El desconcertante Proyecto Libro Azul

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De todas las supuestas evidencias ofrecidas por la ufología para tratar de demostrar el ocultamiento de los Objetos Voladores No Identificados, una de ellas está asociada a un programa de investigación realizado en los Estados Unidos que fue denominado como Proyecto Libro Azul (PLA, de ahora en adelante). El PLA tuvo dos objetivos centrales: analizar científicamente los OVNIs y determinar si los mismos representaban algún peligro para la seguridad nacional de ese país. Aunque en 1947 ya se tenían los primeros reportes, no fue sino hasta 1952 cuando el PLA arrancó formalmente sus indagaciones, las cuales históricamente se llevaron a cabo durante poco más de dos décadas.

El final del PLA fue anunciado el 17 de diciembre de 1969, y para enero de 1970 sus actividades habían cesado por completo, sin posibilidades de reiniciarse; la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF, por sus siglas en inglés), que estuvo a cargo de las investigaciones, las desestimó por motivos económicos ya que su presupuesto estuvo más enfocado al desarrollo de armamento y a cubrir los elevadísimos gastos bélicos de la Guerra Fría que a la averiguación de un fenómeno del que a duras penas había información disponible. Desde ese entonces, la USAF se desentendió por completo del tema OVNI y probablemente lo seguirá haciendo.

Al situar el PLA en su entorno temporal y geopolítico, comprenderemos que éste lidió con los OVNIs principalmente bajo el concepto de una potencial amenaza a la soberanía estadounidense por parte de potencias foráneas, como la Unión Soviética, lo cual explica el interés inicial de la USAF en la búsqueda de una explicación a esta inquietud, así como el surgimiento de teorías conspiranoicas y seudocientíficas apoyadas en la discreción del gobierno que, por tratar con oficios militares, resguardaba con mucho celo cualquier dato que pudiese considerarse como secreto de Estado. Y vaya que sí lo era, por el miedo a que algún país del bloque comunista poseyera algún arma nuclear que, ignoto a los norteamericanos, burlara sus sistemas de defensa.

Fuera de la custodia de la USAF y terminada la Guerra Fría, ahora sabemos lo que estaba detrás de un velo, como que los miles de documentos desclasificados del PLA están divididos en tres categorías: a)archivos administrativos o de proyectos sin concretar; b)archivos de avistamientos individuales que son ordenados cronológicamente; y c)archivos de la Office of Special Investigations (Oficina de Investigaciones Espaciales, i.e. OSI, por sus siglas en inglés), algunos de ellos clasificados por fecha o lugar. En estos expedientes se ha escrito una realidad en la cual el PLA concluyó que los OVNIs no ponían en riesgo a los Estados Unidos, que ninguno de ellos tenía una tecnología superior al conocimiento científico existente en la época y que no se identificaron vehículos alienígenas ni nada por el estilo.

Aunque es unánime el veredicto de la versión oficial, hay que reconocer que la fiabilidad del PLA atraviesa por ciertos problemas intrínsecos que nos advierten sobre lo cuidadosos que debemos ser en la investigación documental, razón por la cual debemos ir más allá de los reportes para contrastarlos con los hechos científicos, si bien eso no quita que, como veremos más abajo, el misterio en torno al PLA es imaginario. En el primero de ellos, hay veces que los informes, presionados por la burocracia del gobierno, dieron soluciones veloces, que no arbitrarias, a los casos que examinaron con o sin la asesoría de especialistas; segundo, montones de archivos están perdidos porque fueron hurtados, trasladados a otras ubicaciones, se traspapelaron o se deterioraron por falta de mantenimiento, lo que ha perjudicado su legibilidad; tercero, hay informes erróneamente atribuidos al PLA; cuarto, la imprecisión de algunos reportes se debe a las vaguedades de los testimonios del avistamiento; y quinto, no todos los reportes fueron redactados con esmero, ni con el mismo formato, ni con soporte fotográfico.

Dicho en palabras alternas: los documentos del PLA son a menudo útiles, pero tienen vacíos y errores que son también comunes en una biblioteca pública, en los despachos del gobierno o en cualquier sitio donde hayan cientos de miles, e incluso millones, de hojas llenadas rutinariamente con formularios, nóminas, planillas y tablas donde se hace un inventario de lo que hay en una organización, desde información laboral hasta la contabilidad de una empresa. Por muy ordenados que estén, los papeles son muy propensos al extravío, y los del PLA no se salen de esta regla en la cual vemos más la acción de la torpeza y la desidia humana que la elaboración de un plan orquestado para callar una realidad que, como observaremos subsiguientemente, es menos enmarañada de lo que muchos ufólogos creen.

En términos simples, el archivo Nº 62-83894 es una correspondencia sobre el nuevo PLA. El 12 de septiembre de 1989, en una carta dirigida William S. Sessions, director del FBI, un anónimo ―a quien llamaré Mr. A― ilustró el propósito de esta iniciativa. Él dijo (p. 8, párrafo 3) que “el nuevo Proyecto Libro Azul es una continuación civil del primigenio Proyecto Libro Azul, el cual fue cerrado en 1969. Aquí, veinte años después, algunos del mismo Libro Azul original, del Pentágono, y otras personas aún averiguan la respuesta real al fenómeno OVNI”. Meses antes, es decir, el 24 de julio de ese año, el mismo remitente desconocido ―los reportes sujetos a las políticas de la USAF tachan la mayoría de los nombres propios, según el Project Blue Book Archive― escribió a Sessions su interés en conocer la verdad de los OVNIs, no sin antes hablar de la actitud esquiva del senador Barry Goldwater y de Jimmy Carter en el asunto. Sus palabras (p. 10, párrafo 4) expresaron una esperanza de hallar en el gobierno algo que confirmara sus expectativas:

De esta manera, con este breve soporte informativo sobre mí y sobre la participación del gobierno, el “desafío” del que le hablé sería hacer que usted investigue a los altos mandos de la “oficialidad” sobre lo que realmente sabe nuestro gobierno, sea que HAYAN o no cuerpos alienígenas localizados EN ALGÚN LUGAR, lo que sucedió con los “platillos voladores” estrellados, dónde están las fotos tomadas por el personal de la Fuerza Aérea con cámaras a bordo de los aviones, y preguntas afines. Estoy bien convencido de que descubriría que hasta usted obtendría una evasiva general y no podría recibir una respuesta satisfactoria a lo planteado arriba. Pienso que usted se topará/toparía con que no se le está dando toda la información a la que debería tener acceso y que debería ponérsele de manifiesto luego de efectuar muchas pesquisas. Usted se inclinaría a olvidarse de este asunto, creyendo que está recibiendo las respuestas a sus dudas, pero le aseguro que este no será el caso.

Mr. A asumió, mas no demostró, que el gobierno ocultaba algo y que a Sessions se le mantenía en la inopia de lo que estaba pasando, pero Sessions, en septiembre de 1989, le respondió: “tengo entendido que estos datos están disponibles para la revisión y análisis del público” (p. 12, final del párrafo 2), además de especificarle que la USAF ha reiterado que no se reanudarán las labores de investigación de OVNIs debido a que la información existente es tan sólida como abundante. Mr. A, en consecuencia, dirigió su contestación (p. 8, párrafo 4) en la cual dijo: “he estado en los Archivos Nacionales, y he visto algo del material del Proyecto Libro Azul original que está allí…. me reuní con personas en la oficina general de la NASA, en Washington, siguiendo su recepción de la petición del presidente Carter…”, y añadió que “me reuní con el jefe de personal del Asesor Científico del presidente Carter, en las Nuevas Oficinas Ejecutivas del presidente… envié reportes al Proyecto Libro Azul original, y conozco algunos de sus ex empleados, etc.”

Asimismo, Mr. A dijo en esa carta que “conozco todo el esquema de las cosas, pertinente a los OVNIs ―salvo por la participación de la agencia en la recopilación encubierta de información en cuanto a los mejores reportes de avistamientos de OVNIs, y los cuales son, hasta la fecha, ‘incógnitas’ auténticas, difíciles―.” No obstante, ¿cómo pudo Mr. A estar al tanto de “todo el esquema de las cosas” si apenas observó una pequeña porción de los archivos del PLA de antaño? Eso es tan ilógico como que alguien diga saber de Nietzsche solamente por haberse leído Así habló Zaratustra. Además, la actitud de Mr. A es la de alguien que lleva la contraria, no la de un escéptico, motivo por el cual se ve su búsqueda de una “respuesta real” acerca de un fenómeno que, a su juicio, no ha sido estudiado rigurosamente.

Es ahí cuando los números habrían hecho carraspear a Mr. A, pues reflejan exactamente lo opuesto. El susodicho archivo Nº 62-83894 muestra una tabla (p. 4) en la que hay un recuento conciso de todos los avistamientos investigados desde 1947 hasta 1969, con una columna para los totales y otra para los que no se pudieron identificar, de la que con una sencilla resta tendremos los que sí fueron identificados. De un total de 12.618, sólo 701 quedaron con un signo de interrogación, por lo que una sustracción entre ambos nos da unos 11.917 casos resueltos; es decir, que el 94% de los OVNIs ha sido cualquier cosa, menos un extraterrestre. Por lo demás, es gráficamente visible que el auge del PLA duró de 1952 a 1966 hasta que fue decayendo lentamente en 1967 para después hacerlo más dramáticamente entre 1968 y 1969, con el PLA prácticamente desmantelado y sus cerca de 15.000 reportes engavetados.

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Casi todos los OVNIs examinados por el PLA han sido sin duda identificados, tanto en los años más activos (i.e., 1952-1967) como en los menos activos (i.e., 1947-1951, 1968-1969), pese a las dificultades que ha tenido; y tal como dije en una entrada anterior, todos los que logran ser identificados tienen el nombre de un objeto que encaja en la realidad. Algunos de ellos, diez para ser más exacto, se expondrán aquí mediante sus respectivos archivos (que de hecho están agrupados en varias secciones de rollos de microfilmes que existen desde 1975), los cuales aparecerán sin ningún orden en especial.

  1. En las proximidades de Temple (Oklahoma), hubo un avistamiento en la mañana del 23 de marzo de 1966 que fue notificado por teléfono dos días después. Según el archivo Nº 11D 24C-O, el OVNI reportado se encontraba en el suelo; el observador, además de detallar sus dimensiones, aseguró haber visto un G.I. entrar a la nave (p. 1). Se creyó que quien hizo la llamada se encontraba en estado de embriaguez, y que su falso descubrimiento del objeto había aparecido, con anterioridad, en un periódico local (p. 2).
  2. Cinco personas creyeron ver lo que parecía ser un “platillo volador” un 10 de marzo de 1950, al sureste de Phoenix (Arizona). Luego de ser entrevistadas para dar los diversos pormenores del fenómeno, se avisó a diversos entes gubernamentales lo sucedido el día 20 de ese mismo mes. El reporte correspondiente describió la confiabilidad de los testigos como “desconocida”; del resto, no hubo forma de precisar la naturaleza del objeto. ¿Habrá sido, quizás, un parhelio? ¿O habrá sido algún lapsus psicológico?
  3. Flagstaff (Arizona) fue el sitio donde el reverendo W.R. Hoyer contempló, un 16 de abril de 1949, lo que era una “bola de fuego”. Su historia no dio muchos datos, aunque eso no fue necesario: el ardiente espectáculo en el cielo era, muy seguramente, un meteorito.
  4. La noche del 25 de mayo de 1952 transformó efímeramente la vida del señor John Hoffman, un habitante de Michigan que en compañía de otros seis individuos (entre ellos su esposa e hijos) vio un objeto “más grande que la Luna” entrando a una nube. Luego de una corta persecución en su carro y un par de fotos, la experiencia de Hoffman apareció en un breve informe que asoció el fenómeno a una aurora boreal. Después de todo, para la fecha del suceso hubo un clima lleno de bruma en el área del avistamiento, y los expertos no encontraron nada, salvo “fenómenos lumínicos”. Las fotografías no tuvieron ninguna utilidad.
  5. Carl Hart, un fotógrafo amateur, capturó una serie de extraños objetos que fueron observados en Lubbock (Texas) los días 25 y 31 de agosto de 1951, y el 1º de septiembre de ese mismo año. De todas las descripciones posibles, la más común habló de una formación en “V” o en “U” con un brillo deslumbrante. Aunque las fotos de Hart no estaban trucadas, la investigación finalmente dio en el clavo: una bandada de pájaros.
  6. El FBI consignó a las oficinas de la Fuerza Aérea unas fotos de OVNIs para ser estudiadas (no se sabe la fecha, pues se tachó en el documento). Hubo fuertes sospechas de estar bajo un engaño, y eso fue exactamente lo que demostraron los analistas al descubrir (p. 3) el uso de métodos como el dodging and burning para fabricar el fraude.
  7. Tres F-94 fueron enviados un 16 de octubre de 1951 para analizar un presunto objeto “extraño” de carácter esférico, al cual intentaron alcanzar sin éxito después de volar durante unos 50 minutos. Tras realizar algunas mediciones, se comprobó que el OVNI era el planeta Venus.
  8. De acuerdo al archivo Nº 3DO 24-190, un habitante de Filadelfia (Pennsylvania) fue entrevistado el 30 de agosto de 1957 porque vio un objeto acampanado del tamaño de “una toronja sostenida a la distancia de un brazo” que “parecía trepar, luego caer en picada y desaparecer” (p. 1). No obstante, el testigo en cuestión no estaba en sus cabales, ya que comenzó a ver OVNIs después de leerse dos libros de “platillos voladores” (p. 2). Además, se informó que todos los días se lanzaban globos metereológicos desde el aeropuerto municipal de la ciudad, lo cual eliminó la necesidad de seguir investigando un hecho nada fuera de lo común (p. 3).
  9. Una señora observó un OVNI al Norte de Tampa (Florida) el 3 de marzo de 1950, mientras conducía el bus escolar. Durante y luego de recoger a los niños, el objeto siguió a la vista hasta que el vehículo pasó por un grupo de árboles al borde de la vía que obstruyeron la visión del mismo. De lo registrado en el informe, había un par de cosas curiosas: la descripción del “platillo” coincidía con la de un globo metereológico (p. 1) y los testimonios adicionales recopilados no eran consistentes (p. 2).
  10. Un señor oriundo de Del Paso Heights (California) trabajaba su granja cuando de pronto divisó una “cosa” quemándose y cayendo lentamente en el aire hasta “aterrizar” en un arrozal vecino; eso sucedió el 8 de septiembre de 1950. ¿Se encontró algún humanoide muerto por el choque de su nave espacial? No: se encontró que aquella “cosa” era una luz de bengala disparada para espantar patos.

A los OVNIs que acabo de señalar se les han puesto rótulos según sus verdaderos atributos: fraude (#1, #6), cuerpo celeste (#3, #7), fenómeno natural (#4), globo sonda (#8, #9), animales (#5), confusiones visuales (#10) y un evento sin esclarecer (#2). Aquí, en efecto, se distingue que todos los casos de avistamientos resueltos son justamente aquellos de los que se ha podido extraer información relevante. ¿Se repite, empero, esta tendencia de objetos identificados a una escala mayor? Por supuesto; para ello se trae a colación el año 1948 como la pequeña muestra que se tendrá bajo la lupa (pondré los demás años del PLA al final de este artículo, en el anexo, a medida que lo vaya actualizando).

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En los doce meses de 1948 hubo 156 avistamientos de toda clase, los cuales se contaron considerando la columna Evaluación, situada a la derecha del índice de este año (arriba adjunté las imágenes microfilmadas del mismo), salvo aquellos que poseen anotaciones manuscritas al pie de la página (una está en el mes de agosto y hay ocho en el mes de diciembre). A nivel global, los 149 que fueron identificados (96%) están muy por encima de los 7 que no fueron identificados (4%). Si sumamos el recuento mensual, corroboraremos que las cuentas cuadran con la tabla del archivo Nº 62-83894, y si juntamos en grupos los objetos identificados según ciertos parámetros, tendremos como resultado diversos porcentajes de circunstancias claramente explicables: 40% de objetos astronómicos, 17% de objetos de otros tipos, 15% de globos, 13% de objetos sin datos suficientes, 12% de aviones y 2% de fraudes.

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La tozudez seudocientífica, sin embargo, sigue en sus trece al querer impugnar estas cifras, como lo ha hecho el Dr. Josef Allen Hynek (1910-1986). No me extenderé discurriendo en su biografía, pues lo que interesa saber de él son dos aspectos fundamentales: uno, él fue un astrónomo que estuvo involucrado en el PLA, por lo que se dedicó de lleno a probar que los OVNIs tenían explicaciones racionales; y dos, cuando el PLA terminó, él creó cuatro años después el Center for UFO Studies (CUFOS), una organización que lo consagró como uno de los pioneros en la ufología, ganando fama al difundir sus “estudios” en el tema rechazando la validez de sus trabajos científicos. Hynek pasó de ser un hombre respetado a un adalid de la irracionalidad. Sus hipótesis del origen de los OVNIs se alimentan de la especulación mas no de los hechos; por eso habló tanto de los aliens y sus poderes telepáticos sin pruebas, lo cual es típico en los que no asumen la carga de la prueba.

Si la comunidad científica no tiene a Hynek en alta estima no es porque estén pagados por el Pentágono, sino porque las evidencias, lejos de sustentar las ideas del ufólogo, las hunde al transformar los casos particulares en lecturas estadísticas en las que los avistamientos no identificados son incapaces de rebasar el 10%. Salvo que lo demuestren con solidez, los cazaovnis no tienen ninguna razón para sostener que el PLA certifica sus fantasías seudocientíficas; Hynek y Mr. A intentaron desmentirlo apelando a ese 6% de enigmas, pero quedaron decepcionados. Quien quiera averiguar si hay vida extraterrestre (la cual es posible, valga decir), ya sabe de antemano el lugar exacto donde su investigación no dará frutos.

Cada uno de los datos precedentes nos disipan la neblina de los entresijos ficticios sobre el PLA. Queda clarísimo, por tanto, que no hubo visitantes de otros planetas, ni artefactos de fabricación extraterrestre, ni algún indicio de invasión alienígena, ni nada que valide en lo más mínimo las teorías de Hynek y sus colegas; no se encontró ni un misil atómico de los soviéticos como para decir que al menos había algo que pudiera destruir a los Estados Unidos. Es de suponer por ello que el gobierno norteamericano debió estar hasta la coronilla de sacar por 22 años consecutivos los mismos resultados una y otra vez sin cosechar información útil para la USAF, lo que explica por qué se descontinuó el PLA que, a pesar de los fallos que pueda tener, tiene argumentos válidos. La ufología, mientras tanto, sigue haciendo el ridículo ante la realidad del PLA y de los avances científicos más modernos de la astronomía que le dan respaldo.

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