Desarmando el nazismo. Capítulo 1 – Cicatrices

Miembros de Tercera Fuerza haciendo el saludo fascista.

Miembros de Tercera Fuerza haciendo el saludo fascista.

Señalaba acertadamente Benedict Anderson en sus Comunidades imaginadas que las ideas pueden piratearse, pues éstas carecen de una patente unívoca que pueda sujetarlas; para Anderson la nación es una idea que no tiene derecho de autor. Sin embargo, cabe acotar que la diversificación ideológica de Anderson no se aplica con exclusividad a algo tan complejo como un imaginario colectivo confinado a su  territorio sino también a los conceptos que éste desarrolla en su mentalidad a través del tiempo en términos políticos, religiosos, sociales y culturales. Además, tenemos el hecho de que las ideas, al no ser cronológicamente homogéneas, tienen diferencias notables en épocas distintas, por lo cual éstas son manifestaciones del pasado y del presente. El nazismo forma parte de esta regla.

Contrario a los textos presentados por los analistas, el desmantelamiento del nazismo no ha de comenzar aquí relatando sus orígenes, ni sus antecedentes y mucho menos su trasfondo, sino que ha de explorarse mediante un estudio que considere el fascismo de Adolf Hitler como un fenómeno contemporáneo pirateado cuyas metas, atadas a delirios de la primera mitad del siglo XX, se niegan a morir al intentar imponerse en nuestro convulsionado mundo de recientes sucesos interesantes en materia de geopolítica internacional. Así, los esfuerzos teóricos presentados en estas líneas comentan y reflexionan el rol desempeñado por el nazismo en la actualidad, aunque también la manera en la cual éste ha sido visto e incluso abusado desde otros ángulos del pensamiento.

1. La herida abierta

Michael Wüdt (1994) habla sobre las secuelas posbélicas tanto en Alemania como en Japón al evocar las disquisiciones de Ulrich Brochhagen e Ian Buruma, a través de los cuales se realizó una comparación de los aspectos comunes en estas dos naciones del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, como los genocidios y el culto al líder, aunque Wüdt quiere saber si hay una “disparidad entre el talante alemán y el japonés del recuerdo”; la duda de Wüdt se desvanece inmediatamente al entender que tal “disparidad” se sitúa etnológicamente en dos polos en los cuales se distingue una “cultura de la vergüenza” en Oriente y una “cultura de la culpa” en Occidente (p. 1). En este contraste geográfico Asia tiene puntos débiles, pero Europa tiene al país de Goethe como su talón de Aquiles, como si fuera el epítome del mal. Obsérvese a Wüdt cuando dice que:

Mientras los generales japoneses fueron condenados por sus crímenes de guerra en los Procesos de Tokio de 1945, los hombres de Núremberg permanecieron en el juzgado debido a crímenes contra la humanidad. En ambos países han fracasado los conatos de condonar el pasado con medios jurídicos. Aunque se ratificó el tratado de paz del gobierno japonés sobre el acatamiento de las sentencias estadounidenses, aquí los tribunales militares se hicieron sentir en este país como la justicia de los vencedores. El gobierno federal alemán nunca aprobó los veredictos de culpabilidad de Núremberg. (p. 2)

Alemania, en otras palabras, tuvo que sorber los tragos más amargos de la justicia posbélica en dos vertientes. La primera fue la escrita, en las leyes, en la cual los castigos a los criminales de guerra germánicos fueron dados bajo la tutela de los otrora enemigos de Alemania con mayor ahínco que en sus homólogos nipones. La segunda fue la no escrita, en la cultura popular, en la cual la animadversión hacia Alemania aún late con fuerza, como si el Holocausto apenas hubiera ocurrido ayer. Mientras muchas personas no tienen ni la más remota idea de lo que fue la Masacre de Nanking acaecida entre 1937 y 1938, los topónimos europeos como Auschwitz son inmediatamente recordados por doquier. Desde esta perspectiva, parece que la Alemania de hoy rompe con la teorización de Ruth Benedict al tener que lidiar tanto con su “cultura de la culpa” como con la “cultura de la vergüenza” que presuntamente debería corresponderle a Japón.

En efecto, la estigmatización hacia Alemania pervive por un detalle crucial: el antisemitismo. El hecho de tocar las fibras sensibles del judaísmo hizo que se encendieran las alarmas a escala internacional porque se estaba exterminando una comunidad que se hallaba esparcida en otras partes de Occidente; la indignación por causa de estas matanzas no podía ser sino absoluta al saber, desde otras latitudes, que sus correligionarios ━junto con otros grupos humanos considerados como Untermensch, i.e. “seres inferiores”━ huían de una carnicería organizada desde el Estado germánico, el cual ha cambiado sus políticas castrenses pese a las controversias de la presencia de fracciones de su ejército fuera de sus fronteras. Para Klaus Dahmann,

Hoy, fuerzas militares germanas están en Kosovo, en Afganistán y en África, sumando más de 4.000 soldados. Sin embargo, ataques sin el mandato del Consejo de Seguridad de la ONU siguen siendo un tabú para Alemania, como por ejemplo cuando Estados Unidos lanzó su operación contra Irak en 2003. También en el Ejército alemán, la Bundeswehr, se han aprendido lecciones desde los tiempos de Hitler: en esa época, si un soldado alemán se negaba a cometer las crueldades que se le ordenaban, podía ser ejecutado. Hoy las tropas tienen el derecho a negarse a obedecer órdenes que supongan una violación a los derechos humanos. (Dahmann, 2014)

Si bien Alemania no está dispuesta a reiniciar su carrera armamentista como en los viejos tiempos, eso no quiere decir que la Bundeswehr deje desprotegida a su nación, ignore los atentados contra el orden público o se retire del teatro bélico para preservarlo. En esta paradoja, el neonazismo tiene una ligerísima esperanza de contemplar el posible renacimiento del Tercer Reich, aunque se sabe de antemano que ese objetivo es imposible de alcanzar porque la Alemania actual le ha apostado su futuro a instituciones democráticas cuya premisa es el respeto a los derechos humanos y a la armonía con los demás países. Además, la Alemania del siglo XXI tiene la suficiente madurez como para no darle segundas oportunidades a programas de gobierno cuyas promesas de éxito han tenido un fracaso estrepitoso. Ergo, los ases de la dictadura son cartas que Alemania no pondrá en la mesa porque éstas dilapidarían su preponderancia diplomática en Europa y porque el retorno de Alemania a la política hitleriana sólo serviría para manchar irremediablemente una imagen que tanto le ha costado limpiar.

Desde luego, el progreso de la Alemania en la última mitad del siglo XX en buena parte ha sido posible debido a la corrección de sus crasos errores pretéritos, mas no sin pagar un alto precio por ello. En estos años que están transcurriendo, la Alemania moderna es la nación poseedora de una pujante economía y de una cultura popularizada que convive con su carácter cosmopolita, rebosante de inmigrantes que deben ser respetados por su anfitrión germánico. Alemania es ahora una nación de vanguardia, la cual ha demostrado que se pueden obtener cuantiosos avances en distintos sectores sin la más mínima necesidad de recurrir a los horrores del totalitarismo cuyas peligrosas políticas de Estado han caído en el baúl de las ideologías obsoletas. No obstante, el neonazismo no ha superado su derrota desde 1945, por lo que desde ese entonces se ha dedicado a usar la historia para reivindicarse mediante la impugnación de los hechos.

2. Negacionismo en la vía

El exprimer ministro italiano Silvio Berlusconi airó las críticas en su contra al decir que los campos de concentración nunca existieron dizque según la vox populi de los alemanes (Chambers, 2014; Mackenzie, 2014), mientras que el expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad dijo, según reportó Al Jazeera el 15 de diciembre del 2005, que en torno al Holocausto se ha elaborado “una leyenda en el nombre de la Masacre de los Judíos, y la sostienen por encima del mismo Dios, la misma religión y los mismos profetas”; Ahmadineyad añadió que “si alguien cuestiona a Dios en su país, nadie dice nada, pero si alguien niega el mito de la masacre de los Judíos, los voceros sionistas y los gobiernos financiados por los sionistas empezarán a gritar”. En el 2007, en un discurso presentado en la Universidad de Columbia, Ahmadineyad mantuvo su postura con un vocabulario cuidadosamente escogido en el que sacó a relucir su presunta intelectualidad.

Mi primera pregunta fue que, dado que el Holocausto es una realidad tangible de nuestro tiempo, una historia que ocurrió, ¿por qué no hay una suficiente investigación que pueda enfocar el tema desde distintas perspectivas? Nuestros compañeros se refieren a 1930 como el punto de partida de este evento; sin embargo, creo que el Holocausto, por lo que hemos leído, aconteció durante la Segunda Guerra Mundial luego de 1930 en los años 40. Así, ya saben, realmente podemos seguir el rastro del evento.

Mi pregunta fue simple. Hay investigadores que quieren impulsar el tema desde una perspectiva distinta. ¿Por qué se les encarcela? Ahora mismo hay un número de académicos europeos que han sido enviados a prisión porque intentaron escribir sobre el Holocausto, de modo que los investigadores de un enfoque diferente, cuestionándose sobre ciertos aspectos de éste — mi pregunta es, ¿por qué éste no está abierto a todas las formas de la investigación? Se me ha dicho que no ha habido suficiente investigación sobre el tema. Y pregunto, bien, cuando viene a temas como la libertad, temas como la democracia, los conceptos y las normas como Dios, la religión, la física o incluso la química, ha habido mucha investigación, pero continuamos con más investigación en esos temas. Los alentamos. ¿Pero por qué no alentamos entonces más investigación en un suceso histórico que se ha convertido en la raíz, la causa de abundantes catástrofes en la región en este tiempo y época? (…)

(…)

Sr. Coatsworth: más grupos de preguntas enfrentan su visión del Holocausto. Debido a que la evidencia de que esto ocurrió en los años 40 es el resultado de las acciones del gobierno alemán nazi, debido a eso — esos hechos están bien documentados, ¿por qué está pidiendo investigación adicional? No parece haber propósito al hacer esto, salvo preguntarse si el Holocausto ocurrió actualmente como un hecho histórico. ¿Puede explicar por qué cree que se necesita más investigación de los hechos (…)?

Presidente Ahmadineyad: (…) ¿Puede usted argumentar que la investigación de un fenómeno se termina de hacer por siempre? ¿Podemos cerrar los libros para bien en un evento histórico? Hay diferentes perspectivas que se traen a colación cada vez que se termina una investigación. ¿Por qué deberíamos dejar de investigar? ¿Por qué deberíamos detener el progreso de la ciencia y del conocimiento? (…)

¿Por qué quieren detener el progreso de la ciencia y de la investigación? ¿Alguna vez se han tomado la molestia de saber lo que se conoce como un absoluto en la física? Tuvimos principios en matemáticas por más de 800 años, pero la nueva ciencia se ha librado de este absolutismo, (…) Por eso debemos permitir que los investigadores y académicos investiguen en todo, en cada fenómeno — Dios, el universo, los seres humanos, la historia y la civilización. ¿Por qué deberíamos parar esto?

No estoy diciendo que esto no ocurrió del todo. (…) (Ahmadineyad, 2007)1

Ahmadineyad es el personaje que sintetiza mejor las falacias del “revisionismo” histórico, las cuales tienen planteamientos sustentados en verborrea vinculada a la filosofía de la ciencia o a la epistemología, no en evidencias. Los “revisionistas” que argumentan como Ahmadineyad lloriquean porque las cátedras universitarias serias no los escuchan como desearían y denuncian la supuesta monopolización de la “verdad” por parte de los expertos, quienes a su vez son lacayos del régimen sionista israelí dedicado a manipularlos como marionetas para proteger sus intereses y aquellos de los Estados Unidos. El negacionismo del Holocausto tiene, a través de lo que se puede entresacar de Ahmadineyad, dos vertientes y con ellas dos afirmaciones centrales: la primera es la del negacionismo duro que sostiene su inexistencia total, y la segunda es la del negacionismo blando que sostiene su carácter exagerado; en ambas se destila una conspiranoia cuyo trasfondo ideológico a menudo es favorable al neonazismo, al antisemitismo, al (ultra)conservadurismo, al (ultra)derechismo, al islamismo e inclusive al supremacismo étnico-racial.

Las conexiones entre este trasfondo ideológico y el “revisionismo” están a flor de piel, y aunque sus postulados son falsos independientemente de sus dictámenes individuales a nivel político, religioso o étnico-racial, de ahora en adelante es menester tener en mente que el “revisionismo” es una cocina de ideas tóxicas frecuentada por chefs sin tornillos en la cabeza. Los autoproclamados “escépticos” del Holocausto tienen un curioso currículo e historial de barbaridades; mientras Berlusconi está con la corruptela centro-derechista ―y dizque liberal― de Forza Italia, Ahmadineyad está afiliado con los conservadores de la derecha política de Irán. Willis Carto, el cofundador del Institute for Historical Review (i.e., Instituto para la Revisión Histórica, IHR en inglés), aparece en el 2005 como una de las figuras más despreciadas por la Anti-Defamation League (i.e., Liga Anti-Difamación, ADL en inglés) debido a su pensamiento antisemita, ultraderechista, racista, negacionista y conspiracionista antigubernamental.

David Irving (Waterhouse, 1992), quien cree que sólo fueron asesinados unos pocos centenares de judíos, no sólo consideró que el búnker de Hitler era para él un “santuario” sino que ha estado metido hasta el fondo en escándalos que van desde su ficticia carrera académica (no, Irving no es historiador. No tiene titulaciones porque nunca se graduó. Incluso él reprobó historia en la escuela) hasta su sospechosa cercanía al British National Party (i.e., Partido Nacional Británico, BNP en inglés) a raíz de haber sido invitado junto a Nick Griffin a una de sus charlas en la Oxford Union Society (British Broadcasting Corporation, 27 de noviembre del 2007). Aunque Irving no es un ultraderechista declarado, él mantiene vivos sus vínculos con partidarios del fascismo, como los del BNP. Varios de los cofrades de Irving, como Robert Faurisson, han asistido en el 2006 a una conferencia “revisionista” realizada en Irán durante el gobierno de Ahmadineyad; para Faurisson, por ejemplo, el Holocausto es “un mito creado para justificar la ocupación de Palestina” (Fathi, 2006). Otro colega de Irving y Faurisson, Ernst Zündel (2011), se exhibe en su página web como un antisemita empedernido.

Igualmente, Roger Garaudy tiene afirmaciones “revisionistas” como la de sus camaradas aunque él es musulmán y marxista; Garaudy, según The Middle East Media Research Institute (2006) recibió el espaldarazo moral de Hassan Nasrallah, el líder de Hezbolá. Por si esto no bastara, Hamas califica el Holocausto como “una mentira inventada por los sionistas” que no debe enseñarse en las escuelas (Al-Mughrabi, 2009). De hecho, Fawzi Barhoum, uno de sus voceros, sostuvo que el genocidio de los nazis es “una mentira falsa y patente” (Toameh, 2012); una afirmación también secundada por Radio Islam, cuyo archivo del “revisionismo” da su respaldo a Garaudy, Faurisson, Irving y Zündel, entre otros. Mahmud Abbas, por su parte, inicialmente había tenido en 1984 un negacionismo blando en su libro The Other Side: The Secret Relationship Between Nazism and Zionism, pero años después admitió que lo había escrito guiado por el calor de su enemistad con Israel (Myre, 2003); además, Abbas (Casey, 2014) se solidarizó con las víctimas y sus familiares del genocidio que vituperó enérgicamente, aunque hay quienes encuentran razones para pensar que Abbas dijo eso de la boca para afuera.

Si se recapitula la exposición precedente para atar los cabos sueltos se sabrá por qué las corrientes neonazis, antisemitas, (ultra)conservadoras, (ultra)derechistas, islamistas y supremacistas étnico-raciales están afiliadas al “revisionismo” del Holocausto y las motivaciones reales de sus argumentos. El secreto que circunda el meollo de este asunto se puede develar si tomamos en cuenta que la simpatía más particular a estas teorías no se halla en Europa ni en Norteamérica sino en varios lugares clave de Medio Oriente donde hay una clarísima aversión hacia el judaísmo, a Israel y al sionismo. Irán, Siria y sobre todo Palestina han usado el negacionismo del Holocausto para avivar el nacionalismo árabe-musulmán mediante la deslegitimación de los cimientos históricos de Israel, por lo cual su “escepticismo” obedece a sus necesidades ideológicas. En el Occidente septentrional, los mitos del Tercer Reich quieren santificar el régimen de Hitler para devolverle su antigua gloria oprobiosa, pero como allí esto no se puede hacer sin ir a la cárcel se ha optado por colar estos engaños en regiones del planeta donde sus actividades fluyen con menos cortapisas, como en Latinoamérica, Grecia y Sudáfrica.

3. Hitler à la carte

Bandera del Partido Nuevo Triunfo (PNT).

Bandera del Partido Nuevo Triunfo (PNT).

La edición en español de Mein Kampf ━i.e. Mi Lucha━ le rinde tributo a los “59 mártires Nacionalsocialistas chilenos caídos por la Patria el 5 de Septiembre de 1938 en Santiago de Chile” con una cita de Francisco Maldonado Chávez, quien pereció en la Matanza del Seguro Obrero junto con sus camaradas (Hitler, 1925, pp. 4-5) que eran militantes del extinto Movimiento Nacional-Socialista de Chile (MNS). De aquellos cincuenta y nueve hombres, la gran mayoría es de onomástica castellana con una cantidad minimal de apellidos no hispanohablantes, de los cuales apenas cuatro son germánicos ━Schwarzenberg, Klotzche, Dietrich y Holzapfel━. Ninguno de ellos, y muy probablemente ni siquiera ninguno de quienes derraman lágrimas por su fatídica partida, alzó su voz para adorar a Alemania porque los vítores se los dio a Chile.

En Argentina la experiencia fue similar en el Partido Nuevo Triunfo (PNT) que en el 2009 se le negó la personería jurídico-política porque su programa de gobierno, además de tener un discurso abiertamente discriminatorio, utilizó símbolos que indiscutiblemente han sido émulos de los pertenecientes al partido nacionalsocialista (Centro de Información Judicial, 2009); Alejandro Biondini, su cabecilla, lideró al PNT hasta su disolución para después comandar Bandera Vecinal (BV), un partido nacionalista cuya faceta seudosocialista encierra, como en una caja de Pandora, su todavía latente neonazismo. Biondini, otrora conductor y director de la emisora radial Alerta Nacional, tuvo entre sus representantes a su paisano Walter Romero, quien en su propia biografía en la Metapedia en español ━la cual es como la Wikipedia, pero fascista y administrada por el mismo Romero━ dice haberle hecho en 1989 un homenaje a Hitler. Según Romero, Biondini lo ayudó a republicar su revista “revisionista” Historia NR.

Yendo más al Norte, Colombia es un país flanqueado no sólo por los guerrilleros de las FARC y del ELN, sino también por Tercera Fuerza (TF). Aunque TF dice no estar en la izquierda ni en la derecha, este colectivo neonazi habla de construir “nuestro socialismo”, de la inexistencia del Holocausto, de la “estirpe guerrera”, de la “conciencia racial”, de su antisemitismo, de su camaradería con los sirios pro-Bashar al-Asad y de los aplausos dados por Gustavo Rojas Pinilla ━sí, el mismo que en 1953 se instaló en la silla presidencial mediante un golpe de Estado contra Laureano Gómez Castro, instaurando así su dictadura hasta 1957━ a su movimiento. La sección “Libros y Archivos” de TF, como se ve en su página web, tiene en su inventario títulos como la Biblia, Mi Lucha, el Necronomicón de Lovecraft, las Centurias de Nostradamus e incluso el Corán; las dizque investigaciones de TF, aparte de estar mal estructuradas, están mal escritas y ni siquiera hay rigurosidad con las referencias, cuando las hay.

Bandera del Movimiento Nacional Socialista Despierta Perú (MNSDP).

Bandera del Movimiento Nacional Socialista Despierta Perú (MNSDP).

A diferencia de los neonazis chilenos, argentinos y colombianos, los neonazis de Bolivia, Brasil, Ecuador, México, Uruguay y Venezuela carecen de una organización compacta, por lo cual sus partidos han tenido una vida muy corta; ahí sus actividades políticas son casi nulas hasta en sus portales de Internet, o lo que queda de ellos. En los Andes sudamericanos opera en Perú el Movimiento Nacional Socialista Despierta Perú (MNSDP), mientras que en Costa Rica está, entre diversas organizaciones neonazis afines, la Sociedad Costa Rica de la Lanza Hiperbórea (SCRLH). En Paraguay fue eliminada la web Paraguay NS, mas no las ocurrencias de Dardo Castelluccio, un neonazi antisemita “revisionista” que celebra el cumpleaños de Hitler y ama la dictadura de Alfredo Stroessner en su perfil de Facebook. No hay registros de focos neonazis relevantes en otras latitudes de Centroamérica y el Caribe.

Lo que junta a los neonazis latinoamericanos es la xenofobia y, sobre todo, el antisemitismo. Lo que los distancia, empero, es la falta de homogeneidad en su pensamiento, pues hay quienes creen en el nacionalsocialismo clásico de la Alemania hitleriana con sus monsergas de la supremacía de la raza aria heterosexual, con las cabezas rapadas, en contraposición a sectores neofascistas que cuestionan el blanqueamiento de la América Española, aceptando entonces el rol del mestizaje, de la homosexualidad y del pelo ―aunque quizás con cortes de cabello a la usanza alemana― en el nazismo. Hay neonazis latinos que no son “revisionistas”, pero aquellos que lo son abrazan el negacionismo del Holocausto, sea el duro o el blando, con los mismos argumentos de Berlusconi, Ahmadineyad, Carto, Irving, Faurisson, Zündel, Garaudy, Hamas, Hezbolá y Abbas.

Por tanto, y considerando que ningún latino es “ario”, los neonazis hispanoamericanos están unidos por criterios más políticos que raciales, centrados en modelos nacionalistas locales que se repudian entre sí, pues los argentinos no toleran a los chilenos, ni los chilenos a los peruanos, ni los peruanos a los colombianos, y así sucesivamente. El neonazismo del Nuevo Mundo, de esta manera, no es una doctrina centralizada sino un conjunto de ideas cismáticas desperdigadas hechas a la medida de quien las acoge, por lo que los fans latinoamericanos del Führer han hecho adaptaciones de su cosmovisión a sus entornos regionales; la prueba más visible de la piratería de la Weltanschauung de Hitler se puede observar en su simbología, a través de la cual sus elementos migran y se modifican para caber dentro de los íconos de sus organizaciones. TF escribe en español pero usa las letras del alfabeto rúnico Tiwaz (ᛏ) y Fehu2 (ᚠ) para sus siglas, el MNSDP tiene la bandera peruana del prócer José de San Martín con la runa Odal (ᛟ) y el PNT tiene el “siete de San Cayetano”3 en su estandarte.

Bandera de Amanecer Dorado (AD).

Bandera de Amanecer Dorado (AD).

No obstante, no hace falta vivir en la América Meridional para contemplar esta metamorfosis ideológica; en Europa los neonazis griegos de Amanecer Dorado (AD) usan el meandro en vez de la esvástica, mientras que en Sudáfrica el triskelion está en la bandera del Afrikaner Weerstandsbeweging (i.e., Movimiento de Resistencia Afrikáner, AWB en afrikaans). Ahora bien, AD y el AWB no tienen una militancia tan pasiva como el PNT, TF, el MNSDP y la SCRLH, que se limitan a la adulación del Führer sin mayores actuaciones de relevancia en la política (las cuales de paso son fuertemente contrarrestadas por los sectores de la izquierda), sino que su papel es más activo, extremista, violento y explícito, sin miedo ni vergüenza de decir lo que piensan. Entre los delitos de AD, por ejemplo, está el archiconocido asesinato del rapero antifascista Pavlos Fyssas; el AWB, en su página web, tiene una galería fotográfica en la que sus miembros hacen el saludo fascista y entrenan con armas de fuego. Para remate, el AWB es pro-apartheid.

La historia oscura de los neonazis latinoamericanos, europeos y sudafricanos se contará con detenimiento en uno de los próximos capítulos, en el cual se trazarán las líneas genealógicas de sus ideologías que evolucionaron desde el Período de Entreguerras. Lo descrito aquí es sólo un recuento sucinto de sus últimos sobrevivientes, quienes alrededor de la geografía terrestre  no tienen un consenso real en su estructura ideológica; por tanto, las facciones del neonazismo no están unificadas sino en aspectos puntuales del fascismo hitleriano como el supremacismo y el nacionalismo, aparte de la simbología germanófila con sus variantes. Sin un líder de la talla del Führer, el neonazismo no ha tenido otro remedio salvo el de aislar sus células que se han reagrupado en nuevos cuerpos para infectarlos, pero esta vez con un perfil bajo, en silencio y hasta en el anonimato.

4. De perseguidores a ¿perseguidos?

Logo del Nationaldemokratische Partei Deutschlands (NPD).

Logo del Nationaldemokratische Partei Deutschlands (NPD).

En una entrevista con la Deutsche Welle en el 2013, el político Sebastian Edathy habló de la Nationalsozialistischer Untergrund (i.e., Clandestinidad Nacionalsocialista, NSU en alemán) como una organización problemática cuya peligrosidad ha sido menospreciada por los entes gubernamentales de seguridad, los cuales han procedido con irregularidades a la hora de impartir justicia en relación a una serie de asesinatos atribuidos a este grupo terrorista que no se dio a conocer sino hasta en noviembre del 2011. Además de las deficiencias administrativas judiciales que aún deben subsanarse, Edathy dijo que un colectivo como la NSU no puede ocultarse en Alemania por tiempo prolongado “sin el apoyo de una red logística” (min. 9:44) que involucra la participación de mucha gente. Como señaló Edathy, el neonazismo germánico tiene en sus filas “algunos miles” de acólitos de los cuales más de uno tiene tendencias militantes agresivas con proclividad a transgredir la ley, por lo que Edathy sentencia que esto “es algo que hay que tomar muy, muy en serio” (mins. 10:18-10:42).

A partir de las declaraciones de Edathy se puede inferir que la NSU está organizada, posee enlaces con simpatizantes de la ultraderecha y sus delitos tienen, obviamente, autores materiales e intelectuales; uno de ellos ya ha sido puesto bajo la lupa de la Generalbundesanwalt (i.e., Fiscalía General Federal de la República) en el 2011 por asociación para delinquir en actos de terrorismo xenofóbico orientado al homicidio de extranjeros. Por supuesto, los miembros de la NSU no son los únicos que han usado la fuerza para hacer valer sus ideas pues en el conflicto del Este de Ucrania, a razón de la disputa territorial de Crimea, los neonazis han emergido de sus escondrijos para combatir a los separatistas prorusos (Eichhofer, 2014) apadrinados por Vladimir Putin quien años antes, en la apertura del desfile militar con motivo del sexagésimo séptimo aniversario de la “Gran Victoria”, dijo que el nazismo fue “una fuerza terrible y cínica” que “se hizo insolente en la cara del mundo entero”, y que sus “bárbaros” idearon “la destrucción de todas las naciones”4 (Putin, 2012, mins. 16:38-17:04) con una guerra de dimensiones colosales a la cual Putin exhortó a su prevención (min. 17:30). Pese al tono hiperbólico de su discurso, y pese a que Rusia tiene su rabo de paja, Putin, en líneas generales, tiene toda la razón.

El revuelo ocasionado por el neofascismo alemán, por tanto, se puede observar de dos formas: uno como una amenaza directa en la que claramente se predica y se practica la violencia, y dos como una amenaza indirecta en la que los mensajes verbales contienen loas al segregacionismo hitleriano, tal como ocurrió con las consignas antisemitas pronunciadas por algunos militares de la Bundeswehr (Gebauer y Schindler, 2013). En efecto, la apología al nazismo, a sus símbolos y al “revisionismo” del Holocausto está prohibido por el Código Penal de Alemania (Strafgesetzbuch, secciones 86, 86a y 130), aunque eso no quiere decir que se proscriben los partidos de ultraderecha como la Deutsche Volksunion (i.e., Unión del Pueblo Alemán, DVU en alemán) y el Nationaldemokratische Partei Deutschlands (i.e., Partido Nacionaldemócrata de Alemania, NPD en alemán). Irónicamente, la DVU y el NPD son los vestigios desvencijados de un Tercer Reich que no toleraba las agrupaciones políticas salvo la suya; es decir, la DVU y el NPD son el reflejo de cómo el nacionalsocialismo pasó de mandar el navío germánico como su capitán a obedecer como uno de sus marineros. Para más inri, la DVU desapareció al fusionarse con el NPD, mientras que el NPD va hacia su posible extinción en medio de pugnas internas, acusaciones legales, una creciente impopularidad y un prestigio manchado por sus lazos con los neonazis de la NSU (Riekmann, 2013; Niedermayer, 2012).

Al analizar este panorama, los neonazis en Alemania eran los cazadores que hoy son cazados; cuando el Tercer Reich tuvo el poder en sus manos devoró a sus presas y diseminó ideas que actualmente son execradas junto a sus ideólogos. Sería contraproducente, desde luego, pagarle al nazismo con la misma moneda tanto como lo sería dejarlo galopar sin riendas con sus preceptos cargados de irracionalidad y fanatismo; sus promotores, quienes se quejan de haber sido pisoteados por el sistema o por los académicos que no piensan como ellos, saben que el NPD negocia por debajo de la mesa con la NSU mientras ansía más escaños en el Bundestag y que los “revisionistas”, como Zündel y Garaudy, hacen llamados antisemitas a la Intifada mientras se hacen los mártires de la historiografía.

El neonazismo es una minoría que quiere salvaguardarse a sí misma al mismo tiempo que profesa un tejido ideológico diseñado para discriminar a las demás minorías. El neonazismo es, de esta manera, un movimiento con doble agenda política en la cual sujeta con una mano la paloma mientras que con la otra sujeta la espada, por lo cual la beligerancia del fascismo hitleriano no ha sido abandonada sino que ha replanteado sus estrategias de acción para camuflarla con seudopacifismo y ponerla en práctica cuando se le presente la ocasión. El neonazismo siente aún la necesidad de la revancha, de recuperar lo perdido y de ajustar cuentas con la historia, aunque se resignará a no levantarse de su caída en la medida que el globo entero tenga en mente que para el gobierno más déspota habido en Alemania no habrá ni perdón, ni olvido, ni redención.

5. Una esvástica, mil falacias

El

El “nazionismo”, según una imagen de la web de izquierdas Trinchera Creativa.

El nazismo es un cadáver que, a semejanza del Héctor vencido por Aquiles en la Ilíada, ha sido arrastrado en el suelo por el carro de batalla del vencedor sin derecho al funeral; es un alma en pena que embruja con tonterías lo que debería ser expuesto racionalmente. El nazismo es, dialécticamente, un cuerpo fenecido insepulto cuya carne en descomposición es manjar de aves carroñeras que, para argumentar en pro o en contra de algo, cumplen con la Ley de Godwin y caen en las arenas movedizas de la falacia Ad Hitlerum. A decir verdad, la mayoría de las veces que alguien emplea al Führer como asidero argumentativo termina, sin proponérselo, incurriendo en Ad Hitlerum con absurdas contradicciones muy peculiares.

Los casos más representativos de estos dislates se han puesto de manifiesto en varias oportunidades con pocos esfuerzos para ser rebatidos, como lo es el de Joseph Ratzinger quien durante su pontificado como Benedicto XVI comparó el ateísmo con el nazismo (Ratzinger, 2010) a sabiendas que Hitler no toleraba la irreligiosidad (en un capítulo posterior se analizará la relación entre el fascismo alemán, la iglesia y el teísmo). En efecto, es habitual que la izquierda reaccionaria use los términos “nazi” o “fascista” como vocablos peyorativos, desconociendo adrede su significado real, como las campañas animalistas veganas que equiparan el consumo de carne con el Holocausto sin enterarse que el Tercer Reich implementaba medidas políticas de protección zoológica mientras consideraba que la vida de un judío valía menos que la de una vaca. Adicionalmente, sitios de Internet como Web Islam banalizan el genocidio de los nazis, aunque no escatiman artículos para entrar en un llanto lastimero en el cual los musulmanes, y no los judíos, son los auténticos receptores de una agresión que quiere erradicar a su pueblo.

En otras palabras, para Web Islam el Holocausto genuino está en la Franja de Gaza, no en Auschwitz; de hecho, un artículo de Ghali Hassan publicado en Web Islam ha disertado en cómo el Holocausto no puede encasillarse en la masacre de los judíos porque esa es también la de los musulmanes (Hassan, 2006), por lo que el Holocausto no sería ya el máximo estado del antisemitismo sino que es la manifestación suprema de la islamofobia, especialmente en la bienamada Palestina. En este sentido, y al igual que lo sostenido por muchos antisionistas, el post de Hassan en Web Islam reinterpreta el Holocausto con el objeto de sensibilizarnos con los caídos árabes en Medio Oriente a manos de los israelíes, cuyas pretensiones geopolíticas se valen de medios tan antiéticos como los de los nazis.

La redefinición del Holocausto ―del Holocausto como palabra, no como el hecho histórico en sí mismo, mucho ojo con esto― es una propuesta que se oye interesante porque partiendo de lo dicho por Hassan se nos recuerda que este suceso está ligado a más de una época, lugar o grupo humano, por lo cual el Holocausto no sería exclusivamente la matanza de judíos durante la Segunda Guerra Mundial sino que consistiría en el exterminio masivo, sistemático y planificado de cualquier comunidad. Desde este punto de vista, si el Holocausto describe lo que hacen los israelíes con los palestinos, entonces describe a su vez lo que el Estado Islámico iraquí hace en su yihad con las minorías étnicas y religiosas. En la visión amplia del Holocausto, repensada según esta sugerencia, la atmósfera del terror hitleriano es ubicua, intemporal, y hace que cualquier crueldad genocida se iguale a la de los nazis aunque tenga que escribirse en minúsculas por protocolos ortográficos.5

Sin embargo, el Holocausto es un concepto histórico que no es aconsejable rehacer porque podemos quedar atrapados en el laberinto del Ad Hitlerum, ya que este trágico suceso tiene ese nombre para señalar precisamente el deceso de millones de judíos por causa de las políticas del Führer, no el de los camboyanos por causa de los jemeres rojos de Pol Pot; es decir, el Holocausto, con “h” mayúscula, es un término usado para distinguir la masacre de los nacionalsocialistas de las perpetradas por otras civilizaciones, culturas y países. El Holocausto, escrito en singular, no le resta importancia a las atrocidades que acontecen en el mundo moderno sino que nos ahorran superfluos malabares teórico-lingüístico-semánticos, así como también disparatados parangones sin ton ni son que no se deberían utilizar aunque suenen fabulosos o nos parezcan convenientes.

Deborah Madsen, por ejemplo, se hace eco del dictamen de John Carlos Rowe, para quien la eliminación de los indígenas en el Destino Manifiesto de los Estados Unidos es equiparable al Holocausto (Madsen, 2010, p. 378), como si el expansionismo estadounidense hubiera adoptado en el siglo XIX las ideas fascistas que no aparecieron sino hasta en el Período de Entreguerras. Aunque peca de anacrónica y descaradamente falsa, la analogía de Madsen-Rowe es lo bastante congruente como para convencer al lector inexperto que el nacionalismo norteamericano se ha construido con la “Guerra relámpago” germánica; el lector cauto, empero, sabe que las semejanzas minimales de la historia y la filosofía política tanto de los Estados Unidos como de Alemania no justifican esta comparación, la cual de ser válida se podría calcar a los romanos, macedonios, persas, sarracenos, mongoles, aztecas y un largo etcétera de pueblos que conquistaron a sus rivales a sangre y fuego.

Según lo discutido anteriormente, el vocabulario alusivo al nazismo ━e.g., Blitzkrieg, “cuestión judía”, “espacio vital”, Holocausto━ trasciende sus contextos para etiquetar etapas y aspectos de la historia que no se enmarcan en la Alemania de Hitler a través de asociaciones con países, ideologías o conductas cuya moral es puesta en duda. Lamentablemente, esta relación de equivalencia con los nazis casi siempre es errónea porque se pretende hacer del fascismo hitleriano un ícono de la maldad reflejada en nuestros adversarios; es decir, que el nazismo se ha hecho universal porque mediante el argumento facilón del Ad Hitlerum ha servido para envilecer en grado supremo a los demás: ateos, capitalistas, omnívoros, israelíes, estadounidenses et al. La “nazificación” es, así, la demonización a ultranza de aquello que ya es (o creemos que es) antiético y que por ello es algo a lo cual deberíamos oponer resistencia, aunque la única excepción a esta norma está en la cultura popular cuando los futbolistas de la selección alemana, die Mannschaft, reciben el apodo de Panzers. El orgullo por el Führer es un balón pateado en la cancha.

Conclusión

Ha sido casi nulo el impacto que ha tenido el nazismo en la última década del siglo XX y en la primera del siglo XXI porque sus partidos políticos han sido los personajes secundarios y hasta los extras del reparto cinematográfico de la película de la historia en la que han hecho acto de presencia. Cuando el nazismo ha sido protagonista ha debido compartir su puesto de primacía parlamentaria ante la impotencia de saber que su pensamiento no tiene ni voz ni voto en las decisiones que han sacudido a las naciones del mundo durante veinte años de cambios. Las exigencias de la sociedad moderna, con miras a tener una humanidad plural que no puede darse el lujo de tropezar dos veces con la misma piedra, han hecho que nuestros sistemas de valores sean tierras cuyas propiedades permitan el crecimiento de la libertad, por lo cual el fascismo alemán ha padecido una marginación que va in crescendo al no poder encajar con esos estándares éticos.

El panorama de la decadencia del nazismo para nada significa que éste desaparecerá definitivamente a corto plazo sino que estará en su enésimo período de crisis tras el cual no podrá revitalizarse sin caer nuevamente en desgracia, dando patadas de ahogado, pues en el parchís de la política los partidos tradicionales de izquierda y de derecha alcanzan la meta a toda velocidad con la suerte en los dados mientras las organizaciones neonazis avanzan a razón de una casilla por turno siempre y cuando sus fichas salgan de la casa y no sean capturadas por las de sus contrincantes. Aunque los partidos neonazis han ido a la zaga, su poder para reclutar militantes todavía es fuerte porque la esencia de su persuasión está en la dura crítica a los defectos del bipartidismo que quieren fundir mediante arengas en las cuales la forma más idónea de solucionar este problema es restituyendo el modelo nacionalista de la Alemania de antaño. Esta oferta, seductora para quienes creen que en el pasado se vivía mejor, es un motivo para no subestimar al neonazismo porque su discurso mesiánico, por soso que suene, puede comprometer el futuro de modos insospechados; el NPD es el vivo testimonio de cómo se usa la diplomacia para apuñalarla a traición.

De esta manera, confiar en la política honesta de los neonazis es como confiar en la seriedad académica de los “revisionistas”, cuyas contribuciones reales a la investigación vinculada a la Alemania de la Segunda Guerra Mundial brillan por su ausencia. Más epistemológico-filosófica que científica, la argumentación del “revisionismo”  antepone la ideología de sus aguerridos defensores al peso de los hechos, por lo cual no se analizan minuciosamente las evidencias sino que se dan interpretaciones enmarcadas en los panfletos antisemitas de los “revisionistas” occidentales y de los antiisraelíes en los orientales. Entre neonazis, ultraderechistas, ultraconservadores, neofascistas e islamistas hay un extraño vínculo en el cual florecen los mitos hagiográficos del Tercer Reich y la seudohistoriografía que los cimenta abanderada por el aquelarre de negacionistas del Holocausto.

Fuera de lo ya explorado en el nazismo como amenaza latente a la estabilidad de la democracia y como blanco de teorizaciones seudocientíficas, tenemos adicionalmente que la piratería del nacionalsocialismo no solamente es la promoción del fascismo alemán en lugares como Latinoamérica, Grecia y Sudáfrica, donde sus preceptos entablan un sincretismo endógeno con las doctrinas totalitarias oriundas de estos países al sacrificar toda fidelidad por el pensamiento genuino del Führer, sino que esta piratería también es la utilización de la Weltanschauung hitleriana para tildar de nazi aquello que no lo es. Por ello es que la exportación del nazismo se ha hecho con tergiversaciones que han convertido a esta cosmovisión política en una pantomima ideológica y en una falacia destinada a la caricaturización del oponente sin dirigirse nunca a sus afirmaciones.

A la postre, el nazismo aún es objeto de análisis y epicentro de controversias porque su huella en la historia occidental ha pasado a ser la de la historia universal; una huella portadora de inquietudes que nos conmueven aún cuando se sabe mucho de este paradigma político. El ideario de Hitler ha sido desde su génesis un movimiento telúrico cuyas réplicas han tenido localizaciones e intensidades variadas, con placas tectónicas que no se han desplazado sin acarrear consecuencias caóticas, por lo cual el Führer ha sido un jefe de Estado examinado de sobra junto a su visión germanista y al nacionalsocialismo en su conjunto, razón por la cual las lagunas de conocimiento en su vida, obra e influencia no son las vociferadas por los “revisionistas”. Por consiguiente, sobre el nazismo hay más certezas que dudas y más riesgos que beneficios si lo tomamos como una alternativa política.

Notas

1 La traducción que leen en las citas textuales de Ahmadineyad (2007) se guía por la traducción del árabe al inglés hecha por el intérprete del exmandatario iraní.

2 Fehu (ᚠ) no tuvo una escritura con los “dientes” hacia abajo sino hasta las runas dalecarlianas, entre los siglos XVI y XIX, periodo en el cual Tiwaz (ᛏ) tuvo una grafía similar ━que no igual━ a la “t” latina. La grafía de Tiwaz con la punta de flecha hacia arriba está en el Futhark antiguo, pero ya no en las runas medievales y mucho menos en las dalecarlianas. Por lo que parece, o TF no conoce bien el alfabeto rúnico, o lo sabe pero lo ha adulterado para tener coherencia en el diseño de su bandera.

3 En el enlace del Centro de Información Judicial (2009) hay un documento oficial de la Procuración General de la Nación en el que se habla del empleo del “siete de San Cayetano” por parte del PNT (2009, marzo 17, p. 3). Como dato curioso, San Cayetano de Thiene fue un clérigo italiano que murió el 7 de agosto de 1547; se le considera el patrono de los trabajadores.

4 De Putin (2012) se tradujo el subtítulo en inglés del video que a su vez es una traducción del ruso.

5 El Diccionario de la Real Academia Española (22ª ed.) tiene dos acepciones pertinentes de holocausto: a)“gran matanza de seres humanos”, y b)“entre los israelitas especialmente, sacrificio en que se quemaba toda la víctima”. El Oxford Advanced Learner’s Dictionary (8ª ed.) define holocausto, aparte del asesinato de judíos en las décadas de 1930-1940 (aquí se usa la “h” mayúscula inicial), como “una situación en la cual se destruyen muchas cosas y se mata mucha gente, especialmente por causa de una guerra o del fuego”.

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4 comentarios en “Desarmando el nazismo. Capítulo 1 – Cicatrices

  1. Saludos Yilmer gran parte de lo escrito me parece razonable, solo que no se por que le pones al Blog ese nombre de “Sabiduría Herética”, cuando todo lo esbozado en el es prácticamente la misma argumentación del establishment generado desde la 2a guerra mundial, no se ve ningún tipo de contravia en lo que aquí has esbozado, me temo que la filosofía misma lleva a entronizar la duda como fundamento del trabajo científico. Por lo tanto, tampoco veo un real asidero (opinión también como es la tuya) en la forma como has conceptualizado la critica contra el revisionismo… hace falta necesariamente mas elucubración y profundidad en lo que has investigado. Un abrazo desde Bogota. colombia

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    • A ver, a ver, a ver, Carlos… agradezco su comentario, no su falta de juicio.

      Lo que usted me plantea es que soy un hipócrita que escribo una cosa cuando el título de mi blog dice otra, cosa falsa de narices.

      Ser “herético” no es contradecir el sistema con estupideces conspiranoicas ni revisionistas. Eso no es escepticismo, ni nada que se le parezca, es simple desconfianza de lo que ya existe en base a dudas que aunque puedan ser razonables no están cimentadas en la evidencia.

      Ser escéptico no es darle crédito a lo que han sostenido por años los neonazis sólo porque los “aliados” ganaron la guerra porque eso es llevar la contraria a lo que incluso se demostró en el primer lustro de la década de 1940. O sea, que los “revisionistas” han perdido este debate mucho antes de que comenzara.

      Ser crítico con las ideas no es hacerle caso a lo que han dicho apologistas del racismo y del islam, cuyas agendas de pensamiento son tan descaradas que claramente tienen segundas intenciones con la divulgación de esas tonterías pseudohistóricas. Y lo peor es que hacen esto a sabiendas que los mismos nazis confesaron sus crímenes, si a eso le añadimos que el mismo fascismo hitleriano (y también el italiano) tenía entre sus componentes ideológicos el del exterminio físico y la persecución de los “inferiores”.

      Hubo escritores e intelectuales que llegaron a apoyar estas barbaridades, como Ezra Pound y Alfred Rosenberg. Hay aún partidos políticos, especialmente de extrema derecha, que militan con este tipo de pensamientos. Y usted, que es colombiano, sabe mejor que nadie que Tercera Fuerza busca la restauración de la dictadura de Pinilla según los planteamientos del fascismo alemán.

      ¿Y me viene usted a decir que todo esto es fruto del establishment posbélico de quienes ganaron la II Guerra Mundial? No me joda.

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  2. No se por qué al leer esto:

    “….el post de Hassan en Web Islam reinterpreta el Holocausto con el objeto de sensibilizarnos con los caídos árabes en Medio Oriente a manos de los israelíes, cuyas pretensiones geopolíticas se valen de medios tan antiéticos como los de los nazis.”

    Entro a recordar a los “mamertos colombianos” pro-Palestina y a preguntarme si su mamertismo les permite ver más allá de la nariz, o solo se dedica(ban) a apoyar ciegamente todo lo que les suene contrario a su ideológico enemigo. Supongo que simplemente por llevar la contraria no se dan cuenta a que clase de ideas se alinean a defender.

    ¿Que opinas Ylmer? :)

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    • Hola Carlos, gracias por comentar. La situación que me dices de los mamertos colombianos es tal como me la describes; que ansiosos de combatir el imperialismo se traban alianzas con lo que sea, incluso si eso significa apoyar a quienes irónicamente eran bienvenidos por el nazismo.

      Pero conste que eso no es solamente en los mamertos colombianos. Hace un tiempo le daba una paliza verbal a una chavista que no paraba de adular a Palestina y de decir que se pudrieran los gringos y los israelíes, pero se quedó boquiabierta cuando le dije que varios dirigentes de la Intifada palestina son antisemitas y amigos de los neonazis alemanes. Ella ni siquiera sabía que muchos neonazis europeos respaldan a Palestina y que el negacionismo del Holocausto es muy bien recibido en Irán. No tuvo de otra salvo salir con evasivas.

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