Dame Pa’ Matala: de buen sonar pero de mal razonar

damepamatala_coveralbumPersonalmente, soy poco amigo de la música de protesta, y por tres motivos. Primero, porque la lucha por un mundo mejor no se entona, sino que se hace con los hechos y con la razón siempre a la vanguardia. Segundo, porque sobran las canciones que enfocan con miopía ―en el peor de los casos con hipermetropía, presbicia o cataratas― los problemas a resolverse. Y tercero, porque estas melodías son armas verbales paradójicas; son compuestas para servir al pueblo, pero se prestan para promover la agenda de un gobierno o de un partido que se aprovecha de él.

Ha de constar que esta música dispone de buen material, pero ese lado rosado ya ha sido escuchado ad nauseam; no necesito hablar de ello. Sin embargo, es menester revisar el lado oscuro de las voces indignadas de la protesta cantada, como la banda española Ska-P (cuyas críticas han sido dadas por panas como Rubén Rojas Gratz y David Osorio) y la agrupación venezolana Dame Pa’ Matala, de la cual me ocuparé en esta entrada en sus temas con mayor popularidad en el público, sin ningún orden en particular.

Comienzo con Venezuela. La letra es predecible por el título de la canción, aunque conviene oírla, no juzgar al libro por su portada.

El coro sintetiza el germen de su soberbia patria: el adoctrinamiento educativo (“de chamo lo aprendí en la escuela”) que “enseña” a “amar” y “cuidar” el país a toda costa. Evadir esta responsabilidad es sinónimo de ser un Judas Iscariote ante los coterráneos (“y si no lo hacía, sería como traicionar/el amor de la madre que me enseñó a caminar”). Este es un paradigma común en Venezuela y en muchos otros países cuya mentalidad no parece salir de las primeras cinco décadas del siglo XX o quizás ni siquiera del siglo XIX. Tal paradigma es obsoleto, irracional, arbitrario, falso, engañoso, autoritario, favoritista y para colmo pedante porque eso de considerar a Venezuela como un lugar “privilegiado” sólo cabe en una cabeza cuadriculada que padece un terrible complejo de superioridad.

Dame Pa’ Matala dice:

¿Dónde vas a encontrar un clima tropical
como en mi país natal donde puedes disfrutar,
tripear, gozar de las olas, del mar y cada playa?
y si te da frío el páramo te acompaña
soy de centro-occidente, tierra de la dulce caña
tierra de María Lionza, Sorte mi montaña
y Yaracuy, fumando tabaco, bebiendo cocuy
[…] Mi bandera tricolor con ocho estrellas
electrifican el lugar de las mujeres más bellas
del planeta, como el Araguaney, tú sabéis

Si esa letra la hubiera escrito un italiano, seguramente habría mencionado a los Apeninos, al mar Adriático, a los canales de Venecia, al Vesubio, al vino, al espagueti, al tricolore, al olivo (Olea europaea) y a sus mujeres. Este patrón de comportamiento nacionalista no sorprende en lo absoluto, pues lo podemos ver también en argentinos, indos, sudafricanos, sirios, neozelandeses, franceses y en cualquier otro gentilicio existente. Además, el globo terráqueo está repleto de maravillas. Muchas de ellas superan con creces las que hay en la Tierra de Gracia, como el monte Everest, o simplemente no están allí, como el Gran Cañón de Colorado. Sí, el Salto Ángel es la cascada más alta del mundo y está en Venezuela, pero esto no bendice a dicho país ni lo pone por encima de ningún otro, sea Colombia, Tailandia o Papúa Nueva Guinea. Asimismo, eso tampoco justifica que se obligue a los demás a formar parte del grupo por el hecho accidental de haber nacido allí.

Como sostiene este conjunto criollo:

Aquí todos somos hermanos
hijos de la misma madre
aunque no te guste, y aunque no te cuadre las ideas
tú sabes que al final esta es nuestra tarea
cuidar y proteger todo lo que nos rodea
o sea, las cosas más bellas o las cosas más feas

No se pueden “cuidar y proteger” aquellas “cosas más feas”. Esa petición es absurda, e incluso tiene cierto hedor a ideas conservadoras decimonónicas. Me gustó, empero, la analogía de las hormigas como una manera de exhortar a la unidad de la población ante momentos adversos, aunque aún tengo una duda legítima sobre su coherencia ideológica. Si la agrupación fuera amiga de todos los venezolanos (“yo no elijo, ni selecciono mi paisano/para mí todos son panas porque son venezolanos”), ¿por qué mira a los no nacionalistas como “infieles” cuyo deber es el de trabajar por una visión de país con la cual no están de acuerdo?

Todo se aclaró después de escuchar Viva la revolución. Hay un respaldo explícito e inequívoco a Hugo Chávez en la letra. Cualquier análisis al respecto está de más.

Estar con Chávez significa usar indiscriminadamente, que no alocadamente, adjetivos peyorativos como “escuálido”, “conspirador”, “traidor”, “lacayo del imperio”, “majunche”, “fascista” y “apátrida” (este último era el favorito del “comandante galáctico supremo”). Estar con Chávez implica desconocer a la oposición, tanto caprilista como no caprilista, mediante la apelación a la “voluntad de la mayoría” (el típico sofisma populista). Estar con Chávez involucra la administración de dosis de patrioterismo conspiranoico, ignorancia absoluta en materia de política y economía (ujum, Dame Pa’ Matala tiene un gran entendimiento del dólar paralelo, ¡sí señor!) y un trillado discurso pachamamerto-pacifista-buenrollista-multiculti.

De allí que En favor de la paz es una canción nada convincente.

El punto con el que estoy de acuerdo es en el repudio enérgico de la guerra, la discriminación y el intervencionismo de los Estados Unidos. Mis desacuerdos parten de sus pelones, es decir, de su:

-Antiimperialismo sesgado: hay una tirria descomunal contra el “imperio yanqui”. Ni una mención a las maldades de Rusia, ni sobre la injerencia cubana en la política interna venezolana (guao, defendiendo lo nuestro, ¿eh?).

-Pacifismo facilón y de doble rasero: Dame Pa’ Matala pide paz “en el nombre de los latinos, africanos, europeos, australianos y chinos” (Norteamérica no está en la lista. Imagino que es por su grandísimo odio a este subcontinente). En suma, dice que “para conseguir paz hace falta más amor/y justicia […]”; una propuesta bastante imprecisa la cual indica que sus integrantes no tienen ni la menor idea de cómo van a llevarla a cabo.

Conseguir la paz no sólo consiste en desmantelar las armas (“No se encuentra la paz haciendo bombas mortales”), sino las ideas erróneas que impulsan su utilización. Estas ideas fortalecen los prejuicios, siembran tensiones sociales, cosechan enemistades, alimentan el sentimiento supremacista y rechazan a quienes no son/actúan/piensan como “nosotros”. La violencia surge precisamente desde estos principios segregacionistas.

Vale la pena desconfiar en las intenciones pacifistas de Dame Pa’ Matala mientras insista en el nacionalismo. Por la “patria querida” se han cometido innumerables atrocidades.

-Buensalvajismo tecnofóbico: detengámonos en este fragmento de la canción. Es una “joyita” por su carácter contradictorio.

Vivimos en un mundo material
lleno de inventos y de belleza artificial
donde las armas son un producto comercial […]
tenemos lo que sea, pero no a nosotros mismos,
tenemos Internet, tenemos satélites,
televisión, aviones de gran élite,
¿esto es lo que se llama tecnología avanzada?
tenemos tantas cosas, que no tenemos nada
prefiero quedarme indio con mi guayuco
con mis pies descalzos y mi bejuco
con mi cultura y mi siembra y mi conuco
sin tantas trampas, y sin tanto truco

¿Y “Cacayara” tiene el descaro de cantarlo en español, con ropa de algodón y guiado por una ideología netamente occidental? ¡Ah muchacho pa’ bobo! ¡El propio gobierno venezolano compra armas a los rusos y no dice ni pío! ¡Si la gente sabe de la existencia de Dame Pa’ Matala es gracias a la tecnología, a Internet, a la televisión!

O la Teleficción, según esta “eminencia” de la música contemporánea.

Déjenme adivinar: el ataque furioso contra la TV procede de las Diez estrategias de manipulación mediática, las cuales son pamplinas. Es increíble que la agrupación:

  • Haya soltado esas barbaridades en el programa La Hojilla, cuyo moderador es el embustero de Mario Silva. Si se fijan bien en el logotipo del video, se darán cuenta de un detalle: este programa se transmite en Venezolana de Televisión (VTV); el canal del Estado que tergiversa la realidad (tanto criolla como internacional) para presentarla de acuerdo a los intereses del gobierno.
  • Criticara la mala programación de las televisoras privadas, pero no de las públicas. Los medios gubernamentales, como VTV y la Televisora Venezolana Social (TVeS), reparten a cascoporro conspiranoia, seudociencia, periodismo parcializado y propaganda de pleitesía a Chávez. Lógica de embudo.
  • Echara de menos los valores “tradicionales” de la mujer (“[…] las mujeres que se han vuelto hasta indecentes/han perdido los principios y la parte inteligente/quieren ser como en la tele, una mujer independiente”).
  • Rindiera culto a Simón Bolívar (“En los tiempos de Bolívar se tenía una gran visión/de que íbamos pa’rriba como una gran nación/como un gran continente con la gran revolución”, “¿de que valió el esfuerzo de Bolívar y sus valientes?”).
  • Exudara xenofobia (“[…] con el cabello pintado color gringo hijo de peste”) y un desprecio visceral hacia la tecnología que ya se se ha discutido (“Con el bendito Internet conectado a toda hora/conectado a toda hora/te compran, te venden, te cazan, […]”).

Aquel desprecio tecnológico se encuentra muy visible en El niño de hoy en día, en el que retornamos al tema de la “manipulación mediática”, del momento presente como algo desechable y de los “buenos viejos tiempos” como algo entrañable. Eso nos ha pasado a todos por la cabeza, y eso es incorrecto.

El acierto de Dame Pa’ Matala está en sostener que la niñez actual es muy hiperactiva y se adaptó muy rápido a los avances de la era moderna. El craso error está en pretender que la culpa de la malcriadez infantil reside en los medios de comunicación, en el Internet y en los videojuegos.

Si los medios de comunicación y los videojuegos fueran las raíces de la delincuencia, entonces Grand Theft Auto nos convertiría en pandilleros, Dexter en asesinos a sangre fría y el heavy metal en miembros de una secta satánica perversa. Sin embargo, ni el genocidio de Ruanda fue perpetrado por amantes del Super Nintendo, ni los terroristas islámicos consuman sus homicidios jugando Call of Duty: Modern Warfare, ni un niño es malcriado por ver hasta el último capítulo de Dragon Ball.

Un niño es malcriado por culpa de: a)sus padres, quienes no le enseñan la diferencia entre reconocer lo real y evitar la imitación de lo ficticio; b)una herramienta legal que lo sobreprotege (e.g., ¿LOPNA?); y c)un contexto socioeconómico desfavorable como la configuración familiar dispareja, los niveles altos de desigualdad, el acceso difícil a la educación, un sistema educativo de mala calidad, las altas tasas de embarazos no deseados, los incentivos para delinquir y la presión social de malas amistades. Este problema no se resuelve con nacionalismo (“hay que estimular sentimiento nacional”; ¿como en la Komsomol?).

Me llamó la atención este trocito de la letra:

El niño de hoy en día
maltrata a las mujeres
después que las insulta
dice que las quiere
el niño de hoy en día
solo busca placeres
y el niño del ayer
se nos muere

Da la casualidad que al “niño del ayer” se le inculcaba el machismo. Por eso es que se trae a colación Fucking reggaetón.

A Dame Pa’ Matala le desagrada el reggaetón. A mí también. Sólo coincidimos en eso. Sin embargo, y para prevenir interminables debates bizantinos de música o arte, dejaré claro que los gustos musicales son individuales por “tontos” o “raros” que sean; no son para imponerlos ni proscribirlos. Para más inri, la sexualidad de la mujer no es un asunto que pueda regular el Estado, la iglesia o esta agrupación venezolana, y que el sexo está por doquier, no sólo en el reggaetón; la música de antes también tenía letras groseras, banales, irreverentes, subidas de tono, de doble sentido y con sobradas alusiones a la infidelidad femenina o al orgasmo, como acontece en el merengue erótico de Carlos Alfredo.

En suma, no es necesario ser reggaetonero (o reguetonero, o como sea) para hacer pésima música o hacer el ridículo. Hay black metalheads que dan pena.

Ahora tenemos Piel sin silicón, otro tema con letra predecible.

Tanto la canción como el videoclip envilecen la cirugía plástica (“Sendo negocio el que tienen los doctores”), fabrican un relato melodramático cuasianecdótico (“Te cuento que un pana mío tenía una morena”) para armar la tramoya de su campaña contra los “falsos” patrones “capitalistas” de belleza y destilan una aversión colosal hacia lo que no sea heterosexual (“metrosexuales, que triste concepto/pero de ellos no quiero hablar porque no les tengo respeto/echa pa’llá bicho raro fuera, […]”).

Al igual que en Fucking reggaetón, no quiero debates sempiternos sobre moda, la polémica de los implantes PIP o el sex-appeal según las diversas culturas del mundo. Por tanto, esclarezco que: a)las personas (esto incluye a las mujeres) tienen derecho a hacer con sus cuerpos lo que deseen; b)la cirugía plástica tiene sus riesgos (de por sí, toda cirugía los tiene), no es como en la serie de televisión Nip/Tuck; c)las consecuencias adversas postoperatorias se deben a la mala praxis, al empleo de sustancias nocivas y a los cirujanos charlatanes (i.e., cirujanos sin la adecuada formación académica y sin ninguna acreditación para ejercer la medicina); y d)el canon de belleza, sea “natural” o “artificial”, no es una obligación colectiva, sino una decisión particular.

Finalizo con un bonus. Dame Pa’ Matala puso la torta, y con dos canciones no tan conocidas. Las expongo sucintamente.

En Mojón, el patrioterismo es tan enfermizo que es defendido a través de falacias de falsa dicotomía (“Puedes ser parte del problema o de la solución”, “puedes ser parte de esta tierra o ser su destrucción”), apelaciones a la lealtad (“Te alejas de tu patria, no quieres tu país”, “Te quejas de tu patria, no quieres tu nación”) y una falacia ad hominem (“eres un mojón”). La agrupación trata la crítica hacia Venezuela como si fuera una blasfemia (“Criticas y criticas pero no edificas/difamas mi país y eso no se justifica”).

Por su parte, Roba caminos disfraza el pensamiento del exterminio (“[…] cuando se acabe el mundo empezará por New York”, “Si quieres matar que sea a tu raza”) con iniciativas pacifistas (“Busco amor y paz al estilo rasta”), el orgullo racial (“Soy un latino y lo soy de casta/tú eres un comino, tú eres una plasta”) con antirracismo (“fuera tu racismo”) y la antipatía al estadounidense (“Miren al gringo, miren su realeza/miren como goza con nuestra pobreza/él nos demuestra que tiene riqueza/pero ayudar a él no le interesa”) con integración geográfica (“Esta canción no es pal pueblo gringo/es contra el Pentágono que me le afinco/para que entiendan que aquí yo les brindo/un poco de mi letra pa’ dejalo chingo”).

La agrupación yaracuyana tiene indudablemente una sazón formidable y pegadiza en sus canciones con una rima versátil, populachera y folclórica, en conjunto con un ensamble creativo en sus instrumentos musicales. Desdichadamente, esta virtud se va al precipicio por causa de su contenido temático, el cual es un mensaje sumamente contradictorio, chabacano, desinformado, hipócrita, reaccionario, dogmático, fanático, racista, xenófobo, neoestalinista, retrógrado, falaz y mentiroso.  Sinceramente, Dame Pa’ Matala no da pie con bola.

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