Los engaños de los seudodocumentales

pseudodocumentalesNo hay nada comparable a los seudodocumentales (i.e., filmes con formato de documental cuyas afirmaciones no están basadas en la realidad). ¿Y por qué? Porque estos superan en todo al peor programa de televisión y la cadena de email más fastidiosa, incluso en mentir y tergiversar. En estos tiempos modernos, el Internet ha sido el espacio ideal para la propagación de filmes virales cuyo contenido es seudocientífico y conspiranoico a niveles extraordinariamente patológicos. Las redes sociales, diversos blogs y webs de video están atestados de usuarios que los comparten y creen sus palabras a pies juntillas.

Todos los seudodocumentales tienen una cosa en común: el nulo uso de la razón, el cual se nota rápidamente por la ausencia de críticas de valor, evidencias contrastables, juicios realistas, propuestas serias para el futuro, buenos argumentos, acusaciones sólidas, propósitos honestos y un sustento científico. Eso sin incluir el camuflaje de objetividad otorgado a todos los hechos que alteran (o inventan) según su conveniencia. Si han observado los tropezones que en ocasiones cometen los medios tradicionales de comunicación, entonces no han visto absolutamente nada porque en Internet hay cosas mil veces peores.

A menudo, los seudodocumentales destacan por tener varios métodos habituales de persuasión y palabrería; tácticas tan simples como efectivas que de por sí son sus clichés dialécticos. Si hiciera una lista de ello, comenzaría apuntando mi dedo acusador hacia las evasivas y el Magister dixit, pues aquí es típico eludir la carga de la prueba, apelar una autoridad (o una falsa autoridad) y emplear argumentos ad ignorantiam. En seudodocumentales de ufología, como Fastwalkers, es común ver entrevistas a personas que presuntamente saben de los “encuentros del tercer tipo”, especialmente presuntos militares o simples cazaovnis. Lo curioso es que tales “autoridades” son las dueñas de una certeza indemostrable que siempre está encubierta, pero de la cual muchos están convencidos.

A esto le seguiría, efectivamente, el reciclaje, ya que se reviven los memes conspiranoicos o seudocientíficos otrora desacreditados por ser farsas absolutas. Bien dice el refrán que el lobo cambia de pelo, pero no de mañas; y cuando esto sucede, es porque autores fraudulentos como Dylan Avery, el señor que hizo Loose Change, es uno de los tantos teóricos de la conspiración que proponen la enésima versión “alternativa” del 11-S como el fruto inequívoco de un “trabajo interno”. Esa presunta conspiración, en realidad, no es nada salvo una mutación de los mitos del hundimiento del Lusitania y el ataque japonés a Pearl Harbor. ¿Les sorprende que los argumentos de la conspiranoia del pasado y del presente sean tan idénticos? A mí no. Mentir es una tarea más sencilla si se parten de teorías conspirativas pretéritas para apoyar la tesis en la que hay una mano peluda al acecho de cada evento importante en el globo terráqueo.

Si las falacias repetidas no son suficientes para relatar por enésima vez el mismo cuento chino, éstas pueden agruparse en una mezcla en la cual se combinan montones de afirmaciones absurdas dichas por otros filmes, libros, leyendas urbanas o cualquier teoría sin evidencias que sirva para hacerle creer al espectador que hay un amplísimo dominio temático. El resultado termina siendo deplorable; un emplasto donde hay aseveraciones como arroz picado que siempre acaba en numerosas incongruencias y contradicciones. Por eso es que Zeitgeist: The Movie (un mamotreto ya desmantelado aquí, aquí y aquí) es la sumatoria de todas esas ridiculeces irracionales hecha video; porque apila aseveraciones de “revisionismo histórico” y conspiranoia una encima de la otra hasta formar una torre de ideas insostenibles entre sí.

Esa torre, desde luego, no es sino un castillo de naipes. Sin embargo, ese castillo tan débil en apariencia y estructura es capaz de crear un espejismo muy fuerte que se aprovecha del escándalo, de los enigmas no resueltos, del debate acalorado, del sensacionalismo y de las regiones menos conocidas de la ciencia para hablar de lo que no se sabe o no se puede saber por el momento. Eso es un Carpe controversiam: sin importar su duración, la cháchara tiene mayor poder persuasivo y mayor popularidad mientras más polémico o intrincado sea el tema; aquí es cuando los seudodocumentales, con sus creadores, parecen ser unos auténticos expertos en asuntos que en realidad ignoran. De allí que las patrañas de Fahrenheit 9/11 fueron tan cálidamente recibidas; porque Michael Moore, un supremo iletrado en política internacional (a decir verdad, un iletrado de toda la política per se), se aprovechó del odio antiyanqui para ganar audiencia. En su momento Christopher Hitchens criticó duramente a Moore por esa pila de falacias y mentiras.

Desde luego, si hay algo más indignante que las falacias torpes y mentiras flagrantes en un seudodocumental son las dosis de hipocresía; al fin y al cabo ningún seudodocumental es completo si no llega a tener la bajeza de dar gato por liebre. Lo explico con un par de ejemplos. En el primero, el supuesto espíritu antisistema o izquierdista de Zeitgeist en su segunda entrega (el Addendum) reveló su apego a la política de la derecha (guao, debe ser genial etiquetarse como antisistema al mismo tiempo que se apoya a Ron Paul), mientras que en el segundo es The Signs, un filme que pretende escudriñar lo desconocido por la ciencia. Decidí echarle una ojeada a ver si decía algo que valiera la pena, pero encontré que ese filme es para llevarse las manos a la cabeza, pues no tiene nada de ciencia. Es creacionismo sustentado en el Corán ―hablando de apelaciones a la autoridad, y éstas aparecieron―, proselitismo religioso islámico y conspiranoia antisemita.

the signs capture

Adicionalmente a estas patrañas variopintas, tenemos la actitud de un seudodocumental respecto a una dificultad que se desea superar a toda costa; esta actitud sería el activismo perezoso, es decir, el activismo que no nos lleva a ninguna parte. Claro, esto no ocurre en todos los filmes engañosos, pero en aquellos donde podemos observar este rasgo se intenta cambiar el Statu quo tratando algún asunto muy específico como la educación o la pobreza extrema. Todo es color de rosa hasta que salen a la luz sus enfoques distorsionados del problema planteado, sus soluciones apoyadas en sinsentidos, y sus “activistas” que creen salvar el mundo con tan sólo ver o difundir el video. Esto encaja como anillo al dedo con Kony 2012, el cual tiene un enorme lado oscuro, y ese es el de pretender ayudar a los niños en África mediante propuestas completamente inútiles (bueno, una visible, acabar con Kony).

No obstante, ese activismo de la flojera (pues muchos creen cambiar las cosas calentando una silla mientras ven un video de YouTube) no podría estar más cargado de tonterías sino fuera porque suele haber un mesianismo conspiranoico de por medio. En otras palabras, se asume la existencia de una verdad escondida que sólo puede entenderse si se abrazan sin chistar sus revelaciones, las cuales son tan perturbadoras que serían blanco de persecuciones. Esto me recuerda mucho el comportamiento enfermizo de The John Birch Society, cuyo esperpento llamado The U.N. Deception es un filme donde el misterioso Nuevo Orden Mundial siempre conspira perversamente a la sombra de nuestros ojos, sólo que “nadie lo sabe salvo nosotros”.

Todo esto es insignificante mientras no se utilice el sofisma patético, el argumento ad populum o la minería de citas. Aquí se muestra, sin lugar a dudas, la nula intención del seudodocumental en probar sus declaraciones, porque simple y llanamente se usa al público como un trampolín que apoye sus débiles afirmaciones. Eso nos explicaría el por qué La educación prohibida (un filme que fue refutado aquí) usa las frases no como razonamientos de apoyo, sino como arengas. Como apreciaremos en las siguientes fotocapturas, resulta extraño que no metieran a Gandhi, la Madre Teresa de Calcuta o Noam Chomsky, aunque no es nada extraño que por enésima vez se haya utilizado a Albert Einstein como coleto.

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Ahora que repaso lo anteriormente dicho, hay que tomar en cuenta que no todos los seudodocumentales tienen los mismos clichés (por ejemplo, el activismo no es una prioridad en OVNIs en la Biblia, pero sí el argumento de autoridad) y que los filmes más seudoacadémicos, controversiales, alarmistas y sentimentalistas son los más vistos (e.g. Loose Change), mientras que los más chiflados apenas llaman la atención (e.g. The U.N. Deception). De hecho, quienes están detrás de la creación de esos seudodocumentales son personas con una pésima noción del método científico; aunque digan ostentar titulaciones, sus declaraciones delatan una plena dedicación a la charlatanería, como lo han hecho las de Ángel Luis Fernández, un “doctor en ciencias” apasionado por el terrahuequismo.

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En estos filmes abunda la propaganda anticientífica, religiosa o política, en la cual el uso del lenguaje encubre su falsa imagen intelectual que carece de objetividad al tratar  temas complejos o controversiales, tal como sucede en el Documental 9.70, que destacó por considerar solamente la opinión campesina, y en Voces contra la globalización, en la que los eventos de la actualidad sólo se miran desde una perspectiva izquierdista. Asimismo, los bulos filmográficos no respetan el uso de las referencias y se escabullen con lloriqueos en su defensa cuando a un le llueven críticas, pero no de alabanza. Algunos de ellos dicen más o menos así (mis contestaciones van entre corchetes):

  • “Puede que el documental esté equivocado, pero su intención es lo que cuenta.” [De buenas intenciones está lleno el infierno]
  • “No tienes pensamiento crítico, deberías tener una mentalidad abierta proyectada más allá de tus narices. El documental te enseña a pensar por ti mismo.” [Si el seudodocumental miente, tergiversa y emplea falacias a cascoporro, es obvio que no te enseña ni por asomo a pensar por ti mismo, sino a ser una oveja más de su rebaño. Además, es imposible abrir la mente ante un hatajo de ñoñadas seudocientíficas y conspiranoicas cuyo pensamiento es propio de la Edad Media]
  • “¿No te das cuenta que los medios de comunicación manipulan, y que sólo gracias al documental pude conocer la verdad?” [La única verdad del seudodocumental es que le encanta mentir. Y no, dudo muchísimo que los medios anden manipulando a la gente, porque el Internet también es un medio de comunicación cuyo contenido puede lavarle el cerebro si se traga todo lo que ve por ahí]
  • “Incurres en afirmaciones sin fundamento acerca del documental, lo estás difamando.” [Si digo con pruebas que el seudodocumental es mentiroso e hipócrita, no lo estoy difamando, sino definiendo]
  • “Si supieras de qué trata realmente el documental, no lo criticarías.” [La única forma de no criticar el seudodocumental es no haberlo visto nunca. Pero como lo vi y sé que es más falso que un billete de tres bolívares, no tengo otra opción. Es un deber moral e intelectual denunciar estas mentiras]
  • “El documental tiene la razón, chequea sus fuentes.” [Acabo de examinar las fuentes del seudodocumental, y entiendo mejor por qué está equivocado. Gracias]

He de hacer tres breves reflexiones, ya para terminar. Es evidente, en primer lugar, el frenético empeño de los seudodocumentales en exhibirse como verdades alternativas cuya peculiaridad es la de permitir un cúmulo de interpretaciones basadas en opiniones volubles, no en hechos. De allí el por qué son tan bien acogidos: porque cada espectador puede ser dueño de su propia verdad, así no tenga la menor idea del tema discutido; porque eso es un conocimiento express que no requiere tomarse la menor molestia de investigar, ni de contrastar datos, ni de comprobar la información, ni de pensar.

Tenemos, en segundo lugar, esa sensación de falsa libertad producida por el autoengaño en el que caen los seudodocumentales. Es sorprendente ver cómo disienten del sistema establecido e incluso de la ciencia por una causa determinada, pero esa disensión es construida con mentiras tanto en sus acusaciones a otras personas e instituciones como en la defensa de sus propias ideologías. A eso se le llama propiamente cavar un hoyo para tapar otro, es decir, eso es crear más problemas de los que se pretenden resolver.

En tercer y último lugar, nos topamos con las consecuencias negativas de semejante aberración desinformativa. ¿Qué cambios pueden generar los seudodocumentales, si todos se dedican a embaucar con lisonjas y camelos? Ninguno, porque la mentira no implica beneficios, sino perjuicios. Nuestra sociedad podría sucumbir en un abismo si se dedicara a perseguir el invisible “hombre detrás de la cortina”, en lugar de trabajar activamente en medidas acertadas que la mejoren enfocándose en la participación ciudadana. La solución a nuestros problemas no está al alcance de un clic.

Cuando usted vea un documental (o un supuesto documental), investigue lo que dice y hágale un cuestionario a su conciencia. Piénselo dos veces antes de gritar a todo pulmón su sentir librepensador por el simple hecho de haber visto algún filme revelador en YouTube, antes de sentirse un revolucionario por haberlo compartido con sus amigos y antes de dárselas de inteligente por defenderlo a capa y espada sin haber contrastado sus afirmaciones. Considere que la anatomía de los seudodocumentales viene sin muchos enredos aunque con un poder de convencimiento muy poderoso para mentes débiles; los filmes de las falsedades caminan entre las metidas de pata, las mentiras intencionales, los delirios conspiranoicos y la verborrea con apariencia de profundidad, pero dan la impresión de hablarnos con la verdad. Tenga en cuenta que los engaños están por doquier; uno de ellos se puede contemplar, justamente, en la computadora.

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