Ciencias y pseudociencias

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Imagen tomada de La pulga snob.

De una manera concisa, pero no por ello menos clara, hay que explicar las características que distinguen las ciencias de las pseudociencias, las cuales se han descrito con más detalle, por ejemplo, en la Wikipedia angloparlante y en El mundo y sus demonios, libro de Carl Sagan del que hice una reseña. Así, no me detendré a repetir lo que ya se ha dicho ni a examinar ninguna pseudociencia en particular porque tengo una sección exclusiva en este blog para hacer eso, por lo que he de hablar sobre cuatro puntos clave que siempre considero al momento de criticar y refutar los aspectos más llamativos que identifican el falso conocimiento del verdadero.

El primer punto junta la metodología y el rigor. Las ciencias usan el método científico para analizar su objeto de estudio. El objetivo de éste es garantizar la fiabilidad y veracidad en lo estudiado, además de obtener los resultados que correspondan a las teorías vigentes. Si se postulan nuevas teorías, éstas se revisan con cuidado para comprobar si están en lo correcto; de lo contrario, se descartan. Las ciencias vigilan que no haya manipulación de los resultados, que no se saquen conclusiones forzadas de hechos no comprendidos en su totalidad, que no haya dogmatismo o que se generalicen realidades científicas de diferentes naturalezas. El rigor y la objetividad en la aplicación de los métodos es fundamental para poder analizar las realidades enfrentadas como son, y no como queremos que sean. Sigue leyendo

Aplicando el escepticismo a los fraudes interneteros

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Una realidad incontestable en el mundo internetero es, precisamente, el hecho de ser con frecuencia invadidos por fraudes de todo tipo. ¿Son molestos, verdad? Sí, y si usted los ha mirado con detenimiento habrá notado que cada uno de ellos que llegan a su bandeja de entrada ―o a su muro, o a la portada de las redes sociales a la que esté metido― suele ser una mentira o una verdad a medias. En cualquiera de los dos casos veremos que su detalle más peculiar es que se viralizan con una rapidez tremenda, especialmente aquellos donde hay información de corte alarmista. Claro está, no necesariamente podemos ver falsas alarmas. En ocasiones es posible ver algunas teorías extrañas sobre asuntos de historia, religión, política, ciencia o tecnología, todas ellas orientadas a decir la “verdad” sobre alguna cosa o a señalar “la auténtica cara de Fulano”.

También es posible ver que, independientemente de si son o no son cadenas de email, se incluye la temática social, específicamente cuando se trata de personajes famosos u organizaciones demonizadas como la archiconocida Microsoft; por tanto, no es de extrañar que aquí sea nulo el aprecio por los hechos. Pero los hoaxes no son creados de la nada. En efecto, se originan de teorías conspirativas, mitos de toda índole, leyendas urbanas, malentendidos sobre temas que pueden dar lugar a controversias y supersticiones aún vigentes en nuestra cultura cotidiana. Inicialmente, muchos de estos contenidos de carácter seudocientífico estaban en libros, revistas o folletos. Después del auge del Internet, la distribución en cadena de estos embustes se hizo en formatos más prácticos que repopularizaron afirmaciones absurdas ya refutadas con sólo reeditar las historias originales en un documento de texto en compañía de imágenes “pescadas” en cualquier base de datos. Sigue leyendo