra, la serpiente de los encantadores, nos recuerda aquel tiempo benéfico. Esta cobra indostánica, emigrada de los trópicos, no debería existir en el Sur de Libia y Argelia. Sin embargo, ha logrado sobrevivir. Es otra prueba de la existencia de aquel paraíso. (35:57)

Se llama selección natural. A ver si toman nota los creacionistas.

(36:18) Bueno será que recapitulemos, y permítame que lo haga a mi manera. ¿Qué hemos encontrado en este desierto? Pinturas, grabados y toda clase de información que nos trasladan a un Sahara insólito. Un Sahara acuático conectado por ríos y miles de lagos, en los que el hombre de hace 10.000 años pescaba y navegaba. (36:43)

(37:23) Hemos hallado la imagen de un barco de tres palos en una colina de 600 metros de altitud. Zinkikrá; en mitad del hoy abrasador desierto de Germa en Libia. (37:34)

Puede ser que los habitantes primigenios del Tassili hayan surcado las aguas que corrían por la región, aunque es improbable que hubieran conocido la navegación con vela. En sí, la imagen en la piedra ni siquiera parece la de un barco, sino el dibujo de tres enormes colinas o formaciones rocosas con forma triangular ―más bien, cónicas, por sus vértices suaves― que descansan sobre una superficie plana, en medio del horizonte.

(37:50) Es posible que la ciencia sonría burlona, pero qué importa su escepticismo, si las pruebas son tan abrumadoras. Esta es mi teoría. (37:59)

La mejor manera de identificar a un pseudocientífico es en su actitud hostil a cualquier escrutinio escéptico, a las preguntas y hechos que le incomodan. En el caso de Benítez, acabamos de ver que se caga en lo que está científicamente demostrado y pone en marcha su “teoría” a sabiendas de su falsedad. Eso es lo que han hecho personas sin escrúpulos como Griaule, Lhote, Darquea, etc.

(38:08) En pleno “Gran Húmedo”, hacia el 9000 antes del presente, una o varias civilizaciones no humanas tomaron el centro del jardín en el corazón del Sahara como base de operaciones, y prendieron la mecha de una nueva humanidad. (38:25)

Una cosilla. No recuerdo que en ningún lado de la paleontología se hable del “Gran Húmedo”, sino del Periodo Húmedo Africano, que aconteció durante el Máximo del Holoceno.

Adicionalmente, la argucia de los extraterrestres es falsa de narices, por razones ya expuestas.

(38:27) Escafandras, antenas, trajes hinchados, botas y guantes son testimonios demoledores para quien conserva la mente abierta. Es más que probable que fueran tomados por dioses. ¿Qué otra cosa podían pensar aquellos recolectores y cazadores cuya industria se centraba en el sílex y en las hachas de piedra? Y la meseta del Jabbaren, desde entonces, fue llamada “Tierra de Gigantes”. (38:57)

Ver refutaciones del capítulo anterior. Eso es mentira. Tener la mente abierta no es dejar que se caiga el cerebro. ¿Qué clase de alienígena viaja millones de años luz con el propósito de enseñarle a unos africanos semidesnudos cómo usar herramientas de piedra y sílex? Sólo un extraterrestre con retraso mental lo haría.

(38:58) Y a la vista de estas pinturas, el instinto y mi larga experiencia como investigador, me dicen que esos seres del espacio pudieron intervenir a nivel genético mejorando las razas. (39:12)

¿Mejorar qué? ¡Pero qué afirmación tan cojonudamente racista, aparte de falsa! ¡No hay ni una maldita prueba genética que demuestre esta idiotez!

(39:42) Pero sus planes, quién sabe, fueron más allá. ¿Enseñaron también la domesticación de animales? En los grabados que muestran la fauna salvaje, justamente los más antiguos, observamos un hecho muy significativo: entre elefantes, jirafas, rinocerontes y felinos, apenas vemos bóvidos conducidos por hombres o perros colaborando en las cacerías. Es en los períodos posteriores, a partir de los Cabezas Redondas, cuando surgen los rebaños, los arreos, las escenas de ordeño y los pastores. En los grabados de la fauna salvaje, datados por Morie entre el 12000 y el 9000 antes de nuestra era, no asistimos a escenas de domesticación porque en mi opinión el descenso de esos seres no humanos pudo registrarse después, justamente hacia el 9000. (40:40)

No, no, no, y mil veces no. Vean los argumentos expuestos sobre las etapas de las culturas prehistóricas en el Tassili. Ahí se le enredó el papagayo completamente a Benítez porque mezcló la cronología de las pinturas rupestres. La domesticación de animales está en el Período Pastoral, no en el Período de los Cabezas Redondas ni en el Período del Cazador.

(40:41) Y otro detalle que me llena de dudas: ¿se produjo esa domesticación de la noche a la mañana? Todas las especies animales han necesitado de mucho tiempo para disfrutar de sus peculiares características. Así lo exige el desarrollo de la vida. Y me pregunto: ¿cómo se las ingenió el hombre del Neolítico para modificar lo que la evolución había ido fijando en cientos de miles de años? ¿Cómo explicar que los bóvidos perdieran su natural agresividad? ¿Cómo lograr que algunas aves se vieran desprovistas casi de un día para otro de su capacidad para volar? La respuesta sólo puede ser una. Quizás esos seres no humanos manipularon genéticamente las especies que estimaron más provechosas para el hombre. Pero los experimentos, muchos de ellos fallidos, pudieron abarcar a otros animales. (41:37)

Ver refutaciones anteriores. Esto es falso y desfasado cronológicamente. La prueba la tenemos en el lapso que transcurrió entre el Período del Cazador al Período Pastoral, es decir, que pasaron entre 4.500 y 5.000 años para que el hombre del Tassili dejara de cazar y se dedicara a la ganadería, lo que implica un estilo de vida sedentario que le dio tiempo para criar especies por ensayo y error.

Por tanto, la única manipulación genética fue hecha por los mismos africanos, mediante algo que se llama “selección artificial”, principio explicado por Charles Darwin que sigue teniendo sobrada validez científica.

(41:37) Esto explicaría la presencia en las pinturas de bestias desconocidas, y seres que la arqueología califica de “mitológicos”. Avestruces con cabezas de bóvidos. Hipopótamo con dientes de carnívoro. Antílopes con cuerpo de elefante. Jirafas con cabeza de asno. O grandes paquidermos con tres cuernos. Y todas estas imágenes pertenecientes a un mismo período: el de los Cabezas Redondas. (42:08)

Ver refutaciones del capítulo anterior sobre el bestiario del Tassili. Esto es mentira.

(42:22) Y encontramos también vestimentas y tocados imposibles. Imposibles para un Neolítico hace 9.000 años, en el que no se conocía aún el arte del hilado. Pinturas y grabados en los que las mujeres lucen vestidos transparentes, capas bordadas y teñidas en múltiples y vivos colores y un calzado impropio de la época. ¿De dónde surgió este ropaje? ¿Quién lo fabricó? ¿Quién enseñó a estas tribus el arte del aseo y la peluquería? (42:56)

El Neolítico africano comenzó aproximadamente en el transcurso del VI milenio AEC; en el Tassili, estaríamos en el Período Pastoral. Puede que la población haya tenido ropa más elaborada y que sus mujeres hayan lucido singulares atavíos personales. No obstante, lo extraño es que en ninguna fuente consultada hay mención de algún resto arqueológico que lo demuestre. Tal vez eso no pasó, por lo menos no en los términos descritos por el ufólogo español.

Sin embargo, de lo que sí estamos seguros es que ese anacronismo pictórico puede deberse a que esas obras de arte, es decir las señaladas por Benítez, podrían ser exactamente las falsificaciones del equipo de Lhote. Claro está, eso no quita que las mujeres del Tassili no hayan seguido los cánones de belleza propios de su tiempo.

(44:22) Cuanto más investigo estas pinturas rupestres, más convencido estoy de la intervención de esos enigmáticos seres del espacio. Fueron ellos los que sin duda dieron el primer aliento civilizador a unas gentes casi desnudas, sin Norte y con una precaria conciencia de sí mismos. (44:42)

Otra afirmación racista. En ésta, los africanos de la Prehistoria eran simple y llanamente tarados, bárbaros, débiles mentales, incultos y buenos para nada.

Pues NO. Porque una sociedad que cazaba toros bravíos no sólo debía tener las bolas bien puestas, sino que también debía conocer muy bien a esos animales salvajes: alimentación, ritmo de sueño, reproducción, desplazamiento, defensa de los depredadores, huellas e incluso el aspecto de su excremento. Para atacar un animal de esos en grupo, había que tener liderazgo y saber trabajar en equipo.

De este modo, esa falacia es de lo más ridícula. Tanto en el Paleolítico como en el Neolítico, los pueblos del Tassili eran muy inteligentes. Aunque tuvieron una complejidad distinta a la de sus homólogos europeos, sus nociones de cómo era el mundo y, más aún, de cómo eran ellos mismos, demuestran que fueron capaces de pensar. Por consiguiente, la única incultura es la de Benítez.

(44:47) Fueron ellos los que muy probablemente infundieron en los clanes de la Edad de Piedra las sublimes ideas de la divinidad, de lo trascendente y de la supervivencia después de la muerte. (44:59)

Falso al 100%. Ver refutaciones anteriores.

(45:01) Fue en ese tiempo cuando el hombre de la Edad de Piedra experimenta un brusco giro en sus costumbres, y en lugar de abandonar a los muertos a su suerte procede de pronto a sepultarlos en enormes y elaborados túmulos. ¿Casualidad? Unos túmulos de piedra formados por anillos concéntricos, y muy cerca de los abrigos en los que pintaban a los Cabezas Redondas. Sólo en el Fezzan libio han aparecido más de 60.000. (45:31)

(45:34) ¿Por qué esa estructura tan parecida a las de las naves de los gigantes? ¿Otra casualidad? ¿Fue un recuerdo o un homenaje a los dioses instructores? ¿Pensó el hombre primitivo que así enterrando a sus muertos en una tumba con forma de nave tendría más fácil el acceso a los cielos? (45:51)

(45:52) Después de todo, ¿qué eran aquellos prodigiosos carros de fuego? ¿No eran unos objetos que procedían de las estrellas? (46:01)

Argumento sin sentido. Los túmulos, de hecho, tienen una forma anular, con una redondez desigual e inexacta, tal como sucede con los “círculos concéntricos” pintados a mano alzada en las cuevas del Tassili.

En suma, ¿qué tiene de raro enterrar a los muertos con piedras encima, las cuales se reúnen en forma circular? Nada. Muchas culturas han hecho cosas similares sin que haya indicios de contacto alienígena con ellas.

Asimismo, de nada sirven las comparaciones estrambóticas de esos túmulos con fotos bien borrosas de OVNIs, porque es rayar en lo ridículo. Por ejemplo, la imagen del platillo volador en Barra de Tijuca (Brasil), tomada en 1952, es una falsificación.

(46:12) Una o varias civilizaciones no humanas, sí, que desencadenaron una gran cultura en el corazón de África. Una cultura que, según mis estimaciones, habría arrancado mucho antes de lo que imaginamos. Una cultura apuntada en miles de pinturas y grabados que muy pocos conocen. (46:31)

(46:32) Una cultura que recibió también el precioso tesoro de la escritura; una forma de comunicación directamente enseñada por los dioses. Una escritura, por tanto, que no precisaba de evolución alguna. Por eso los científicos no consiguen encontrarla. Por eso nunca la encontrarán. No tengo la menor duda. (46:55)

(46:57) La escritura bereber antigua, que se extiende por el Sahara, la que fue observada en la cúpula de la nave que apareció en Los Villares, la que adorna la piedra esférica lanzada a los pies del anciano español. Y los signos grabados en el anillo de plata depositado en el fondo del Mar Rojo tienen un mismo origen: los gigantes de Tassili. (47:23)

Ver refutaciones anteriores. Todo eso es mentira, con excepción de algunos enigmas pendientes del bereber antiguo que no avalan las burradas de Benítez.

(47:36) El rompecabezas, como ve, empieza a tomar forma. Pero quedan algunas incógnitas por despejar. Y regreso a la vieja pregunta, un asunto que no he olvidado: ¿qué ocurrió con esta magnífica lengua? ¿Por qué desapareció su significado original? Sígame y le contaré una nueva historia. Por supuesto, otra historia mágica. (48:02)

No, es al revés: el rompecabezas está completo, no le faltan piezas. O puede que sí, pero son interrogantes que pueden resolverse sin menester de seres espaciales. Lo que se haya dicho sobre el bereber, ya se encuentra explicado más arriba. Cuando sea pertinente, ampliaré el asunto cuando toque lidiar con los guanches, íberos y etruscos, de los que se hablará en el próximo episodio.

Englobando lo discutido hasta el momento, podemos entender que los nativos del Tassili, así como los tuareg, no han tenido vínculos con los extraterrestres. Ninguno, de ninguna manera. Sólo es cierto que el Sahara de otrora fue un sitio vivo, reluciente, esbelto; un paraje que la naturaleza hizo perecer. Sus primeros pobladores tuvieron una cultura riquísima capaz de forjar asentamientos, en los que se cazaron bestias salvajes, se criaron animales, se adoraron dioses, se dibujó su arte rupestre y, sobre todo, se habló un idioma del que nos quedan unos insondables retazos de su escritura antigua. Aunque fue sin duda primitiva, lo cierto es que la idiosincrasia africana de la Prehistoria evolucionó en medio de dificultades que fueron afrontadas con su inteligencia para aclimatarse a entornos extremos, sin la imaginaria intervención de los Cabezas Redondas.

Bien, eso es todo por hoy. Hasta la próxima.

Volver al prólogo e índice de artículos

Capítulo 1 – ¿Cuál huella?

Capítulo 2 – La isla bonita

Capítulo 3 – Hache dos o

Capítulo 4 – Yisus Craist

Capítulo 5 – Secreto de uno, de ninguno

Capítulo 6 – Dios es tracalero

Capítulo 7 – Una “cajita feliz”

Capítulo 8 – Palito-Cerito-Palito

Capítulo 10 – Sahara muerto

Capítulo 11 – Locademia de arqueología

Capítulo 12 – Mirlo fantasma

Capítulo 13 – Las metras alienígenas

Capítulo 14 – ¿De dónde vino el fraude?

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